FICHA

Título original Yo robo, tú chantajeas, ella estafa y, además, un muerto
Título en España: Yo robo, tú chantajeas, ella estafa y, además, un muerto
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1984
Temática: comedia
Subgénero: enredo
Resumen: La ama de llaves de un anciano ha conseguido camelarlo para que se casara con ella y le legara al morir toda su fortuna, induciéndole a pensar que su nieta, legítima heredera, lo había olvidado. Al morir, la nieta se presenta en la casa en la que la viuda oportunista y su hijo han invitado a los que creen hermanos y, en realidad, son una pareja de estafadores.
Actores: Emilio Gutiérrez Caba, Queta Claver, Alfonso Zambrano, Maria Jesús Lleonart, Joaquim Cardona, Ana María Mauri, Josep Peñalver, Alejandro de Miguel, Gabriel Agustí, Luis Posada, Eduardo Emo, Marta G. Mesclans, Gaspar González, Anibal Roca, Eugenia Roca, José Luis Romero, Maribel Álvarez, José Castillo Escalona, Fernando Ulloa, Josefina Güell,
Lo mejor: Las actuaciones de Gutiérrez Caba y Queta Claver.
Lo peor: Que Televisión a la Carta no incluye en su ficha al autor, Ben Travers.
Lo más curioso
: Fue un coletazo de los históricos Estudio 1, filmado con la misma técnica.
¿Cómo verlo?: Fue emitida por TVE en 1984. Puede encontrarse en Televisión a la Carta.

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre Yo robo, tú chantajeas, ella estafa y, además, un muerto

Ben Travers (1886-1980), prolífico escritor inglés, autor de más de 20 obras teatrales y una treintena de guiones cinematográficos, a lo que hay que añadir cinco novelas y tres volúmenes de memorias, es hoy uno de los grandes olvidados de la literatura moderna. Sin embargo, en los años 80 era extremadamente popular. Escribió Plunder (que puede traducirse por “saqueo”) en 1928 y, por algún motivo que nos resulta desconocido, cuando llegó a España, sin apenas adaptación, fue emitida por TVE con este largo e, incluso, farragoso título de Yo robo, tú chantajeas, ella estafa y, además, un muerto, seguramente para acentuar su carácter de comedia.

La obra de teatro fue extendida para darle un formato de cuatro episodios de 50 minutos, lo que implicaba triplicar la duración del libreto original. Hay que decir que, entre la traducción, la adaptación y la ampliación, queda poco del texto escrito por Travers. De todas formas, el resultado es aceptable, especialmente, teniendo en cuenta que en aquel momento, los medios que empleó TVE fueron escasos y que se respetó el formato teatral. Es una prolongación de los Estudios 1 que, en esa época, injustificadamente ya habían dejado de escenificarse y que habían dejado un profundo vacío en los espacios dramáticos de la cadena (hay que decir que, en aquella época, el público era mucho más exigente que en la actualidad y que, precisamente por existir una sola televisión se le exigía que los programas estuvieran a la altura de un público que se había habituado en los 20 años anteriores a ver escenificaciones teatrales interpretadas con rigor y fidelidad al texto originario, por mucho que los medios fueran modestos). La obra de Travers fue traducida por Vicente Simón y adaptada por Esteve Durán.

A lo largo de los cuatro capítulos se nos cuenta la historia de una madre y su hijo, ella absolutamente insoportable, enorme en sus hechuras (se triplicó el volumen de Queta Claver), y su hijo, bastante repipi, que han conseguido apropiarse de las propiedades de un anciano que acaba de fallecer tras contraer matrimonio con la madre que hasta ese momento había sido ama de llaves. Para conseguirlo, ésta ha escondido y destruido las cartas que la nieta del fallecido iba escribiendo a su abuelo y, haciendo otro tanto con las que el abuelo escribía a su nieta. Éste, finalmente, creyéndose solo en el mundo, optó por casarse con la ama de llaves y poner la herencia a nombre de su esposa. La madre y el hijo han invitado a su propiedad a una pareja joven, tenidos como hermanos, perteneciente a la aristocracia, con la intención de que el hijo de la se case con la supuesta hermana. Puestas así las cosas, la trama se inicia cuando se espera la llegada de la nieta y de su compañero a la propiedad para reivindicar lo que legítimamente era suyo. A medida que avance la trama se verá que nada es lo que parece y que, efectivamente, el largo título tenía una razón de ser y un sentido.

No se trata de una comedia hilarante de las que terminan generando un irreprimible dolor de estómago a fuerza de reír. Más bien se trata de humor inglés: quedan caricaturizados los elementos procedentes de las distintas clases sociales, denunciado el afán de los sectores del servicio por ascender a miembros de la aristocracia, la necesidad de los nobles venidos a menos de desarrollar cualidades de astucia para conseguir salir adelante y la utilización del matrimonio como método de escalada social y para conseguir un “pedigree” que no se tiene por nacimiento. El humor es suave, algunos de los gags de carácter sexual, tan habituales en el teatro de Travers, han sido eliminados y sustituidos por alusiones bastante más ingenuas, pero, en general, cabe decir que se trata de un producto liviano, de humor amable que hace pasar un buen rato.

Indudablemente, lo mejor de la producción lo constituyen las actuaciones de Emilio Gutiérrez Caba y Queta Claver capaces de actuar con una naturalidad que hubiera sido elogiada por el autor que había fallecido cuatro años antes. Para los amantes de las anécdotas, podemos decir que la serie se emitía los martes a las 22:15, después de la serie Fauna Ibérica y antes del informativo En Portada. En aquellos tiempos, la televisión empezaba su programación a las 13:30 con la Carta de Ajuste y termina a las 0:35 con “Despedida y Cierre” (solamente siete años antes se hacía con “Oración, Despedida y Cierre”). El mismo día, en la segunda cadena (que solamente transmitía desde las 6:45 hasta las 0:45) se emitía el Ricardo III de Shakespeare y la serie Robinson en África, dirigida por Enrique Meneses… De programas del corazón no había ni rastro.

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