FICHA

Título originalMatar al padre
Título en España: Matar al padre
Temporadas: 1 (4 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2018
Temática: Comedia
Subgénero: Familiar
Resumen: Barcelona, 1996. Se han producido algunos enriquecimientos rápidos como el del abogado Jacobo Vidal, padre divorciado y con dos hijos. Un hombre que le gusta planificar su vida y la de los de su entorno. Pero, obviamente, las cosas no salen nunca como se han planificado. Cuando llega la crisis económica hace tiempo que ya está convencido de que la vida se le ha torcido y que sus hijos no están a la altura del futuro que había planificado para ellos.
Actores: Gonzalo de Castro, Paulina García, Marcel Borrás, Greta Fernández, Pol López, Leonardo Salerni, Jordi Pérez, Rachel Lascar.
Lo mejor: el equipo que la protagoniza ha hecho un buen trabajo.
Lo peor: la serie es demasiado mini para que pueda intuirse si ha agotado todas sus posibilidades
Lo más curioso
: la directora, Mar Coll, es a la vez guionista de la miniserie
¿Cómo verlo?: Emitida a través de la plataforma Movistar, Puede bajarse mediante programas P2P.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre MATAR AL PADRE

Mar Coll nació en Barcelona y en 2009 dirigió su primer largometraje (Tres días con la familia) que alcanzó un éxito notable y el favor de la crítica. Era un drama familiar que luego repitió en Todos queremos lo mejor para ella que tuvo el mismo resultado. Ahora, vuelve a abordar la temática familiar en esta miniserie de cuatro episodios realizada para Movistar+ en clave de comedia y situada en esa Barcelona crepuscular concebida para el turismo y cada vez más desagradable para sus habitantes.

El protagonista es Jacobo Vidal (Gonzalo de Castro), un abogado que goza de un buen estatus profesional y parece haber sido uno de los beneficiarios de la riada de dinero que entró en la ciudad con las Olimpiadas del 92. Él supo invertir y espera poder ofrecer a sus hijos un porvenir esplendoroso que ha planificado de antemano. Pero las cosas no suelen salir como se planifican. Su hijo, un buen estudiante, bruscamente renuncia a cursar estudios de arquitectura y le da por irse al Chad siguiendo a una novieta inestable. Aquello queda en nada, por supuesto, pero el hijo a lo largo de todo ese período va pasando de un trabajo inestable a otro y la mayor parte del tiempo parece emplearla en sus actividades como ni-ni y, en cualquier caso, como discapacitado psicológico. Su hermana, opta por estudiar filosofía en París y es la habitual adolescente displicente, malcarada, intratable con sus padres y frecuentemente cabreada. La segunda esposa de Jacobo, psiquiatra argentina que, a su vez, precisa ayuda psicológica tiende a sobreproteger a sus hijos y en cuanto a Jacobo Vidal se trata de un hombre chapado a la antigua, autoritario y previsor, obsesivo y convencido de que sus hijos deben ser más duros para poder afrontar el mundo hostil en el que un día u otro se encontrarán solo.

En los cuatro episodios, vemos la evolución de todos estos personajes en lo que constituye una auténtica familia disfuncional: niños demasiado bien tratados por la vida y padres que, en mayor o menor grado, no están a la altura de las circunstancias. Eso es lo que vamos a ver y que, quizás, conozcamos porque se han producido fenómenos similares en nuestro propio entorno.

La serie ha sido recibida con “división de opiniones” por parte de la crítica. Claro está que hoy las críticas se realizan más en función del canal en el que se emiten y de las leyes de la competencia que de su calidad intrínseca. Lo cierto es que la serie no es en absoluto original en lo relativo a su temática: es una serie sobre una familia de clase media barcelonesa instalada en la ciudad postolímpica. Cualquiera que haya vivido en esa ciudad y conocido ligeramente ese medio sabe que historias como ésta ha habido a miles. Así pues, lo que para unos es falta de originalidad, para otros es el intento de extraer una serie tragicómica de la realidad cotidiana. Y, si era eso lo que se pretendía, hay que reconocer que el resultado ha sido positivo, por mucho que haya recibido algunas críticas especializadas negativas.

Cabe destacar, inicialmente, el papel de todo el cuadro de actores y, particularmente, de Gonzalo de Castro como padre de familia inestable al frente de una familia disfuncional. Pero sería absurdo no elogiar también al resto de actores que cumplen con creces en sus papeles respectivos.

Los cuatro episodios se ven rápidamente y consiguen su efecto: interesar primero y entretener después. Queda el regusto amargo de saber qué exactamente es lo que nos ha querido decir la guionista-directora. Habitualmente, las críticas e incluso la publicidad de la cadena emisora se basan en la figura del padre como “autoritario, despótico, obsesivo y disfuncional”, adjetivos que se repiten siempre a la hora de hablar de esta serie. Sin embargo, para quien la haya visto resulta evidente que los hijos –especialmente el varón– están faltos de personalidad, es un veleta sin carácter, psicológicamente frágil y, tal como teme su padre, poco competitivo en la sociedad moderna. Así pues, las valoraciones finales pueden variar, pero lo que está más claro es que se trata de una familia como ha habido muchas entre la clase media acomodada barcelonesa. Y solamente por haber recogido fielmente el arquetipo, merecería verse.

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