FICHA

Título original Examen de Conciencia
Título en España: Examen de Conciencia
Temporadas: 1 (3 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2019
Temática: documental
Subgénero: abusos sexuales
Resumen: Una serie de víctimas españolas de entre 30 y 35 años, recuerdan a rostro descubierto y dando la cara, el calvario que tuvieron que pasar durante sus años en los que estudiaban el bachillerato en distintos centros religiosos. A lo largo de los tres episodios, los testimonios resultan progresivamente más desgarradores, hasta llegar el caso, absolutamente desgarrador de Miguel Ángel Hurtado cuyo caso es un verdadero paradigma de este tipo de abusos que ha ensombrecido el papel de la Iglesia española en el mundo de la enseñanza
Actores: Miguel Ángel Hurtado, Albert Solé y testimonios reales,
Lo mejor: El estudio de unos cuantos casos de abusos deshonestos y pederastia en España.
Lo peor: El riesgo de tomar la parte por el todo.
Lo más curioso
: Albert Solé es el hijo del político de izquierdas Jordi Solé Turá. Su primer documental en 2008 trató sobre su padre aquejado entonces de Alzheimer.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Netflix.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre EXAMEN DE CONCIENCIA

Vaya por delante que quien esto escribe recibió una educación católica en un colegio religioso y no oyó hablar nunca de abusos sexuales. Así mismo, mientras permanecí en el seno de la Iglesia, conocí a sacerdotes diocesanos de una talla y de una altura moral digna de ser recordada. Ahora bien, algo ha fallado en la Iglesia que abandoné hacia 1967, para que en muchos países, entre ellos España, aparecieran casos innegables e incuestionables sobre abusos deshonestos, pederastia y desviaciones sexuales realizadas por miembros del clero que, además, eran profesores. La Iglesia (y las órdenes religiosas afectadas) cometieron el error de no reaccionar convenientemente según el refrán español de “Los trapos sucios se lavan en casa”. Se limitó, o bien a hacer oídos sordos, o simplemente, cuando los casos eran excesivamente escandalosos, transferir a los clérigos implicados a otras dependencias. De los casos de abusos deshonestos, solamente uno ha llegado a los tribunales, el resto han prescrito.

¿Siempre se han producido este tipo de situaciones? No está claro y haría falta un estudio pormenorizado para establecerlo. Lo que sí está claro es que, a partir de Concilio Vaticano II, en el que la Iglesia trató de ponerse al día en material litúrgica, lo único que consiguió fue descarrilar. No modificó en nada sus opiniones en materia sexual en un tiempo en el que el pansexualismo avanzaba y, naturalmente, se infiltraba en los altos muros de la Iglesia. Sea como fuere, la sensación que uno tiene es que, en los últimos años, los abusos sexuales han crecido en todo el mundo y que, incluso, la cúpula de la Iglesia (concretamente hasta Juan Pablo II, incluido) se ha tratado de ocultarlos por todos los medios. Hay que recordar que Juan Pablo II protegió y desoyó los rumores extendidos sobre el sacerdote mexicano Fermín Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, que Benedicto XVI, a poco de ser nombrado Papa, desposeyó de su cargo y le ordenó un retiro de penitencia y oración. Los casos de abusos en las iglesia norteamericana o en la irlandesa, han sido notables y públicos. Pero aquí en España, faltaba el documental que reconociera que también aquí se han producido y que, en su momento, las órdenes implicadas, no reaccionaron ni con la celeridad ni con la defensa de los más débiles tal como era su obligación.

En este documental todo esto está presente: abusos en los maristas de Barcelona, testimonios escalofriantes de abusos realizados sobre chavales muy jóvenes con cualquier excusa y con el poder que da la autoridad profesoral, perversiones que entran dentro del dominio de la psiquiatría más que de la sexualidad que han dejado una huella indeleble en que los sufrieron. Pero que, en su inmensa mayoría, han quedado impunes. Hay que reconocer también el valor de algunos testimonios de maristas al reconocer públicamente los errores cometidos por su orden en el tratamiento de estos casos y la promesa de que se han habilitado controles para que no puedan reproducirse en el futuro. No lo dudamos… pero el mal está ya hecho.

Una parte importante de todos estos abusos ha tenido lugar en Cataluña y, concretamente, en lo que hasta no hace mucho era el “corazón espiritual de Cataluña”, el Monasterio de Montserrat. Lo más sorprendente e incluso hiriente, no es solamente el relato de estos abusos cometidos sobre chicos jóvenes, sino el hecho de que los dos últimos abades tuvieran conocimiento de estos abusos y no hicieran absolutamente nada para evitarlos, salvo ofrecer 7.000 euros a la víctima que, inicialmente los aceptó para sufragar la terapia psicológica a la que debía someterse, pero que, finalmente, los devolvió cuando vio que la abadía de Montserrat había publicado un libro en homenaje al monje que había abusado de él. El abad, no solamente dio como explicación que no conocía la publicación del libro (editado en la propia abadía) y que daba órdenes de que fuera retirado inmediatamente (en el documental, la víctima acude a una librería en la que muestra que el libro sigue en los anaqueles…). Y lo más sorprendente de todo: el libro en cuestión está ilustrado con fotos del abusador junto a los presidentes de la Generalitat que glosaron su labor como fundador de los “boy-scouts de Monserrat”.

Felicitaciones a los que han tenido el valor de dar su testimonio público en este documental. Felicitaciones a Netflix que lo ha reproducido. Felicitaciones a su guionista y realizador, Albert Solé, que lo ha concebido y llevado a los plasmas de nuestros hogares. Ahora falta solamente contestar a la pregunta de si esto ha ocurrido solamente en la Iglesia Católica o en otras confesiones y comunidades religiosas se han dado casos parecidos. Y la pregunta del millón: ¿por qué la pornografía infantil constituyen la contrapartida más siniestra y sombría de la libertad sexual? Quizás sea el momento de recordar que Ted Bundy en el corredor de la muerte contestó a un investigador del FBI que, el uso compulsivo de pornografía había tenido, tanto en él como en otros presos que esperaban su ejecución en el corredor de la muerte, un papel decisivo en sus inclinaciones criminales. ¿Tenía razón Bundy o la pederastia es solamente un resultado de lo insoportable que resulta para algunos clérigos cumplir el voto de castidad? Decididamente, este es un documental que induce a la reflexión, por la gravedad de los testimonios y de los hechos narrados.

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