FICHA

Título original Tut (King Tut)
Título en España: Tutankamon
Temporadas: 1 (3 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2015
Temática: drama
Subgénero: Egipto
Resumen: El joven faraón tiene apenas 9 años cuando sube al trono y durante unos años deja gobernar a su brazo derecha (un enigmático conspirador, el visir) y a su general (un individuo brutal), pero, poco a poco, gracias a su amistad con Ka, logra conocer la situación social del país e intenta sobreponerse al criterio que suelen tener todos los personajes de la corte y el mismo pueblo de Egipto: que su soberano es débil. A partir de ese momento, intenta tomar las riendas de la situación.
Actores: Ben Kingsley,  Avan Jogia,  Nonso Anozie,  Sibylla Deen,  Alexander Siddig, Kylie Bunbury,  Peter Gadiot,  Iddo Goldberg,  Alistair Toovey,  Silas Carson, Kaizer Akhtar,  Steve Toussaint,
Lo mejor: Ben Kingsley está por encima de su personaje.
Lo peor: un imperio egipcio irreconocible.
Lo más curioso
: Sus creadores, Edward Kitsis y Adam Horowitz intentaron basar la serie en la vida del faraón egipcio Tutankamón.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Cuatro desde el 21 de enero de 2019. Puede encontrarse en emule.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre TUTANKAMÓN

En series históricas es donde los productores y lo producido se la juegan. No es fácil reconstruir un época remota y el resultado puede ser sublime o ridículo. Hay productos dignos y otros que no lo son tanto. Lo importante para una serie histórica es que el clima creado se corresponda a la realidad y el error habitual es considerar que en hace 3.300 años se pensaba, se actuaba y se creía en las mismas coordenadas que en nuestros días. Y no es así. Los que tenemos cierta edad podemos advertir las diferencias en la forma de pensar que se han producido a lo largo de nuestras vidas. Podemos imaginar esas diferencias en un plazo de 3.300 años. Entender, por ejemplo, las pautas por las que se movía la civilización egipcia resulta completamente incomprensible en la modernidad. El mayor error sería pensar que los ciudadanos de a pie y las élites dirigentes del Egipto pensaban como un votante o un político de hoy. Ni punto de comparación. Este es el grandioso error de esta miniserie en tres entregas que trata de reconstruir, absolutamente sin fundamento, por mucho que la publicidad nos dijera que el producto se había compuesto atendiendo a los “últimos descubrimientos” de la egiptología.

Además de esta, podemos apuntar algunas otras deficiencias de la serie. El general Horenheb aparece como un personaje brutal, despiadado, dado a resolverlo todo a mamporro limpio y movilizando al ejército y, de paso, es encarnado por un actor de color. Incomprensible, porque, Horenheb no era negro, ni tuvo hijos varones. Y en cuanto a colocar a un actor atractivo, de buen ver y en perfecta forma física, para representar al joven faraón, casi parece un chiste: se sabe que el pobre Tutankamón era físicamente débil, seguramente producto de taras degenerativas propias de la casta real egipcia dada a aceptar los matrimonios entre parientes próximos. El que se encontrase en su tumba un número inusual de bastones y medicinas indica que sufría dolencias óseas constantes que le hubieran impedido, desde luego, ser el joven atlético que aparece en la serie, luchando con espada. En el fondo, el Egipto que nos presenta la serie, no es el que van reconstruyendo los egiptólogos trabajosamente, sino el que nos ha presentado Hollywood en esas películas que habitualmente se reponen en Semana Santa (y de las que Los Diez Mandamientos de Cecil B. DeMille, 1956, es el paradigma).

La serie nos muestra el reinado de aquel faraón que, inicialmente, está mediatizado por su visir “Ay” (Ben Kingsley) y por el general Horenheb (Nonso Anonzie). Durante años, estos dos personajes, han impedido al joven faraón que conociera la situación del pueblo egipcio y han gobernado según sus intereses sin tener en cuenta su opinión. Pero, poco a poco, gracias a “Ka”, un amigo, guerrero y cuyo padre murió defendiendo al padre de Tutankamón, va conociendo la situación real del país y comprendiendo el arte de la política. Un buen día decide salir clandestinamente del palacio y mezclarse con el pueblo. El impacto de aquella salida le induce a hacerse cargo de las riendas del poder hasta que, finalmente, será traicionado, después de haber demostrado que no era manipulable ni inseguro.

Si la serie Juego de Tronos no resulta criticable es porque sitúa la trama en un mundo irreal e ilocalizable, tanto en el espacio como en el tiempo. Sin embargo, la visión de un Egipto de cartón piedra y de unos personajes históricos que, efectivamente, existieron, pero que, o bien se sabe poco de ellos o lo que se sabe está sujeto a caución, da como resultado series poco originales desde el punto de vista argumental (el tema del rey que quiere ver directamente al pueblo y que ha sido mediatizado por sus consejeros tiene su origen en la leyenda de Sidharta Gautama Buda), sin apenas puntos de contacto con la realidad histórica y que, para colmo, muestran a unos personajes que piensan y actúan como en el siglo XXI.

El papel de “Ay”, el visir y consejero, interpretado por Kingley es lo más convincente de la serie, a condición de reconocer que lo hemos visto en otras ocasiones con papeles similares (Exodus, 2014; El príncipe de Persia, 2010, La última legión, 2007, José los sueños del faraón, 1983; Moisés, 1983, etc) y que no basta con ponerle sobredosis de rimmel en torno a los ojos para construir un personaje nuevo.

¿Puede aprenderse algo sobre Egipto viendo esta serie? Realmente, no. La brecha que separa esta serie de la realidad histórica es de tal magnitud, que los pocos elementos que podrían aprovecharse están inmersos en un magma que induciría a la confusión. Realmente, los interesados por la civilización egipcia, fascinante como pocas, deberían de acudir a documentales (o incluso a unas pocas series al estilo Tutankamón sobre el descubrimiento de la tumba del faraón) antes que a miniseries de capa y espada como esta, por muy dinámica que sea y por atractivo que resulte para las adolescentes su protagonista Avan Jogia.

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