FICHA

Título originalO Mecanismo
Título en España: Túnel de Corrupción
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2018
Temática: Drama
Subgénero: Político
Resumen: Un pequeño grupo de policías investigan la corrupción en Brasil y las colusiones entre la gran empresa (especialmente Petrobras) y la clase política. Pero el policía que llevaba el caso es destituido y termina con depresión. Sin embargo, la investigación sigue y finalmente logra aclarar la financiación ilegal de partidos políticos por parte de una trama mafiosa-empresarial
Actores: Selton Mello, Caroline Abras, Alessandra Colassanti, Enrique Diaz, Jonathan Haagensen, Leonardo Medeiros, Otto Jr., Suzana Ribeiro, Antonio Saboia, Lee Taylor.
Lo mejor: lo presentado en la serie no difiere mucho de la investigación policial concretada en la Operaçao Lava Jato.
Lo peor: Selton Mello sobreactúa excesivamente.
Lo más curioso
: La serie producida por Netflix se estrenó mundialmente el 23 de marzo de 2018.
¿Cómo verlo?: Emitida actualmente por Netflix, Puede bajarse mediante programas P2P.

Puntuación: 7

PROMO (en portugués, subtitulado en castellano)

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Lo menos que puede decirse sobre TÚNEL DE CORRUPCIÓN

La operación Lava Jato llevó a la cárcel a varios empresarios y políticos brasileños el 2014, constituyendo el mayor escándalo de corrupción en América Latina. El nombre de la operación deriva del servicio de cambio de moneda y transferencia de dinero en el que se encontraba la dirección de mafiosa. Se blanqueaba dinero y se hacía llegar a políticos concretos durante el período de gobierno de Dilma Rousseff, antigua presidenta de la junta de Petrobras entre 2003 y 2010. La Rousseff, que luego fue sucesora de Lula Da Silva, al frente del Estado brasileño, fue durante casi 10 años presidente de Petrobras, la gestora de petróleos implicada en el escándalo. Buena parte de los partidos brasileños se vieron afectados por la operación, pero muy especialmente el Partido de los Trabajadores, esto es, la izquierda brasila, en los períodos Lula y Rousseff. El 4 de marzo de 2016, el ex presidente Lula da Silva fue detenido e interrogada y su casa registrada. Así pues, se trató del mayor escándalo de corrupción y Netflix lo único que se ha limitado es a cambiar los personajes, pero las situaciones y las características de la investigación policial difieren poco e incluso son fácilmente identificables por los que siguieron los entresijos de aquella operación de lucha contra la corrupción.

La serie nos muestra a un grupo mafioso, perfectamente conectado con sectores de la policía y de la magistratura y que cuenta con el apoyo de parte de la clase política. Su misión consiste en reciclar dinero negro procedente de financiaciones ilegales a los partidos. El dinero reaparecía luego en forma de pequeñas donaciones realizadas por testaferros, a menudo auténticos indigentes. La sede está –como efectivamente así ocurrió en la realidad- en una oficina de cambios situada en las inmediaciones de una gasolinera y sobre una lavandería.

Un policía consciente de su misión está tras el grupo mafioso, sin embargo, cuando actúa y detiene a uno de los empresarios considerado como el jefe de la banda mafiosa, ve horrorizado que el corrupto sale poco después en libertad y que sus superiores le desvían hacia otras tareas. Está casado y tiene una hija con problemas psicológicos; a raíz del trato recibido caerá en una depresión y terminará intentando suicidarse. Sobrevive y sigue por su cuenta la investigación apoyado por sus antiguos colegas: un pequeño grupo de tres policías: su enérgica sucesora, un policía honesto pero con poca experiencia y un contable brillante que informa directamente al policía depresivo, continúan la investigación y mantienen controlados los teléfonos de la banda mafiosa que, cada jueves, destruye las tarjetas del móvil e introduce otras, en una técnica aprendida de los narcos colombianos.

Poco a poco, el cerco se va estrechando y los policías van venciendo todo tipo de obstáculos, empezando por la corrupción que ha anidado en las propias redes del Estado, de la policía y de la magistratura. El final es relativamente esperanzador: el mensaje es que, contra la corrupción se debe y se puede actuar, por difícil que sea…

La serie tiene una voz en off que la va narrando con una técnica y un lenguaje próximo y cotidiano, al estilo del que ya vimos en la serie Narcos. Ahora bien, la serie es mucho más rápida y menos cuidada que Narcos, el ambiente brasileño de hace diez años, ha sido reconstruido y todo lo que puede verse en ella es correcto: buenas interpretaciones, buena ambientación, buen ritmo narrativo, mantenimiento de la tensión y del suspense,  pero todo ello con unos medios visiblemente más limitados. No es una película de acción, a diferencia, una vez más, de Narcos, es la historia de una investigación que está bien contada. Quizás el único “pero” que podría alegarse es que el protagonista de los primeros episodios, Selton Mello, tiene una tendencia a la sobreactuación, carcajadas extemporáneas, reacciones poco comprensibles, e incluso la guionización de su papel no es excesivamente convincente y faltan motivos para completar el perfil psicológico del policía que termina suicidándose.

La serie contiene elementos de ficción y otros reales. Es difícil enumerar unos y otros si no se ha estado al corriente de la política brasileña en los últimos veinte años. Por pudor, el nombre del “Partido del Trabajo” (al que pertenecen Rousseff y Lula), se cambio por “Partido Operario” y “Petrobras” aparece como “Petrobrasil”. Existió “O Mago”, en el Brasil real, un antiguo ministro de justicia, Marcio Thomaz Bastos, el “hombre influyente” que, en la práctica, no dirige, pero si coordina al cartel corrupto. Lula fue condenado por cinco delitos relacionados con “Lava Jato”. Existió un policía llamado Gerson Machado que en la serie es “Marco Rufo”, prejubilado a los 49 años y que cayói víctima de la depresión. También es cierto que el policía en cuestión y el encargado de lavar el dinero, “Roberto Ibrahím” (Alberto Youssef, en el caso real), habían nacido en la misma población y rivalizaban desde niños. Dilma Rousseff aparece con el nombre de “Janete Ruscov” y Lula Da Silva, como “Joao Higinio”… Los paralelismos podrían extenderse hasta la saciedad.

El clímax de la serie se alcanza cuando, a causa de una avería banal en la canalización de agua, el policía depresivo percibe que también a ese nivel existe corrupción: es como una imagen fractal, que en cada nivel se reproduce la misma figura una y otra vez. Empresas subvencionadas con dinero público que obtienen contratos del Estado falseando las licitaciones y alimentan con ello la compra de políticos, encargados de otorgar estos contratos, excluyendo a terceros que, seguramente, ofrecerían contratos más ventajosos: tal es la actuación como “cartel” que llevaron a cabo las 13 empresas… Cabría decir que, superando las fronteras de Brasil, el mismo esquema se reproduce en cualquier otro país de este globo.

Brasil no sale muy bien parado en la serie: se respira un evidente aroma pesimista y la convicción de que Brasil es así y no cambiará jamás. De todas formas, el hecho de que en el último episodio de la banda mafiosa quede libre uno de sus miembros, justifica una segunda temporada… que sin duda veremos antes de un año.

La serie es, en cualquier caso, interesante y cumple las exigencias mínimas de cualquier serie de investigación. Pertenece al género político. Es importante tener en cuenta esta clasificación, especialmente porque nada de lo que se está hablando en Túnel de Corrupción es desconocido en España. Así pues, la serie es especialmente recomendada para los interesados por las temáticas políticas y en las investigaciones policiales realmente existentes.

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