FICHA

Título original Dope
Título en España: Dope
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 42-45 minutos.
Año: 2018
Temática: Documental
Subgénero: Drogas
Resumen: Cuatro retratos sobre el insostenible mundo de las drogas en los EEUU: la situación en California, Indiana, Detroit y Atlanta que confirman lo que todo el que ha viajado a los EEUU en los últimos años ha reparado: que existe una epidemia de toxicomanía en todo el país y que su sociedad se está viendo carcomida por distintas drogas, con una policía desbordada y que ya no da abasto para contener la plaga.
Actores: Policías y narcotraficantes de las zonas mencionadas.
Lo mejor: Un fresco descarnado y extremadamente realista de la degradación de la vida en los EEUU
Lo peor: Un mensaje ambiguo que en algunos momentos parece una incitación a traficar.
Lo más curioso
: La dirección, el guion y la fotografía son obra de Ben Reid
¿Cómo verlo?: Es emitida en España por Netflix. Puede encontrarse en eMule y en Torrent.

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre DOPE

“Dope”, una de las palabras inglesas utilizadas para aludir a las drogas (“dopaje”). En Netflix abundan los documentales y las series dedicadas a esta temática, pero esta es, seguramente, mucho más descarnada y conmovedora que cualquier otra que hayamos visto. Y, por tanto, también a más peligrosa y perturbadora. Luego explicaremos el por qué. La serie, digámoslo ya, nos muestra el mundo de la droga desde los dos lados de la barricada: por un lado, los ímprobos esfuerzos de las fuerzas policiales dedicadas a combatirla y, por otro, el submundo del menudeo de droga, del bajo narcotráfico. Y lo vemos a través de la realidad actual de varias ciudades norteamericanas.

A lo largo de estas cuatro entregas veremos desfilar camellos, bandas, distribuidores de droga, pero, seguramente, lo más espeluznante es la entrevista que se realiza a una pareja de toxicómanos. Es curioso porque, mientras casi todos los proveedores de droga que aparecen son afroamericanos, estos toxicómanos sobre WASP, uno de ellos, hasta no hace poco, tenía su familia, su casa, su jardín, su césped y su hipoteca. La otra era una prostituta. Ambos están en la recta final del consumo de drogas. Seguramente, en el momento en el que escribimos estas líneas, ambos habrán muerto. Sorprenden otras dos cosas: que los camellos digan todos, casi sin excepción, que son conscientes de que están matando gente y es importe, literalmente, un rábano: todos aceptan que lo hacen por dinero. Finalmente, tras ver los esfuerzos de los agentes que luchan contra el tráfico de drogas, es lícito y obligado preguntarse: ¿cómo diablos han llegado los EEUU a convertirse en líder mundial en consumo de heroína?

Todo tiene una respuesta que se apunta en esta serie: los médicos norteamericanos recetaban fármacos conteniendo opiáceos. Cuando las aseguradoras decidieron, a la vista de los altos costes de estos fármacos, no renovar las pólizas del seguro médico de quienes los utilizaban, los usuarios entraron en síndrome de abstinencia: debían comprarse ellos mismos el fármaco o bien recurrir a drogas. La heroína cortada con fentanilo, era la salida más frecuente y barata. El resultado: una epidemia de heroinómanos, no en los guetos afroamericanos, sino entre las clases medias WASP…

Y esto es lo que vamos a ver en esta serie: cómo las bandas que “controlan” manzanas urbanas, venden heroína adulterada a gentes que hasta no hace mucho eran miembros respetables de la clase media. Las escenas más insospechadas: las de los incidentes de Baltimore, causadas por la muerte de un ciudadano negro a manos de la policía, una mera excusa para saquear farmacias… Uno se pregunta ¿hasta cuándo resistirán los EEUU esta situación antes de sufrir un desplome interior? No es una pregunta gratuita, es la que cada vez se hacen más ciudadanos de aquel país y gentes que lo hemos recorrido.

El documental filmado, escrito y dirigido por Ben Reid, no se limita a mostrar la situación que se respira en la calle, sino que penetra en el mundo del narcotráfico. Da la sensación de que los dealers juegan al gato y al ratón con la policía. En un momento dado, un narco proclama: “Las leyes del Estado trabajan cada vez más a nuestro favor”… aludiendo a una ley que impide a los policías de Baltimore circular por la calle sin el uniforme. Lo dicho, si los EEUU aguantan más de 10 años en esta situación podrán considerarse como protegidos por algún dios guason.

El problema tiene, hay que decirlo, un extremo que no nos gustó: su ambigüedad moral. La última escena del último episodio es antológica. Los dos narcotraficantes que se habían hecho de oro vendiendo drogas en los días previos a una fiesta local, consideran que ya se han enriquecido suficiente y se retiran indemnes y sin haber tenido una simple “pasada por la cárcel”… a pesar de que muchos de sus clientes, gracias a su “producto”, habrán acabado en el cementerio. Es casi una incitación a asumir la profesión de “dealer”. Y a lo largo del documental, son varios los narcos que muestran sus razones para seguir esa profesión, y incluso recuerdan los riesgos. Solamente faltaba que nos hubieran dado la dirección de una academia para aprender el oficio.

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