FICHA

Título original The pillars of the earth
Título en España: Los pilares de la Tierra
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2010
Temática: Intriga
Subgénero: Drama
Resumen: Traslación a la pequeña pantalla de la trilogía que encumbró a Kem Follet como autor de bestsellers. La acción transcurre en la edad media cuando un maestro de obras emprende la construcción de una catedral y para alcanzar su fin deberá salir airoso de las trabas puestas por sectores del clero y por la nobleza, todo ello envuelto en secretos inconfesables y en la problemática sobre la sucesión a la corona de Inglaterra.
Actores: Eddie Redmayne, Hayley Atwell, Matthew Macfadyen, Ian McShane, David Oakes, Sam Claflin, Liam Garrigan, Natalia Wörner, Rufus Sewell, Sarah Parish, Tony Curran, Skye Bennett, Donald Sutherland, Skye Lourie, Robert Bathurst,Gordon Pinsent,  Alison Pill, Anatole Taubman, Götz Otto, Feodor Atkine, John Pielmeier, László Aron, Clive Wood, Ken Follett,
Lo mejor: Los primeros capítulos que fluyen de manera bastante atractiva.
Lo peor: La segunda parte de la serie difiere completamente del libro y no logra convencer al espectador.
Lo más curioso
: La producción de prolongó año y medio
¿Cómo verlo?: Fue emitida por Cuatro en episodios dobles. Puede ser obtenida mediante eMule en versión original.

Puntuación: 7


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Lo menos que puede decirse sobre LOS PILARES DE LA TIERRA

Con la miniserie Los pilares de la Tierra se labró el terreno para series históricas ambientadas en períodos medievales. Al año siguiente, en 2011, se estrenó la primera temporada de Juego de Tronos. Sin el intento de llevar a la pantalla la obra de Kem Follet, quizás nadie hubiera pensado que las producciones históricas pudieran atraer el favor de la opinión pública. Cuando se emitió la serie en España, Cuatro, un canal generalista que nunca ha sido particularmente proclive a los grandes éxitos, vio como se disparaba su share, alcanzando casi un 23% de cuota de pantalla. Y sin embargo, a partir de cierto punto, la serie difiere completamente de la novela de Follet, hasta el extremo de dejarla prácticamente reconocible.

La trama nos remite a la Inglaterra del siglo XII, un período turbulento y, sin embargo, el período en el que se construyeron las mejores catedrales. Ken Follet, en su momento (1989) escribió una novela de 1.000 páginas situado en este período (llamado “la anarquía inglesa”), situado entre el hundimiento del White Ship y el asesinato de Thomas Becket. La trama sigue la vida de Tom Builder y de su familia, un albañil sin trabajo que va migrando en busca de una gran construcción en la que poder ejercer como maestro de obras. Después de desgracias familiares y de conocer a una extraña mujer y a su hijo que viven en el bosque, llegan a Kingsbridge. Poco después se incendia la catedral y Builder es contratado para reconstruirla. La trama se desarrolla sobre una sucesión interminable de conspiraciones y disputas tácticas entre sectores del clero y la nobleza y entre las peleas entre nobles y clérigos. Después de indecibles peripecias, la catedral termina inaugurándose en medio de la alegría general y de la sensación de que ha terminado el período de la “anarquía inglesa”.

Básicamente, se trata de un culebrón con aspiraciones históricas que satisfará a los amantes de estos géneros, no particularmente exigentes con el rigor histórico. No ya en la adaptación televisiva, sino en la novela de Follet, los rasgos con los que se pinta la Edad Media y, muy en concreto, el oficio del protagonista (no queda muy clara la diferencia entre “albañil” y “maestro de obras”, ni el papel de los gremios). Así pues, al público algo más exigente se le hará muy cuesta arriba el planteamiento de ambos productos, novela y miniserie en los que la vida y la sociedad medievales están adulterados, no sabemos si a efectos del relato o bien, simplemente, porque Follet no trabajó mucho el contexto en el que situaba la narración.

Dejando aparte esta observación clave –Juego de Tronos, al menos no pretende ser “histórica”, sino que todo en la serie es imaginario y, por tanto, irreprochable- cabe decir que en la primera parte, la miniserie se adapta más o menos al relato de Follet. Quizás los personajes se simplifican excesivamente pero, el lector de la novela la reconocerá en los cuatro primeros episodios. En los cuatro siguientes, lo que el espectador verá en el plasma desciende en interés y en ritmo y, si ha leído la novela, comprobará horrorizado que nada se parece ya a lo que ha leído. Y eso, a pesar de que la publicidad de la serie contaba que el propio Follet ejerció como “asesor de producción”.

En cualquier caso, los medios no son excesivos. Falta magnificencia y empaque en la serie. Al final, cuando la catedral se ha concluido, lo que veremos son unos efectos especiales que nadie duda que lo son y que, precisamente por eso, quedan muy fuera de lugar. El retrato queda excesivamente descolorido y el final no remedia la sensación de que falta algo y de que, por mucho que los actores se esfuercen, incluso hasta la sobreactuación, hay algo ausente. Para unos el problema fue el trabajo de adaptación de la novela al plasma, para otros –servidor incluido- es el propio original el que cojea (a fin de cuentas, un bestseller no es una gran obra literaria, es solamente aquello que se ha convertido en líder de ventas gracias al marketing y a la promoción). En cuanto a las actuaciones, como ya hemos dicho, son aceptables, con cierta tendencia a la sobreactuación en los casos de Matthew Macfadyen y de Ian McShane. La fotografía como el montaje, discretos y sometidos a la presión de un presupuesto que no daba para mucho más.

Convencerá a los amantes de los culebrones de barbas y resonancias medievales. Ayudará a recordar a los que hace tiempo recuerdan la novela y tienen presente que les entretuvo. Decepcionará a los amantes de la historia, a los que exigen rigor histórico y a los que, habiéndoles gustado la novela no toleran que se toque ni una coma de su redacción. La serie puede comprarse en DVD o verse fácilmente bajándola en versión castellana a través, preferentemente, de eMule.

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