FICHA

Título original Vota a Juan
Título en España: Vota a Juan
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2019
Temática: humor
Subgénero: político
Resumen: Un político de provincias, que ejerce como Ministro de Agricultura y es una nulidad absoluta, pero un ambicioso sin límites, se propone con su equipo postularse como candidato a las primarias de su partido para la presidencia del gobierno. La serie nos narra  el periplo que llega hasta la nominación: una serie de situaciones en las que el candidato da la talla de su valía.
Actores: Javier Cámara,  María Pujalte,  Joaquín Climent,  Nuria Mencía,  Adam Jezierski, Yaël Belicha,  Esty Quesada,  Pedro Ángel Roca,  Mona Martínez,  Algis Arlauskas,
Lo mejor: Que la serie es absolutamente creíble y Javier Cámara está que se sale en su papel de político inútil y metepatas.
Lo peor: Más que un House of Cards a la española, es un Veep a lo carpetovetónico.
Lo más curioso
: La serie ha sido creada por Juan Cavestany y diego San José y producida por 100 Balas. Se estrenó el 25 de enero de 2019.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por TNT. Puede encontrarse en emule.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre VOTA JUAN

En casi toda Europa, la temática política está presente en series de televisión. En EEUU se ha llegado a presentar en House of Cards, a un psicópata criminal como presidente del país, en Francia, la presidencia tampoco ha estado ajena a esta ola en Baron Noir, no digamos en Italia con series como 1992 o, incluso La mafia solo mata en verano (magistral), por no hablar de Dinamarca con Borgen. Sin embargo, en España, el cainismo nacional y la fractura vertical de la sociedad hace imposible componen una serie que convenza a todos e, incluso, que sea asumida por todos.

El hecho de que, cuando la corrupción es unánimemente reconocida como el cárcel de la clase política española, la filmografía nacional solamente haya sido capaz de elaborar una película confusa, demagógica y poco comprometida sobre el tema –El Reino de Rodrigo Sorogoyen- es buena muestra de la falta de “arrestos” para abordar el tema y de la pusilanimidad de los propietarios de las cadenas para abrirse a un producto que, sin duda, sería un éxito. Lo más que nos hemos aproximado a la “cuestión política” en el mundo de las series en España es con La embajada, serie frustrada donde las haya, en la que buenos actores quedaban hundidos por un guion poco elaborado o en series como ésta, en el inofensivo sector de la comedia. Porque Vota Juan es una comedia de trasfondo político. Suscitar algunas sonrisas, lograr analogías aproximativas a la realidad, parece la frontera de este género en España.

A parte de la crítica a esta ausencia de un cine político digno de tal nombre, hay que reconocerle a Vota Juan una comicidad y una ironía insuperables: bueno el casting, bueno el guion, bueno el desarrollo, y con algunos miles de euros de más hubiera sido un producto para la exportación. Pero, en cualquier caso, el resultado final está por encima de los medios empleados y la serie constituye un entretenimiento, una diversión y un ejercicio de identificación de los personajes que van apareciendo.

No es que nos diga nada que desconozcamos, su mérito es cómo lo dice. Tenemos a un Javier Camara convertido en Ministro de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, uno de esos cargos pomposos pero secundarios en relación al gobierno de una nación. El cargo ha sido ocupado por un político de provincias, de poco talento, especialista en meter la pata, un patán, en realidad, pero con una ambición desmesurada y por encima, visiblemente, de sus posibilidades. Su único punto de apoyo es un equipo de colaboradores mucho más eficientes que él, gracias a los cuales consigue evitar el naufragio continuamente. Ellos, claro está, tienen que dar la cara por él. “Juan”, en cualquier caso, es una persona especializada en nadar y guardar la ropa, arrimarse al árbol que mejor le cobija y aprovechar una indudable labia propia del cateto superficial, para salir adelante. Vamos, como los políticos que aparecen diariamente en los informativos.

Juan no se ha desplazado desde Logroño hasta Madrid solamente para ser ministro, quiere suceder al presidente del gobierno. Sabe que éste no se va a presentar a la reelección por problemas familiares e inicia una campaña para sustituirlo. Quien lo conoce está de acuerdo en su mediocridad  y en su falta de condiciones, pero, a fin de cuentas, si otros igualmente inútiles han llegado a la presidencia, ¿por qué iba a ocurrir otra cosa con este “Juan”?

En la serie no hay reconocible ningún personaje ni sigla alguna. En este sentido la productora ha nadado y guardado la ropa como el propio personaje de la comedia. Sin embargo, en una comedia todo está permitido salvo el aburrimiento: y esta es particularmente ágil, entretenida, las situaciones tienen una fuerte carga de comicidad y el protagonista, Juan Cámara, es quizás el que mejor podía haber encargado al político “Juan Carrasco”. Hay, eso sí, guiños hacia situaciones políticas reales, alcantarillas, manipuladores, hijas gordas e incluso a aspectos de políticos en ejercicio o en prisión. Uno de los puntos fuertes de esta serie es que, finalmente, se ha adoptado por la fórmula propia a las sit-com: no más de media hora de duración en cada episodio, humor concentrado en lugar de diluido en sesenta o setenta minutos de tiempos muertos y seriedad sepulcral.

Una serie que recomendamos a nuestros amigos y lectores: si les gustan las comedias de situación, ésta les divertirá. Si ansían ver cine político desdramatizado pero pura denuncia de situaciones reales, les convencerá mucho más que películas serias que, en su retorcimiento y falta de compromiso evitan hablar de siglas y personajes reales. Si quieren entretenerse, esta es una buena opción en el invierno que precede a un año que estará repleto de elecciones y tragicomedias políticas. Así que, como decían los antiguos redactores de La Codorniz, “tiemble después de haber reído”.

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