FICHA

Título original: Heathers
Título en España: Heathers
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 42 minutos.
Año: 2018
Temática: comedia negra
Subgénero: instituto
Resumen: Una chica normal, considerada como una buena alumna en el instituto se une a un grupo problemático dirigido por Chandler Heather, la number one del colegio y pasa a ser uno más de sus acólitos, no sin sufrir conflictos internos, pero temiendo la posibilidad de ser rechazada por el grupo. Estos conflictos se ven, además, salpicados por una serie de asesinatos de alumnos.
Actores: Grace Victoria Cox, James Scully, Melanie Field, Brendan Scannell, Jasmine Mathews, Shannen Doherty, Romel De Silva, Adwin Brown,Annalisa Cochrane,  Jeremy Culhane, Cameron Gellman, Jesse Leigh,Mandy June Turpin, Paige Weldon, Christina Burdette, Joe Don Harris, Maisie de Krassel, Selma Blair, Casey Wilson, Drew Droege,  Jeanetta Arnette,Wallace Langham
Lo mejor: Los tropezones políticamente incorrectos que aparecen constantemente.
Lo peor: Algunas de las frases remiten a episodios y personajes de los EEUU desconocidos en España.
Lo más curioso
: puede considerarse un remake de Escuela de Jóvenes Asesinos.
¿Cómo verlo?: Ha sido estrenada por HBO el 11 de julio de 2017. Puede bajarse a través de emule.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre THE STAIRCASE

En 1988 se estrenó la comedia negra Escuela de jóvenes asesinos protagonizada por Winona Ryder y Christian Slater. La serie nos mostraba algunos de los arquetipos de la juventud norteamericana de la época: la chica bulímica, una cheersleader, la manipuladora. A partir de la llegada de un nuevo alumno se producían una serie de crímenes. Realizada en tono de comedia negra juvenil, la película fue un fracaso comercial a pesar de que la crítica la ensalzara y recibiera algunos premios. Quizás por esto, en 2010 la transformaron en musical y seis años después empezó a acariciarse su transformación en la serie que ha estrenado en España HBO.

Lo esencial del largometraje se mantiene incólume, sólo variará la orientación de algunos de los protagonistas: “Verónica Sawyer” seguirá siendo la niña estudiosa y correcta, en absoluto problemática, que busca especialmente no ser rechazada y que siente instintiva fascinación por “Jason Dean”, el nuevo alumno, políticamente correcto, crítico impenitente de la modernidad y de la corrección política. “Heather Chandler” pasa a ser una líder del instituto, con sobrepeso, popular en redes sociales y que vive para la proyección de su imagen, sus adláteres, “Heather Duke”, el alumno travestido y feminizado con identidad sexual dubitativa y “Heather Macnamara” que se abre las venas y luego se sienta en el sofá entre sus padres (que ni siquiera desvían la mirada de la televisión…). Capítulo aparte, extremadamente significativo, es la sala de profesores del instituto compuesta por un director de poco carácter anglosajón, un entrenador heterosexual, un director de arte anglosajón homosexual, un negro sin nada que decir, una oriental y una anglosajona obsesionada con la corrección política y los temas del feminismo de vanguardia.

Porque la película, a pesar de sus muchos y reiterados giros de humor, de aparentar ser una de las muchísimas series y largometrajes “de institutos y adolescentes” empinados de hormonas, de su barniz de fatua comedia negra, todo ello sirve solamente para ironizar sobre lo absurdo de la corrección política y sobre su tiranía. Hacía falta una serie de este tipo que fuera insultante hacia la ideología dominante en este momento crepuscular de la modernidad. De hecho, ver la matriz original de 1988 y la serie de 2018, muestra cómo han cambiado los problemas de la juventud y sus orientaciones. Desde el primer episodio de la serie, los hábitos de la juventud son descritos de manera inmisericorde, especialmente esa tendencia a buscar los “likes” en las redes sociales. Particularmente hirientes son los comentarios sobre minorías étnicas o sobre hábitos sexuales, la búsqueda de la popularidad y el horror por el rechazo, la admiración que generan “los populares” y el temor que se les tiene a enfrentarse a ellos. La lucha entre querer tener un rostro propio (lo que, en rigor, supone “tener personalidad”) y el miedo a enfrentarse a individualidades que viven instalados en el cultivo permanente del “look”.

El papel de los padres es también denunciado en la serie: no solamente su mundo es muy diferente del de los hijos, sino que éstos parecen importarles muy poco. Son adornos necesarios implícitos en una vida social convencional y burguesa, pero merecen menos atención que las mascotas. Y en cuanto a los profesores de instituto, las obsesiones de cada uno de ellos, demuestra que en los centros de enseñanza se ha perdido el recuerdo de que, en otro tiempo, su misión fue la transferencia del saber.

Los profesores de la serie aparecen como un conjunto de individualidades carentes por completo de una “misión” y de “esprit de corps”, incapaces de otra cosa más de que transferir a los alumnos sus propias neurosis. Lo que nos está planteando esta serie, en clave de humor negro, es la inviabilidad de una sociedad así concebida: adolescentes inmaduros que seguirán siéndolo cuando cumplan 50 años, padres robotizados y desconectados de sus hijos, hijos conectados solamente a redes sociales, marco educativo degradado e incapaz de cumplir su misión, alumnos temerosos de no figurar en el banco “correcto”, incapaces de tener y mostrar personalidad propia, de soportar el rechazo que implica muerte social, olvido y oscuridad.

La serie no ha sido aceptada en los EEUU y ha sido extremadamente pulverizada por la crítica profesional… Los elogios han sido pocos y tampoco ha sido un éxito de público. Y, sin embargo, la serie es buena: los intérpretes, rostros desconocidos, encajan perfectamente con sus personajes y, a pesar de su juventud, realizan un trabajo correcto. La gama de colores de la fotografía acompaña perfectamente a las escenas: pasteloso en las tomas generales de los alumnos y en sus habitaciones en los hogares paternos, el vestuario es también notable por lo que tiene de kitsch, extravagante y excéntrico. Y, en cuanto al guión, los giros de humor no siempre pueden ser entendidos por el público español, por su vinculación a la actualidad y a la sociedad de los EEUU, pero tienen un buen nivel de comicidad. ¿Qué es pues lo que molesta a la crítica? Precisamente, todo aquello que esta serie exalta: lo políticamente incorrecto, la ruptura con lo convencional que puede sintetizarse en esta frase de una de las protagonistas: “Hoy, lo normal es lo revolucionario”. Utilizando otra de estas frases esparcidas en la serie, podría decirse que otras “series juveniles” son frente a esta, tan sosas como un yougur con quinoa…

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