FICHA

Título originalNovember 13: Attack on Paris
Título en España: 13 de noviembre atentados en parís
Temporadas: 1 (3 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2018
Temática: Documental
Subgénero: Terrorismo yihadista
Resumen: El 13 de noviembre de 2015 tuvieron lugar en París los ataques del terrorismo yihadista que culminaron con la masacre de la sala de fiestas Bataclan. Aquellos ataques generaron 130 muertos, el doble de heridos graves y casi un millar de heridos leves. En este documental, distintos testimonios de ciudadanos que fueron testigos presenciales, de mandos de la policía y de políticos, dan su testimonio de cómo vivieron aquellas fechas.
Actores: documental con testigos reales.
Lo mejor: Una aproximación humana a aquella trágica jornada.
Lo peor: No se dice absolutamente una palabra sobre la naturaleza, la ideología y el carácter de los terroristas
Lo más curioso
: A pesar de estar rodado en Francia y de que todos los testimonios son franceses, se trata de una co-producción franco-norteamericana
¿Cómo verlo?: Emitida actualmente por Netflix.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre 13 DE NOVIEMBRE ATENTADOS DE PARIS

Gédéon Naudet y Jules Naudet son cineastas norteamericanos nacidos en Francia y de origen francés que se hicieron, sobre todo, conocidos por su documental sobre los ataques del 11-S en Nueva York. En efecto, casualmente, se encontraban realizando un documnental sobre los bomberos de Nueva York, cuando oyeron a un avión volar bajo, sobre sus cabezas. Era la señal de que algo iba mal: difícilmente un reactor de pasajeros podía volar a esa altura en una zona de la ciudad plagada de rascacielos. Ellos fueron los autores de aquella primera toma del avión, realizada a pie de calle, en la que se veía pasar al avión que pocos segundos después se estrellaría sobre la Torre Norte del WTC. Luego, acompañaron a los bomberos a prestar los primeros auxilio en el interior del edificio aún no derrumbado e iluminaron con el foco de su cámara algunas zonas para que los bomberos pudieran evacuar a los heridos. Todo el material reunido se editó, junto a distintos testimonios, se le dio formato de documental y se lanzó un año después de los ataques, con el título de 9/11, producido para televisión. Después de eso realizaron varios documentales de carácter político en los EEUU y la CIA les permitió acceder a sus instalaciones y rodar un amplio documental, Spymasters: CIA in the Crosshairs (2015) que ha precedido a esta miniserie en tres episodios que nos ha ofrecido Netflix desde el 1 de junio de 2018: 13 de Noviembre: Atentados en París.

Hay que decir que los hermanos Naudet suelen dar a sus documentales “calor humano” y que este elemento es el que destaca por encima de todos. Podría añadirse también que siempre se muestran impermeables a las versiones críticas de los atentados y que se limitan a seguir lo que les dicen los testigos y lo que proclama la “versión oficial” y es por esto, seguramente, por lo que han podido seguir realizando documentales de buena factura, pero extremadamente convencionales en cuanto a su forma y a su contenido. Hay que decir que, antes del 11-S de 2001 solamente habían rodado un intrascendente documental sobre jóvenes boxeadores del Bronx.

Si hemos destacado estas características es para entender porqué también en el caso de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, el documental que han producido se mantiene dentro de una constante “humana” que constituye el único y gran interés de las tres entrergas. La cantidad y naturaleza de los testimonios resulta en algunos momentos estremecedora porque se trata de gentes que salvaron la vida por los pelos, estuvieron en contacto directo con los terroristas y, a pesar de mantener la lucidez, al parecer todos ellos están siendo tratados del “síndrome de estrés post-traumático. Se da el caso de que el jefe de la unidad de intervención que liquidó a los tres terroristas que irrumpieron en la Sala Bataclan, luego tuvo que buscar a un amigo de la familia entre los muertos. Él mismo nos describió una escena conmovedora: la sala a oscuras, llena de muertos, con ríos de sangre, el olor irritante de la pólvora, el olor del sudor y el aroma dulzarrón de la sangre, y como trasfondo sonoro, teléfonos móviles aquí y allí que sonaban y cuyo sonido era el indicativo de familiares preocupados por las noticias y que querían saber el estado de sus seres queridos…

Bien por este aspecto del documental que nos acerca, nuevamente, al drama de las víctimas de una operación terrorista. Bien por el ritmo narrativo. Bien por la selección de entrevistados, cada una de ellos aportando un testimonio importante para la comprensión de su estado de ánimo y de cómo se sucedieron los hechos. Pero mal, absolutamente muy mal, hasta el suspenso por el carácter generalista de lo narrado: en ningún momento se va más allá del “interés humano”, no se describe ni la naturaleza del atentado, ni el origen del comando: hubieran podido ser terroristas del IRA, sicarios de ETA, un grupo armado fascista o supervivientes de las Brigadas Rojas: en ningún momento se nos habla de la naturaleza yihadista del crimen, de que sus miembros se “inmolaron” en nombre de Alá y lo hicieron gritando “Allá akbar”… y eso es lo que hace que, a fin de cuentas, sepamos que se han producido 130 asesinatos ¡pero los 15 minutos del documental terminen sin habernos aportado absolutamente ninguna luz, ni el más mínimo detalle que nos permita deducir qué tenía en la mente los que apretaron los gatillos de los AK-47 o los detonadores de los explosivos.

Es evidente que ningún alma sensible, ni ninguna persona con dos dedos de frente, puede compartir en Europa la mentalidad de los asesinos y que toda Europa, sin distinciones de ideología, credo, clase social, lamentó y condenó estos atentados. Así pues, disponer de algunos de talles más sobre cómo se produjo la película de los hechos, siempre puede ser interesante para viajar al final del horror de un crimen de esta naturaleza, pero hubiéramos deseado ver algo más: saber, en concreto, quién y por qué, mató a 130 personas con una frialdad absoluto.

Documentales como éste resultan hemipléjicos: ayudan a entender el 50% del problema (la visión de las víctimas), pero no el otro 50% (el porqué se les ha asesinado). Y, si nos fijamos, esta es la “política oficial” ante el terrorismo yihadista protagonizado por las franjas más radicales del fundamentalismo islámico. En definitiva: además de denunciar lo que merece ser denunciado y lo ya denunciado, este documental hubiera podido dar alguna pincelada -no le pedimos más- sobre el origen, las causas y los responsables del mismo. Y es que lo que los autores del documental han logrado con él es que, una vez más, los árboles no hayan dejado  ver el bosque.

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