FICHA

Título original The Pervers’s Guide to Ideology
Título en España: Guía ideológica para pervertidos
Temporadas: documental
Duración episodio: 126 minutos
Año: 2012
Temática: Documental
Subgénero: Análisis social
Resumen: Documental presentado y elaborado por Slavoj Zizek y llevado al cine por Sophie Fiennes. El filósofo mediático dice lo que piensa en voz alta y lo hace aprovechando fragmentos de varias películas de las que extrae la idea de que los sueños y las fantasías generan nuestra visión y nuestra interpretación de la realidad, así como modelan los hábitos sociales.
Actores: documental presenta por Slavoj Zizek y dirigido por Sophie Fiennes,
Lo mejor: el intento de interpretar a la modernidad en función del psicoanálisis y del marxismo.
Lo peor: que tanto psicoanálisis como marxismo son doctrinas elaboradas en el XIX que tuvieron su éxito en el XX y que hoy han sido ampliamente superadas.
Lo más curioso
: La ironía y el sentido del humor intentan paliar la debilidad orgánica del documental
¿Cómo verlo?: Está incluido en la plataforma Filmin. Puede verse en youTube.

Puntuación: 7,5


WEB OFICIAL (en inglés)

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Lo menos que puede decirse sobre GUÍA IDEOLÓGICA PARA PERVERTIDOS

Žižek es el filósofo de moda, especialmente entre el progresismo. El hecho de que desprecie públicamente a sus alumnos, no hace sino atraer más a su cátedra de la New York School of New York. Hay algo en los progres que es puro masoquismo. ¿De qué va  Žižek? Para los que no hayan leído El tratado del saber vivir al uso de las jóvenes generaciones de Raoul Vaneigen o ignoren los textos clásicos de la Internacional Situacionista o La sociedad del espectáculo de Guy Debord, o incluso algunos de los textos de Herbert Marcusse (Eros y la civilización y El hombre unidimensional, en concreto), Žižek es un genio original en su interpretación postmarxista y ha dado en el clavo al insertarla bajo el dominio del psicoanálisis. Porque, tal  es la intención de este documental: postmarxismo psicoanalítico y mediático.

Žižek sabe perfectamente que ni el marxismo, ni el psicoanálisis interesan a las nuevas generaciones. No le importa. Él es un filósofo mediático. Lo que sea que quiera vender, si aspira a tener éxito deberá hacerlo mediante las modernas técnicas que puedan interesar a sus alumnos: presentándolas como comentarios de películas, unas más y otras menos famosas, recurriendo al “espectáculo” y a convertirse él mismo en espectáculo para poder hacerlas más interesantes. Todos estos elementos se encuentran reunidos en este documental, a la vez curioso y entretenido, en donde a veces lo importante no es lo que se dice sino lo que se oculta ¿Y qué se oculta? Que la paternidad de todas estas ideas no pertenece a  Žižek, sino a los situacionistas de hace 50 años años, a los Vaneigen y Debord, con muy pequeñas variaciones.  Afortunadamente para él, las ideasde todos estos pensadores sesenteros se olvidaron con el empobrecimiento cultural que se registró en los años 80 y ahora. Cuarenta años después, alguien como  Žižek, con sentido del espectáculo y perfectamente consciente de lo que buscan las jóvenes generaciones, lo ofrece en pildorillas disueltas en medio de escenas de películas que tuvieron cierto eco en su tiempo.

Habría que recordarle a  Žižek que desde los años 70 se vive el tiempo del “ocaso de las ideologías”. En realidad, los fascismos, más que ideologías ya fueron concepciones del mundo. La ideología es una forma de interpretación de la realidad, la concepción del mundo una actitud ante la vida. Para el marxismo, la ideología es una superestructura que depende de la infraestructura económica que la modela a su gusto y según sus necesidades. Tal es el concepto que utiliza Žižek en el documental, pero añadiendo, como hizo Marcusse en los 60, los restos del psicoanálisis freudiano, en especial su teoría sobre la interpretación de los sueños. Eso es todo y a eso pueden reducirle las dos horas de documental.

Claro está que vender marxismo y freudismo en el siglo XXI es una tarea ardua. Los textos clásicos de ambas doctrinas permanecen en las bibliotecas olvidados, sin apenas ser consultados. Exigen leer mucho y, sobre todo, tener fe en lo que nos dicen sus sumos sacerdotes. No es extraño que hayan quedado muy atrás. De ahí que  Žižek tome el recurso del cine para hacerlo más digerible. De hecho son los clips que selecciona y los comentarios sobre ellos que realiza, lo que da cierto empaque a este documental. Pero, no nos engañemos, a pesar de que se venda como un “documental sobre cine”, lo que su presentador, guionista y protagonista está vendiendo es una aplicación del marxismo y del freudismo en una sociedad que nada tiene que ver con la que conocieron Marx y Freud y muy desfasada en relación a sus teorías. El filósofo exyugoslavo lo único que hace es tratar de recuperar algunos fragmentos y combinarlos con las tesis de Lacan y con los sesenteros ya mencionados.

