FICHA

Título original: The Good Place
Título en España: The Good Place
Temporadas: 3 (28 episodios)
Duración episodio: 22 minutos.
Año: 2016-2018
Temática: Comedia
Subgénero: Fantástico
Resumen: Una mujer se encuentra bruscamente en el más allá, sin saber cómo ha ido a parar allí. Se le informa que está en algo parecido al “cielo” que tiene la forma de barrio y su estructura funcional es la familia convencional. Se le presenta a su parea ideal y, a partir de ahí, descubre que ha existido un error y que ese no es su lugar. No es la única en esas circunstancias y eso es lo que hace que el “barrio” sea una catástrofe, pero la protagonista intenta compensar su pasado catastrófico adoptando un comportamiento edificante.
Actores: Kristen Bell, Ted Danson, William Jackson Harper, Jameela Jamil, D’Arcy Carden, Manny Jacinto, Tiya Sircar, Josh Siegal, Adam Scott, Steve Berg, Bambadjan Bamba, Marc Evan Jackson, Maribeth Monroe, Jama Williamson, Seth Morris, Amy Okuda, Luke Guldan, Jason Mantzoukas, Susan Park, Allyn Rachel, Anna Khaja
Lo mejor: Es una lección de ética, casi un manual de autoayuda para ser una “buena persona”.
Lo peor: Demasiado caricaturesca en algunos momentos.
Lo más curioso
: La serie se estreno en 2016 en la NBC y ha sido traída a España por Netflix een septiembre de 2018.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Netflix. Puede bajarse mediante programas P2P y comprarse en DVD

Puntuación: 7


PROMO (en castellano, 1ª temporada)

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Lo menos que puede decirse sobre THE GOOD PLACE

Hay mucha ironía en esta serie, presentada bajo la forma de una historia ingenua. Nos presenta otra visión del “cielo” a donde van a parar las almas de los muertos. ¿Qué imagen nos describe? El de un barrio ordenado, limpio e inmaculado, repleto de parejas ideales felices que llevan adelante una edificante vida burguesa… Todo ello esta bajo la responsabilidad de un “arquitecto” poco hábil que ha diseñado el barrio y ha cometido varios errores. El primero de todos ellos consiste en que la coprotagonista no debía estar allí…

La serie se abre con un diálogo en el que Ted Danson (“Michael, el arquitecto”) entrevista a Kristen Bell (“Eleanor”). Ella, una mujer de vida ligeramente disipada, acaba de morir en accidente de tráfico. Ha sido aplastada por un camión que transportaba pastilla contra la disfunción eréctil. Su vida no ha sido lo edificante que debiera requerirse para entrar en este paraíso burgués, ella es consciente, pero se abstiene de decirse a “Michael” que, en algún lugar, alguien ha cometido un error destinándola allí, en lugar de “allá abajo”. Es emparejada por un profesor de ética, africano, insufrible. Pronto advierten que el barrio empieza a registrar problemas de diseño: la protagonista y su “compañero ideal” llegan a la conclusión de que se debe a la presencia de ella y deciden que se convertirá en alumna y aprenderá los fundamentos y valores de la ética, comportándose correctamente y enmendando su trayectoria anterior. No es la única que se encuentra en esas circunstancias, un supuesto monje budista resulta ser también otro error de clasificación: no se trata de un asceta que ha hecho voto de castidad, sino de un pequeño narco sin principios, valores, ni ética, que se convierte, igualmente, en alumno del profesor de ética.

La serie va por las tres temporadas –servidas desde principios de octubre por Netflix-. En los EEUU ha constituido un verdadero éxito, mientras que en nuestro país, por el momento, está pasando desapercibida. Su formato es el de comedia de situación (no más de 20 minutos por episodio) y es “fácil de ver”. A lo largo de las tres temporadas, los personajes, obviamente, van cambiando, aparecen otros nuevos y el conjunto tiene el dinamismo exigible a una serie de humor. A pesar de que la idea de partida (el “cielo no es lo que creemos”) es original, tiene en su contra el que se agota rápidamente. La primera temporada nos parece original, la segunda menos y la tercera resulta ser un dejá vu.

El mensaje moralizante –típico de la sociedad norteamericana- está implícito: todos, hayamos hecho lo que hayamos hecho, podemos mejorar en esta… o en la otra vida. La vida societaria precisa educación en ética y valores y hasta la persona más despreciable y con una vida más destartalada, puede convertirse en un modelo de comportamiento. ¿El ideal de vida? La vida burguesa, en un barrio burgués, con césped que cortar el fin de semana, pícnics con los vecinos y con una casa decorada y construida según nuestros gustos. ¿Dios? Para eso tenemos a un Ted Danson, con su pelo blanco que ni siquiera asume el título de “Gran Arquitecto”, sino solamente el de “Arquitecto” (dando por supuesto que hay otros varios). El mensaje no es religiosa, incluso se alude a que todas las religiones tan solo se han aproximado entre un 5 y un 10% a la “verdad”, sin embargo, existió un colgado que después de un atracón de drogas psicodélicas logró acceder a la “verdad suprema” (“Michael” tiene en su despacho con la imagen del colgao).

Serie irónica repleta de chistes, más o menos inteligentes. Enganchosa hasta que cae en la rutina en su tercera temporada, con una temática simplona pero que, en cada episodio, proporciona algún giro inesperado. Serie con unos personajes excesivamente tópicos que parecen quedar encajados en la descripción inicial y que no “progresan”. Serie simpática y entretenida, hasta que nos damos cuenta de que entra en un bucle. Serie bien interpretada (Danson se atreve con cualquier papel, con cierta predisposición hacia la comedia de humor y la Bell encaja como un guante en su rol). Serie que gustará a un espectro muy amplio de público y que la verá compulsivamente hasta que advierta la trampa: toda la serie resulta ser una variación del mismo tema.

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