FICHA

Título originalBlack Lightning
Título en España: Black Lightning
Temporadas: 1 (13 episodios)
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2018
Temática: Ciencia Ficción
Subgénero: Superhéroes
Resumen: Un superhéroe que lleva varios años retirado para evitar poner en peligro a su familia, vuelve otra vez a vestir el uniforme de superhéroe a la vista de que la criminalidad ha aumentado en su barrio.
Actores: Cress Williams, China Anne McClain, Christine Adams, Nafessa Williams, Dabier, Kwajalyn Brown, Tim J. Smith, Hal Whiteside, Jason Elwood Hanna, Brittany Kelly, Allen DeBerry, Marvin “Krondon” Jones III.
Lo mejor: El intento de dar al superhéroe “conciencia social”.
Lo peor: Ininteligible más allá de los guetos negros de los EEUU.
Lo más curioso
: La serie está basada en un personaje de la DC Comics que aparece desde 1997 creado por Tony Isabella y dibujado por Trevor von Eeden.
¿Cómo verlo?: Es emitida en España a través de Netflix, puede ser bajada mediante programas P2P.

Puntuación: 5,5

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Lo menos que puede decirse sobre BLACK LIGHTNING

Superman es un extraterrestre… blanco. Batman y Robin, nacidos en este planeta, son igualmente caucásicos. Flash, Arrow, Daredevil y su spin-off The Punisher, Wonder Woman, Supergirl y, naturalmente, Thor, que además de ser, como todos los anteriores, blanco, es, de paso, germánico… Hasta El Gran Héroe Americano lo es. Parece normal que otras razas no se hayan sentido identificados con estos superhéroes. Así que, parece normal que otras razas reivindiquen también héroes propios, a la vista del viejo adagio de que “lo semejante se reconoce en lo semejante”. Los primeros en tener lo más parecido a un superhéroe fueron los amarillos, pero en un plano muy secundario y subordinado al protagonista (era su chófer), como siempre, blanco. Claro está que aquella serie, El Avispón Verde, era de finales de los sesenta y todavía quedaba mucho camino por cubrir en esto de la igualdad. Bruce Lee, eso sí, ejerció sus habilidades en artes marciales por primera vez en en esa serie.

El caso es que en el siglo XXI, no estamos muy seguros de si es por cuestiones de igualdad étnica o por simple segmentación de los mercados, el caso es que los showrunners se han fijado en que existía un hueco en el mundo de los superhéroes en especial para la comunidad negra. A diferencia de las series japonesas y en especial coreanas, que llegan hasta nosotros a través el catálogo de Netflix y a través de las que se exportan superhéroes amarillos, las cinematografías de los países con mayoría étnica negra, no han estado en condiciones de elaborar ninguna serie que tenga a uno de su comunidad como protagonista. Sin embargo, la población negra de los EEUU asciende en estos momentos al 13% del total, esto es, en torno a 40.000.000 de habitantes, lo que representa un segmento de mercado específico.

Así pues, la serie Black Lightning es una serie elaborada para satisfacer la supuesta ansia de la población de afroamericana de los EEUU de tener a un superhéroe con el que puedan identificarse. Esta (y otras series similares, Luke Cage, incluido en el grupo The Defenders) aparecen en un momento en el que el mundo del cómic (hay registrados nueve superhéroes de origen africano) y algunos largometrajes (Blade) habían demostrado la viabilidad del proyecto.

Como todo Superhéroe, Black Lightning tiene su drama personal: se trata de Jefferson Pierce, un antiguo atleta olímpico, residente en un barrio de Metrópolis, cuyo padre, un periodista famoso, había sido asesinado. Un amigo de la familia y sastre, Peter Gambi, le había enseñado a utilizar sus “poderes metahumanos” para ayudar al vecindario y liberarlo de la plaga de delincuencia que se abatía sobre él. La delincuencia está organizada por la banda de “los 100”. Sus poderes son especialmente electromagnéticos. Pero de todo esto ya hace mucho. Cuando se casa y tiene hijos, llega a la conclusión de que la única forma de que preservar la integridad de su familia es alejándose de la lucha contra la delincuencia. Han pasado nueve años, cuando se inicia de nuevo la trama. Un incidente en el que la policía detiene el coche en el que viaja con su familia es el detonante para que nuevamente vuelve a vestir el uniforme de superhéroe y siga con su lucha sin perdón contra la delincuencia utilizando sus poderes eléctricos…

Sobre estas líneas argumentales se construye esta serie. Para aceptarla, en principio, en los EEUU, uno debería de pertenecer al segmento de población para el que ha sido diseñada, es decir, ser miembro joven de la comunidad afroamericana con interés por el mundo de los superhéroes. En España bastará con ser un fanático de los superhéroes. Decimos fanático, por no decir freaky, que tienen connotaciones todavía más negativas.

Se trata de una serie liviana, servida por Netflix semanalmente, que en los EEUU ha tenido buena acogía pero que en España es difícil que la vean más allá de unos pocos miles de espectadores. La narración nos queda demasiado lejos para poder apreciar su mensaje; allí, los críticos han sabido apreciarla como lo que es: un mero entrenamiento que aspira a dar a un sector de la población muy específico unos mitos pop con los que identificarse sin dificultades.

Con este tipo de series nacidas para segmentos concretos de población hay que tener mucho cuidado a la hora de valorarlas: si uno no pertenece a ese segmento para el que han sido diseñadas, costará apreciar sus cualidades. Si hacemos abstracción de esto, lo que veremos es una serie realizada para un público poco exigente, que traslada un super-héroe de segunda fila para la pequeña pantalla, sin lograr dar a la historia gran interés ni relevancia. En particular, el primer episodio es decepcionante y demoledor para proseguir visionándola (a lo que se une el problema añadido de las entregas semanales de Netflix que tenderá a reducir aún más el número de espectadores). Es una serie que dentro de un año será solamente un título más que solamente recordarán los becarios que hagan listas de series de super-héroes.

Los actores son desconocidos, los diálogos y las situaciones plagadas de estereotipos y carente por completo de chispa. Si no merece un suspenso es porque lo esencial del presupuesto ha ido al departamento de efectos especiales. La sobredosis de acción no basta para hacernos olvidar que carece de elementos innovadores y todo lo que nos muestra es terreno ya trillado previamente por series de todo tipo.

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