Como todos los comentaristas de cine, en muchas ocasiones  Žižek comete el error (acaso deliberado) de buscar tres pies al gato: el tiburón que aparece en la película de Spielberg puede ser considerado como “el símbolo del capitalismo depredador” o como el elemento central de una película de suspense, como hubiera podido serlo una araña o una boa. Cualquier película a poco que nos apliquemos puede ser introducida en un contexto “teleológico” que contribuya a demostrar aquello que pretendemos obsesivamente. Sin olvidar que el marketing de ventas es una ciencia y que siempre busca excitar reflejo positivos en torno a su producto (como es el caso de Coca-Cola que  Žižek presenta como “generadora de sueños”). Más interés tienen sus comentarios en torno a Starbuks, acaso dispensadores del aguachirri más discreto que se sirve en lugares públicos y a un precio algo más caro, pero que tranquiliza las conciencias progres al prometer que el 1% de sus ingresos irá a parar a “causas humanitarias”. Žižek se muestra mucho más a gusto criticando a los “progres” (que conoce bien porque él, en el fondo, ha surgido de ese ambiente y es ese ambiente el que le ha encumbrado), pero patina algo más cuando alude a otros sectores de opinión. A veces, incluso, presenta tesis tramposas: la importancia de la música clásica en el Tercer Reich no fue la misma que en la Rusia de Stalin o en la Rodhesia de Ian Smith, como pretende  Žižek. El Himno a la alegría se ha tocado en todas partes, pero no es todas se atribuía la misma importancia a la música clásica. Dos horas dan para muchas de estas triquiñuelas.

Se le puede reprochar al documental que sea algo inorgánico, aunque esto tiene la ventaja de que puede ser visto en forma de clips de youTube de no más de 5 minutos. Si se visiona así, los comentarios parecen más brillantes y precisos que perdidos en dos horas de divagaciones sobre las tres obsesiones de  Žižek: lo real, lo simbólico y lo imaginario, la paradoja y la sorpresa que trata de cuestionar lo que pensábamos sobre tal o cual tema.

En su conjunto, el documental resulta interesante (porque induce a la reflexión), hilarante en algunos momentos, entretenido en otros, brillante esporádicamente. La contrapartida negativa es que doctrinas tocadas y hundidas, marxismos y freudismo, intentan ser reactualizadas y arropadas con rasgos de modernidad-

¿Lo peor? La conclusión a la que llega  Žižek, es que el único fenómeno verdaderamente revolucionario de nuestro tiempo ha sido el capitalismo. Después de mostrarnos manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, la ocupación de Wall Street en 2010, las manifestaciones masivas en Grecia,  de las que dicen que “tienen mucho potencial para el futuro” (a ocho años de distancia no queda nada de todo aquello) nos dice que, por tanto, todo depende de “nuestra voluntad”, que, al menos tiene la honradez de citar por su autor, Walther Benjamin: “Toda revolución, si es una revolución auténtica, no sólo se dirige al futuro, sino que también redime los fracasos de las anteriores revoluciones”… Error grosero: según esto, la guillotina de la Revolución Francesa, luego con los paredones de la Revolución Rusa, más tarde en 1968 con la “nueva izquierda” y hace ya siete años con “los indignados”, movimientos todos estos en los que la consigna ha sido siempre “libertad, igualdad, fraternidad”, revoluciones frustradas todas ellas, deberían legitimarse por una revolución final que triunfase. Y digo yo, ¿y no sería mejor reconocer que ha habido un error con esto de “libertad, igualdad, fraternidad” y estudiar otros caminos más realistas para emprender una vía revolucionaria? Pero el progre –y  Žižek es, a fin de cuentas, un ejemplar de progre, como siempre han existido- se obstina en “mirar hacia adelante” con optimismo y decir, “coño, alguna vez saldrá bien esto de libertad, igualdad, fraternidad”. Demasiada épica para una conclusión tan modesta.

Ah, ¿y el título? Puro marketing de ventas. No sale ningún “pervertido” en sentido estricto, ni está muy clara la perversión a la que alude. Como la Laura Palmer de David Lynch , que todavía no sabemos quién diablos la mató.

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