FICHA

Título original Yo fui un asesino
Título en España: Yo fui un asesino
Temporadas: 1 (2 episodios)
Duración episodio:  120  minutos
Año: 2017
Temática: Documental
Subgénero: Crimen
Resumen: José Rabadán, el llamado “asesino de la katana”, asesinó a su familia, padre, madre y hermana, en el año 2000, cuando apenas tenía dieciséis años. Fue condenado, en una sentencia muy polémica, a seis años de internamiento en un centro de menores y ahora Discoyery Max y Cuarzo Producciones reconstruyen, contando con su colaboración y con la de policías que investigaron el asunto, amigos, periodistas y vecinos, aquel inesperado crimen y la sentencia no menos inesperada.
Actores: Documental con testigos reales.
Lo mejor: Un documental “true crime” de buen nivel, exhaustivo y completo con distintas visiones del mismo hecho, entre ellas las del protagonista.
Lo peor: El documental no termina de aclarar todas las circunstancias del crimen y da la sensación de que es un lavado de cara del protagonista.
Lo más curioso
: el mismo 2017, Juan Moya estrenó otro documental de contenido cmpletamente diferente, sobre el grupo de rock Ilegales
¿Cómo verlo?: Se emitió a través por La Cuatro el 29 y 30 de noviembre de 2017. Puede ser obtenida mediante eMule y mediante Torrent.

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre YO FUI UN ASESINO

De momento, las dos entregas dedicadas a José Rabadán, el llamado “asesino de la katana”, son el primer y único tema que ha tratado lo que debería de ser una serie “true crime” a la española. Se trata de un meritorio trabajo sobre este crimen que ensombreció a la sociedad española en el año 2000 y que ahora es analizado desde el punto de vista de los policías que lo investigaron, de los periodistas que se aproximaron al caso, de los amigos y de los vecinos de los protagonistas, de los abogados del asesino, de los psiquiatras y de su propio testimonio. Las dos horas de documental nos sitúan en lo que ocurrió, pero no logran explicar del todo –acaso porque resulta inexplicable- por qué ocurrió.

Para quienes no lo recuerden resumimos los hechos: en marzo de 2000, un adolescente consentido, al que su padre le daba todo lo que pedía, la emprende en plena noche a golpes con la espada samurái que le habían regalado. Mata a su padre, en primer lugar, a su madre después de dura lucha y a su hermanita afectada por el síndrome de Down. Luego huye, pero antes llama dos veces a la policía dando cuenta de su crimen. Cuando los policías llegan al domicilio, lo que ven –y lo que el documental rescata a través de la filmación original- les conmueve: la casa está completamente llena de sangre en todas sus habitaciones. Desde el primer momento, el asesino no oculta su crimen sino que habla de él y alardea. Obviamente, es detenido poco después en la estación de Alicante. Se redacta la sentencia en base a un acuerdo entre el juez y la defensa justificado en un absurdo dictamen psiquiátrico: seis años en un centro de reeducación y dos años más en libertad vigilada. Extinguida la sentencia, ingresa en una secta evangélica y reconstruye su vida. En el documental tiene ocasión de explayarse en su versión sobre los hechos y en los beneficios de las políticas de reinserción de menores. Sin embargo, no logra explicar fehacientemente por qué asesinó a sus padres y hermana y la justificación sigue siendo débil, confusa e inasumible.

Los testimonios recopilados sobre son exhaustivos. Unos más significativos que otros. Desde el punto de vista documental, sin duda, el más interesante es el del propio asesino. A decir verdad, se refugia en que él no asesinó, sino que fue su cuerpo y no su mente el que asesinó a su familia. Dice no recordar nada de cómo ocurrieron los hechos tras el instante en el que “su cuerpo” bajo la espada y decapitó a su padre. El psiquiatra de la defensa argumentó que todo se debió a una disfunción cerebral y a un ataque epiléptico… sólo que no sufría epilepsia. Para los psiquiatras de la fiscalía a los que no respondió, no había la menor duda de que Rabadán era un psicópata narcisista que había preparado el crimen con premeditación, alevosía y nocturnidad. Obviamente, el interesado se refugiaba en la primera interpretación para justificarse.

Los testimonios de sus amigos y de los periodistas lo pintan como un tipo inconstante en todo lo que hacía: en deportes, en estudios, en actividades laborales. Especialmente su padre le concedía cualquier deseo que pidiera. Cuando le cansa cualquier actividad declara que quiere ser “libre”, auto razona que le han impuesto esta o aquella actividad y que no se siente libre. Así que pasa a otra en la que le ocurre exactamente lo mismo. Termina atribuyendo su malestar a sus padres y, en el momento de la detención declara que los ha matado para ser “libre”. ¿Y a su hermana? Dice al policía que lo detuvo que la mató porque así lo había planificado. Solamente tras estar en la cárcel varía la versión y la embellece, a la vista de que eso de matar para “ser libre” también está mal visto: dice luego que no recuerda nada y que no fue él sino su cuerpo el que mató a su familia. Pero lo cierto es que antes había fantaseado con algunos amigos sobre la cuestión.

Así que el juez lo condena a seis años en un centro de reeducación para menos. Sale antes de tiempo en dirección a un centro de reinserción propiedad de una comunidad evangélica en Santander. Y allí le consiguen un trabajo en la construcción. ¿Está reeducado? Seguramente no porque unos meses después lo abandona porque “quiere ser boxeador”… La inconstancia, nuevamente está presente. Así que Rabadán sigue siendo el mismo de antes, sólo que con un poco más de experiencia.

Si miran la página de Wikipedia sobre él, verán la noticia de que “actualmente es bróker de bolsa”… En realidad, no. Se ha casado y es padre de familia. No tiene inconveniente en aparecer ante las cámaras hablando sobre su crimen sin demostrar emociones (como un psiquiatra había determinado: “es frío”). A decir verdad, sus excusas no terminan de convencer. Se nota demasiado que han sido elaboradas a posteriori y como mecanismo de defensa para poder dar una versión “asumible” para una parte de la sociedad: la que cree que la reinserción del delincuentes (en este caso de un triple asesino) es más importante que el castigo y que el ejemplo para la sociedad.

Por el documental desfila el satanismo, las artes marciales, los videojuegos, los chats, los gimnasios, etc. Si le falta algo al documental es “mojarse”: dar una explicación más allá de la que pueda dar el protagonista (que, obviamente, será siempre exculpatoria y justificativa), valorar todos los elementos que se han recopilado en el curso de la producción y emitir una opinión de conjunto. De lo contrario, se corre el riesgo de que documentales de este tipo sean simples lavados de cara de asesinos narcisistas que aspiren volver a salir otra ver por el plasma.

Documental que interesará a los que recuerden el episodio y estén sensibilizados por este tipo de crímenes y a los que sigan las series de “true crime”. La diferencia con las series americanas es que allí, el criminal es el criminal y habla desde el otro lado de las rejas de la cárcel, frecuentemente desde el “corredor de la muerte”. A este lado del Atlántico se cree en las virtudes de la reinserción, así que todo sea “en interés superior del menor”… aunque la criatura se haya cargado a padre, madre y hermanita. Si esta última es su opinión, probablemente le vendrá bien ver este documental de manera abierta y juzgar por sí mismo, si con un lustro en un centro de menores puede extinguirse toda responsabilidad de un crimen premeditado.

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