FICHA

Título originalWild Wild Country
Título en España: Wild Wild Country
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2018
Temática: Documental
Subgénero: Sectas
Resumen: El establecimiento de la secta del gurú en un lugar perdido de Oregón generó curiosidad primero, desconfianza después y oposición finalmente a los lugareños. Se trataba de la secta dirigida por Osho (Bhagwan Rasjneesh) y de sus neo-sanyasines. Pronto la secta empezó a imponer sus criterios y a enfrentarse con las autoridades generando un complicado proceso para pararles los pies y expulsar a Osho de los EEUU .
Actores: los protagonistas de los acontecimientos que se narran.
Lo mejor: Una radiografía al universo de las sectas y de ésta en concreto.
Lo peor: La percepción del poder de las sectas.
Lo más curioso
: La secta OSHO protestó por el documental y cargó las tintas contra los disidentes.
¿Cómo verlo?: Emitida actualmente por Netflix, Puede bajarse mediante programas P2P.

Puntuación: 8

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Lo menos que puede decirse sobre WILD WILD COUNTRY

Osho no fue el primer gurú llegado de la India que sedujo a unos cuantos miles de occidentales. Cuando empezó a oírse hablar de él, todavía estaba vivo el recuerdo de Maharishi Maresh Yogui, el gurú de los Beatles que rompieron finalmente con él. Todos vendías “sabiduría oriental para occidentales”. El fenómeno en la actualidad sigue vigente y, de tanto en tanto aparece alguno más de estos curiosos personajes: Sai Baba, Rampal, Sry Chimoy, Mata Amritanandamayi, herederos de Sarasvati, Khrisnamurti, Yogananda, etc. Todos tuvieron –y están teniendo- más o menos éxito y todos, sin excepción, en su país de origen eran ampliamente criticados como propagadores de unas doctrinas tradicionales adulteradas.  Osho, sobre el que tratan las seis entregas de este extraordinario documental, figura entre los más polémicos y que tuvieron mayor audiencia.

El documental no se preocupa apenas por el contenido de las doctrinas de Osho. No era ningún ignorante: profesor de filosofía, sabía dar clases y era un lector empedernido. Estuvo en la India hasta que se dio cuenta de que, adaptando sus doctrinas, podía tener mucho más éxito en Occidente. Contrariamente a otros gurús, no estigmatizaba al capitalismo, sino que proponía su “buen uso”. Lo que le hizo pasar a la historia, no fueron sus enseñanzas, sino más bien su colección de veinte Rolls Royce y el reloj de diamantes valorado en un millón de dólares que le regalaron sus partidarios de Hollywood. Murió prematuramente en 1990 cuanbdo apenas contaba con 58 años y cuando su secta había entrado en crisis y sufrido problemas internos y sido objeto de varias demandas. Tras huir de los EEUU, veintiún países le negaron la entrada por lo que se vio obligado a establecer su ashram en Poona donde falleció poco después. En este tipo de organizaciones nunca se sabe quién es el culpable de los delitos de los que fueron imputados él y sus seguidores: es posible que fueran algunos seguidores particularmente fanáticos los responsables de un “ataque bioterrorista en 1984”, pero nunca se sabrá hasta qué punto fueron impulsados por el líder de la secta. Y otro tanto puede decirse del resto de delitos que incluían inmigración ilegal, presiones, delitos económicos e intentos de asesinato.

El documental tiene un ritmo extraordinario. Se basa en los testimonios de los protagonistas y en las filmaciones  procedentes de la época en la que ocurrieron los hechos descritos. Hay tres tipos de testimonios: los de los lugareños del valle de Oregón en el que se establecieron, los líderes que dirigían la secta al fundar este ashram y que posteriormente se escindieron o bien permanecieron hasta el final junto a Osho y los de los oficiales de policía y fiscales que procedieron contra la secta. En su conjunto, el documental resulta, sorprendente por una parte (mucho más inesperado que la mayoría de películas y series que se proyectan hoy) y, por otra, estremecedor.

¿Qué la falta al documental? No hubiera estado de más un resumen de las doctrinas difundidas por Osho o una descripción de la vida en el interior del ashram. Pero, seis entregas de prácticamente una hora de duración son suficientes como para que nos podamos hacer una idea de lo que fue aquello. Es evidente que algunos de los entrevistados se preocupaban especialmente de justificar lo que hicieron hace treinta años y que, en realidad, tuvo aspectos poco edificantes. Hay testimonios más razonables y a la vez otros que evidencian fanatismo y resentimiento. Las culpas se cargan sobre la que fue secretaria personal de Osho en esa época, Sheela, que, efectivamente, aparece como la habitual fiel fanática de este tipo de grupos, más papista que el papa… y, por tanto, peligrosa, especialmente a partir de encontrarse con dificultades para afrontar al Estado y a la competencia interior del “sector de Hollywood”.

Un muy buen documental, que aconsejamos ver, en especial porque ninguna de las partes, absolutamente ninguna queda bien parada. Ni los granjeros de la “América profunda”, ni los neo-sanyashines del seudo ashram, ni el propio gurú, ni la mayor parte de sus brazos derechos aparecen como personas razonables con las que usted o yo podríamos jugar una partida de dominó, sino antes bien, como individuos aferrados a unas pocas convicciones esquemáticas más allá de las cuales no existía nada a compartir.

La serie puede extrapolarse para un estudio de las sectas en general. El fenómeno sectario no ha desaparecido todavía, se ha, quizás, redimensionado, pero está ahí. Una secta está allí cuando alguien es incapaz de ejercer el pensamiento lógico y la racionalidad y se cerebro está limitado a un horizonte intelectual excepcionalmente restringido y reducido a los principios fundamentales de la secta. Seria, pues, para los que tienen tentaciones de este tipo. Serie para los que gustas de los documentales (este es de los buenos), serie para los que quieren oir a todas las partes antes de pronunciarse. Sería, en definitiva, para los que, aún hoy, siguen creyendo que “OSHO” es sinónimo de “paz y amor”. Serie para los que quieran apreciar la irracionalidad de nuestro tiempo.

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