FICHA

Título originalOsmosis
Título en España: Osmosis
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 40-42 minutos.
Año: 2019
Temática: ciencia ficción
Subgénero: trans-humanismo
Resumen: Un equipo científico ha creado un implante y un software que permiten encontrar al alma gemela con una garantía de éxito del 100%. Sin embargo, el proyecto se encuentra con dificultades en el momento en el que se pone a prueba: por un lado falta el capital inicial para proseguir el proyecto, por otro los movimientos de resistencia anti-tecnológica consiguen infiltrar a una miembro para que participe en el proyecto y, finalmente, todo esto tiene como contrapartida el que le empresa tiene completo control sobre los pensamientos, son sentimientos y los secretos del sujeto
Actores: Hugo Becker, Agathe Bonitzer, Stephane Pitti, Gäel Kalimindi, Suzanne Rault-Balet, Luna Silva, Manuoel Dupont, Yuming Herm Lena Laprès, Philypa Proenix, Lionel Lingelser, Fabien Ducommun, Waly Dia, Aurélia Petit,
Lo mejor: la advertencia de los peligros de la tecnología.
Lo peor: corre bajo la estela de Black Mirror sin aportar nada nuevo.
Lo más curioso
:
¿Cómo verlo?: La serie se ha estrenado el 29 de marzo de 2019 en Netflix y se puede encontrar en eMule.

Puntuación: 7

PROMO (en francés, subtitulado en inglés)

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Lo menos que puede decirse sobre OSMOSIS

¿Quién no ha soñado con encontrar un alma gemela que encaje al 100% con nosotros? ¿Puede pensarse que este ser pasará por debajo de nuestra ventana y lo conoceremos? A fin de cuentas buscar entre 5.000 millones de personas es como buscar una aguja en un pajar ¿No resulta mucho más lógico pensar que está en algún lugar del mundo y que jamás tendremos la oportunidad de conocerlo? Así pues, si alguien te ofrece la posibilidad de un “invento” para poder encontrarlo, se habrán acabado las búsquedas inútiles, las decepciones superpuestas a decepciones, las rupturas y los conflictos… Estos razonamientos no son de ahora, son de los años 60 cuando aparecieron por primera vez las agencias matrimoniales. Lo que han cambiado son las técnicas: un simple fichero escrito a máquina de hombres y mujeres que buscaban pareja, inicialmente, un programa en el viejo Basic en un ordenador de pocos bytes, luego un software más sofisticado y, finalmente, en Osmosis, un juego de implantes y software que lo pueden todo. El cliente (o el cobaya) se toma la pildorilla y asunto resuelto… Tal es, groso modo, la temática de Osmosis.

Un grupo de investigadores, con dos hermanos, “Esther” y “Paul” al frente, está buscando la fórmula para que cada ser humano pueda encontrar a su “alma gemela”. Al parece, el flechazo es pernicioso, conocer de manera fortuita a alguien puede resultar arriesgado, el ligue es un artículo en vías de extinción, el gran negocio de futuro, la agencial mundial del amor globalizado, será el gran negocio del siglo XXI. No es raro que el proyecto “Ósmosis” esté financiado con un fondo de inversión a la búsqueda de buenos beneficios. Todo está preparado para hacer las pruebas, una muestra multiétnica y multicultural de voluntarios tomará la pastilla. Nos encontramos en un París futuro (quizás a 10 años vista como máximo) y el equipo técnico no está completamente preparado cuando reciben la noticia de que el fondo de inversión quiere sustituir a “Paul” al frente del proyecto. Los dos hermanos y sus asistentes, deciden seguir adelante y buscar otras fuentes de financiación, pero les es urgente adelantar las pruebas con humanos y, efectivamente, un grupo media docena de jóvenes se someten a ellas voluntariamente. Todo parece funcionar bien en los primeros momentos y se ven orientados en la búsqueda del ser complementario para ellos, pero a partir de aquí empezarán las dificultades reales. Por otra parte, los movimientos de resistencia anti-tecnológica han conseguido infiltrar a uno de sus miembros entre los voluntarios. A esto se une el que los dos hermanos que dirigen el proyecto están atravesando un mal momento personal a causa de su madre en grave estado de salud. Pero las mayores dificultades son técnicas, porque el tratamiento genera “efectos colaterales”. Tal es la temática de la serie.

La producción francesa Osmosis, resuelta en 10 episodios, no deja de tener unas similitudes absolutamente coincidentes, también al 100%, con alguno de los episodios de Black Mirror, cuyo tema central es “la tecnología puede ser peligrosa”. Lo que ocurría es que, en la serie británica todo sucede a mayor velocidad y con mayores dosis de variedad y en Osmosis se nos cuenta a lo largo de ocho episodios y con distintas subtramas. Pero, en cualquier caso, no es de originalidad de lo que cabe hablar con esta serie.

El marco “ideológico” que nos describe es el propio de la doctrina trans-humanista (la ciencia resolverá todos los problemas que afectan a la humanidad y convertirá este valle de lágrimas en una fiesta permanente) en un marco multicultural globalizado (aparecen todas las variantes sexuales LGTBI representadas por individuos de todos los grupos étnicos, en un marco en el que han desaparecido reservas, muestras de racismo y restos de identidades culturales). Es un mundo feliz al que el proyecto Ósmosis quiere aportar su grano de arena. La informática, la nube, el software, la nanotecnología, son aceptadas como algo normal, salvo por un pequeño grupo de vándalos que se oponen al progreso utilizando métodos troglodíticos. Pero, por aquello de no mojarse completamente, esta visión del futuro perfecta encierra una imperfección en el propio proyecto Ósmosis. El optimismo habitual entre los trans-humanistas resulta neutralizado por el pesimismo que deriva del humanismo-racionalista propio de la identidad francesa.

Salvo Hugo Becker (al que hemos visto en la muy desternillante A very Secret Service y que en esta ocasión se ha transformado en un sosias de Jamie Dornan, especialmente, de su intervención en The Fall), el resto de actores son poco conocidos (Aurelia Petit, avejentada y que ejerce como madre enferma de los dos hermanos científicos, y Agathe Binitzer, secundaria en una veintena de películas hasta que se le ha ofrecido co-protagonizar esta serie) el resto son completamente desconocidos. No decepcionan, pero tampoco entusiasman, han sido seleccionados por sus rasgos físicos dentro de la media, o incluso, por su “vulgaridad”.

La serie hubiera podido ser más rápida. Quizás si en lugar de una legión multiétnica de voluntarios se hubiera reducido a uno o a dos, hubiera resultado menos dispersa. Hay demasiadas subtramas que permiten alargar la serie pero no aportar nuevas ideas. La parte media de la serie resulta algo cansina.

Los que degustaron Black Mirror se sentirán algo cansados por la longitud de la serie. Decepcionará a los trans-humanistas más optimistas y no llegará al corazón de quienes temen que la ciencia invada aspectos personales e íntimos del ser humano. Quizás los que desconfíen de Google y del motor universal de búsqueda, se encuentren reforzados en sus opiniones, si llegan hasta el final del octavo capítulo.

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