FICHA

Título original Ha-Shoter Ha-Tov
Título en España: El policía bueno
Temporadas: 2 (30 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 2015
Temática: comedia
Subgénero: policíaca
Resumen: Un abnegado policía descubre que su novia le está engañando con otra mujer y tiene que volver a vivir en casa de sus padres porque su salario no le permite alquilar un apartamento propio. El policía, utiliza con frecuencia métodos violentos y tiene una particular tendencia a utilizar sus armas, siendo considerado como el policía más eficiente de su comisaría. La comisaría y la vivienda del policía se convierten en los escenarios habituales de esta serie.
Actores: Yuval Semo, Liora Rivlin, Guy Loel, Yigal Adika,
Lo mejor: Las pinceladas críticas sobre el Estado de Israel.
Lo peor: En ocasiones pasa del esqueche a la estracanada.
Lo más curioso
: Ha servido para la elaboración de la serie norteamericana The Good Coop.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Netflix. Puede encontrarse en emule

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre EL POLI BUENO

A no confundir The Good cop, con El poli bueno, serie estrenada por Netflix el 28 de diciembre de 2018. La primera está inspirada en la segunda y ésta ha sido producida íntegramente en el Estado de Israel. Se trata de una comedia judía de la que se ha hecho tres temporadas con 30 episodios, diez de los cuales han sido comprados por Netflix. Y hay que reconocer que se trata de un producto diferente a otras comedias, hilarante y de un buen nivel que nos enseña muchas cosas sobre el Estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio y la personalidad antropológica del pueblo judío.

Danny Konfino es un policía treintón, considerado como el más eficiente de su comisaría. Ésta está constituida por media docena de policías, bastante inútiles en su conjunto y con pocas ganas de afrontar la delincuencia y los problemas diarios que se plantean: peleas, tráfico de drogas, robos, etc. Solamente Danny (Yuval Semo) aporta rigor, eficacia y energía en el desempeño de sus funciones… excesiva, en ocasiones: tiene el gatillo fácil y no ahorra ninguna ocasión para disparar su arma. Abomina del reparto de sprays de gas pimienta para repeler y neutralizar agresiones y es, lo que en Occidente podríamos llamar, un policía a la antigua. Su vida personal se está derrumbando: su pareja lo ha echado de casa. Después de realizar un menage a trois, ha acabado con la otra chica, para descubrir luego que su novia es lesbiana. Su salario no le permite alquilar un apartamento, así que se ve obligado a ir a vivir con sus padres. Esto genera que, además del escenario de la comisaria y de sus misiones como policía, el hogar familiar se convierta en el origen de buena parte de los esqueches de la serie.

Y hay que reconocer que, en su conjunto, la serie es particularmente hilarante y, lo que todavía resulta más importante: aporta pinceladas sobre la situación interior que vive el Estado de Israel. En primer lugar, sorprende que el tema del Holocausto, Ana Frank, los palestinos de Gaza, pasen a ser excusas para chistes y gags cómicos. La serie sigue en esto las mismas pautas que Courb your Enthusiasm de Larry David o El método Kominsky de Michael Douglas, como si solamente los propios judíos tuvieran el derecho a bromear con estas cuestiones. El hecho de que judíos ortodoxos se dediquen al tráfico de drogas o que exista racismo y desprecio mutuo entre las dos fracciones que componen el Estado de Israel (que tiene en un interior a una importante minoría palestina del 20%) o que los judíos tengan cierta nostalgia de Europa, son solamente algunos de los flashes que dicen mucho sobre el universo mental de los ciudadanos judíos. El padre del protagonista, por ejemplo, es la quintaesencia del pícaro aprovechado que quiere vivir de subsidios, avaro y tacaño como lo pintaría el peor relato antisemita, mientras que su esposa es pasota, serie y rigurosa.

En segundo lugar, vemos evolucionar a unos actores que consiguen transmitir el efecto que el guionista ha creado sobre el papel. Las desgracias que le ocurren a “Danny Konfino” no son las propias de un payaso, sino las que pueden ocurrirle a cualquier policía que intenta cumplir con su deber pero que los reglamentos y las normas le impiden llegar hasta el final… en beneficio de la delincuencia. Hay que decir, pues, que las situaciones -incluso el hecho de que el hijo deba volver a la casa de los padres o que los funcionarios de la comisaria no tengan mucho interés por su trabajo, es algo habitual en Israel e incluso mucho más cerca de nuestras latitudes.

La filmación, el montaje y las actuaciones son correctas, la guionización ágil y, si bien no existe la espectacularidad que tienen las producciones norteamericanas, hay que reconocer que los medios -modestos- se han optimizado y el resultado es una comedia de las que merecen verse. Llama la atención, una vez más, que ni siquiera Netflix haya realizado publicidad de esta pequeña maravilla que se ha escapado también a los motores de búsqueda (que parecen no “entender” el alfabeto hebreo). Por nuestra parte, no hemos logrado encontrar críticas ni comentarios sobre su estreno en lengua española. Y es de esos productos que vale la pena ver: incluso si se ha visto The Good Cop, valdrá la pena visionar esta serie judía para confirmar similitudes y diferencias. Recomendable para todos los que quieran ver comedias de situaciones diferentes a lo que han conocido hasta ahora.

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