FICHA

Título original Russian Doll
Título en España: Muñeca Rusa
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 25 minutos.
Año: 2009
Temática: tragicomedia
Subgénero: sobrenatural
Resumen: Un informática treintañera asiste a su fiesta de cumpleaños organizada en la casa de una amiga y, a partir de ahí, le suceden distintos episodios, casi siempre coronados con la muerte que le hacen regresar en el mismo punto en el que se encontraba al principio: en el lavabo de la casa de su amiga. Conoce a otra persona que está viviendo exactamente esa misma situación
Actores: Natasha Lyonne,  Elizabeth Ashley,  Brendan Sexton III,  Greta Lee,  Jeremy Bobb, Stephen Adly Guirgis,  Rebecca Henderson,  George Aloi,  Maria-Christina Oliveras, Alberto Bonilla,  Marmee Regine Cosico,  Whitney Devlin,  Jocelyn Bioh,  Jes Davis, Tawny Sorensen,  Emmanuel López Alonso,
Lo mejor: La habilidad para combinar géneros.
Lo peor: El carácter delirante de la serie sin un fin determinado.
Lo más curioso
: La serie fue creada por Natasha Lyonne, producida por ella y protagonizada por ella misma.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Netflix desde el 1 de febrero de 2019. Puede encontrarse en emule.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre MUÑECA RUSA

La responsabilidad íntegra de esta serie recae sobre la testuz de Natasha Lyonne. Se trata de un actriz, productora y guionista norteamericana de origen judío (dato importante para entender algunos guiños del guion como la ubicación de uno de los lugares “mágicos” en donde todo vuelve al principio, en una antigua escuela judía, o la aparición de algún rabino), a la que conocemos por su participación en Scary Movie 2, The Grey Zone, Brade:Trinity, y por series como Ley y Orden: Unidad Especial de Víctimas. Es la primera ocasión en la que la Lyonne asume el triplete como protagonista-productora-creadora. A pesar de las críticas que ha recibido en los EEUU, la serie nos ha parecido caótica e incluso poco original.

Veamos: tras acabar el primer episodio, uno tiene la impresión de que ha visto una especie de remake de Atrapado en el tiempo (1993). Incluso la personalidad de la protagonista es similar al personaje que encarnó en aquel momento Bill Murray en la cumbre de su carrera: un treintañero “chungo” algo amargado por la vida, pero, en cualquier caso, de carácter difícil. La diferencia estriba en que los ciclos de Muñeca rusa no se repiten cada mañana al sonar el despertador, sino después de que la protagonista haya asistido a una fiesta de cumpleaños celebrada en su honor y… muerto a continuación. Al cerrar los ojos y expirar, siempre, inevitablemente, vuelve a encontrarse frente al espejo en el lavabo del piso de su amiga en el que se celebraba la fiesta de cumpleaños. Segunda diferencia con la película que popularizó “el día de la marmota”: así como Murray en esta película tenía la ocasión de modificar su propia conducta y obtener el fin al que se proponía, llegando al final a una “metanoia” personal, en esta, la protagonista no tiene ocasión de hacerlo, sino simplemente quiere entender por qué se está produciendo el ciclo fiesta-muerte-resurrección-fiesta.

En los cuatro primeros episodios, se abusa excesivamente de las caídas por las escaleras con resultado de muerte, de la caída en el agujero de un montacargas, en el accidente de tráfico. Lo que estamos viendo tiene el carácter de una comedia en el que una judía neoyorkina, como la protagonista, desabrida y con mala uva, preocupada especialmente por su gato y porque se le acaba el ciclo vital de atraer a machos alfa, muestra cómo es la vida en la “gran manzana”. No nos está contando nada nuevo, ni nada que no hayamos visto en otras películas: frivolidad, drogas, ambigüedad sexual, mujeres amargadas, hombre divorciados, más drogas y, finalmente, combinaciones nuevas de drogas a las que, inicialmente, la protagonista atribuye sus visiones. No puede extrañar que, en EEUU, que está sufriendo en este momento y desde hace un lustro, la mayor epidemia de toxicomanías de su historia, el tema de las drogas esté a la orden del día. Lo que sorprende es que, cuando diariamente se producen muertes por sobredosis y una visita a cualquier ciudad de los EEUU, incluso en los barrios céntricos, permita ver a cientos de yonkis vagando por las calles, se pueda seguir bromeando y banalizando la droga. Sin embargo, en esos primeros episodios, a pesar del carácter “chungo” de la protagonista, la serie está realizada en clave de comedia de situación (incluso su metraje permite considerarla así).

Sin embargo, todo cambia en la segunda parte de la serie, cuando conoce a otra persona que vive sus mismas circunstancias y un ciclo de muerte-renacimiento similar al suyo. A partir de ese momento, los aspectos irónicos o humorísticos pasan a segundo plano y la serie de convierte en una serie propiamente de terror. Ya no es una persona la interesada en averiguar qué está pasando, sino dos en busca de respuestas.

La serie es, en todo momento, delirante. Cuesta entrar en materia, los primeros episodios hubieran podido acortarse a la mitad, y esto contribuye a que el espectador, inmediatamente evoque la película de Bill Murray. El giro terrorífico debería haberse producido antes para evitar los paralelismos y esa sensación de dejá vu.

Lo más interesante son los rasgos psicológicos y el estilo de una neoyorkina de clase media que no tiene dificultades económicas y que, camino de los cuarenta, se da cuenta de lo fatuo y vacío de su vida. Por lo demás, insistimos, la serie resulta delirante, no está muy clara ni la moraleja, ni el mensaje -si lo hay- y el cambio brusco de estilos narrativos, del humor al terror, es demasiado brusco y no sentará bien a todos los públicos.

Seria para minorías que gusten productos freakys, anómalos, sin pies ni cabeza. Y también, claro está para espectadores enganchados a Natasha Lyonne. ¿Una experiencia catatónica? Ver el primer y el último episodio en una sola sentada (juntos no llegan a una hora).

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