FICHA

Título originalRotten
Título en España: Podredumbre
Temporadas: 1 (6 episodios)
Duración episodio: 45- 55 minutos.
Año: 2018
Temática: documental
Subgénero: alimentación
Resumen: Seis sectores de la industria alimentaria de los EEUU que, en la actualidad se encuentran en crisis a causa de la globalización y de problemas muy concretos que son analizados con cierta profundidad. La conclusión es que cada vez podemos fiarnos menos de lo que comemos y que las alternativas no siempre están claras, ni siquiera existen.
Protagonistas: Documental con testimonios de empresarios, empleados, técnicos y ecologistas.
Lo mejor: Visión poliédrica de la crisis en seis sectores diferentes de la industria alimentaria.
Lo peor: Cierta ambigüedad en el tratamiento de algunos temas y el que el espectador se queda con la sensación de impotencia.
Lo más curioso
: La serie se ha estrenado universalmente en 2018.
¿Cómo verlo?: Emitido en España por Netflix; puede ser bajado mediante programas P2P.

Puntuación: 7

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Lo menos que puede decirse sobre ROTTEN – PODREDUMBRE

Serie documental producida por Zero Point Zero, una de las empresas más fuertes de los EEUU en elaboración de documentales que siempre muestra cierta sensibilidad ecológica e interés por temas relativos a la calidad de vida. Algunos documentales como ¡Vano! La historia de los residuos de alimentos (2017) se han unido a las voces de alarma sobre la inviabilidad a medio plazo de nuestro actual estilo de vida. Podredumbre (traducción de la palabra inglesa, mucho más radical, “rotten”).

El drama de nuestro tiempo no es que “somos lo que comemos”, sino que ni siquiera sabemos lo que comemos. Esta serie de documentales se inicia con uno particularmente inquietante: ¿es miel de abeja lo que se etiqueta en los comercios como “miel de abeja”? Respuesta: no. Al igual que los zumos, al igual que muchos productos ofrecidos (véase el documental El fraude de la fruta falsa)  en las estanterías de los supermercados, la astucia de los vendedores y la ambigüedad de los etiquetados, frecuentemente hace que no siempre estemos comiendo aquello que pensamos que hemos comprado y que es lo mejor para nuestra salud. Lo que se vende, por ejemplo, como miel de contiene apenas una pequeña cantidad que puede considerarse como tal siendo el resto siropes, azúcares y espesantes de mínima calidad. Por eso el precio de la miel es tan asequible y por eso se comercializa tanta… Así pues, lo que se llama “miel” lo es, sólo, en una mínima parte. En EEUU, claro está… pero no creemos que en Europa las cosas sean muy distintas. Por otra parte, aquí, en nuestros supers, lo que se vende como “preparado de carne”, sin especificar de dónde procede es una amalgama de productos muy diferentes, que apenas tienen una remota relación con lo que entendemos por “carne picada”.

Pero si el primer documental de esta serie nos deja una desagradable sensación, en los siguientes, se va agravando. Hoy nadie puede dudar ya de por qué las alergias van aumentando especialmente entre las nuevas generaciones o por qué nuestros hijos son mucho más sensibles que nosotros a las enfermedades. La loca carrera entre vacunas y antibióticos cada vez más fuertes y virus y bacterias progresivamente más endurecidos prosigue sin parar. ¿Motivo? Los aditivos colocados en la alimentación para garantizar su inocuidad, tienden a relajar nuestro sistema inmunológico. ¿El resultado? Niños polialérgicos que tienen que tener especial cuidado en lo que comen fuera de su hogar e incluso en lo que comprar sus padres a la vista de lo ambiguo de los etiquetados.

En productos como el ajo es donde se muestra el fondo de la cuestión: las exportaciones de la República Popular China han desestabilizado el mercado mundial de los alimentos. La falsa miel que se vende en EEUU procede de China y cuando se descubren su composición fraudulenta, basta con exportar primero el producto a cualquier país del sudeste asiático y de ahí, con su nuevo etiquetado nacional a China, para salvar los obstáculos. Con los ajos ocurre lo mismo: los ajos chinos son de mala calidad, pero son mucho más baratos y se exportan a todo el mundo. El problema –en este y en el resto de sectores- es que, no solamente disminuye la calidad alimentaria, sino que cientos, miles de empresas que se dedican a estos sectores fuera de China se ven arruinados ante los precios de dumping.

Con los pollos ocurre otro tanto y aquí se da todavía un problema mayor: una serie de empresas líderes en el sector que actúan como “cartel”, fijan los precios del mercado y las condiciones de venta de los productos: también aquí se produce la ruina de los criadores, acumulándose los beneficios en los intermediarios y en la industria transformadora que es la que tiene menos gastos y menos riesgos. Los criadores, además, se ven sacudidos por sabotajes terroristas de granjeros resentidos que quieren boicotear el suministro a las empresas compradores.

Las cosas no van mejor entre los ganaderos de vacuno y entre los pescadores. Los primeros se enfrentas a oscilaciones continuas en el mercado. Las pequeñas explotaciones o deben trabajar a pérdidas o cerrar. Algunos, ciertamente, han buscado comercializar “leche cruda” (sin pasteurizar) reputada de aumentar la resistencia del sistema inmunológico entre los niños. Pero se han producido algunos problemas sanitarios que siembran la duda sobre el producto. En cuando a la pesca, el fenómeno de “privatización del mar” por el sistema de cuotas ha generado que unas pocas empresas hayan comprado las cuotas de otros pescadores y que las medidas para regenerar los mares y evitar capturas masivas hayan tenido efectos perversos sobre la industria pesquera y sobre los pequeños explotadores.

Con estos seis aspectos a los que Podredumbre pasa revista, es evidente, que no se puede ser muy optimista, especialmente en los EEUU. Los problemas tienen distintos frentes: de un lado los efectos perversos de la globalización y del libre comercio mundial que hace de China el principal productor mundial y el gran exportador de alimentos… pero en donde las condiciones sanitarias y la trazabilidad están extraordinariamente relajadas; de otro, la concentración de la industria alimentaria cada vez en menos manos, con lo que las pequeñas empresas van desapareciendo progresivamente, generando un problema social y el abandono de las tierras de cultivo en muchos países. Finalmente, la dejadez de los gobiernos que se niegan a reconocer los problemas, hace que las dudas sobre los etiquetados y lo que se esconde, sobre la calidad de los productos, se vaya agravando.

Esta es la situación y, ante ella, no hay alternativa (sí la hay, desde luego: dar marcha atrás el proceso globalizador, reimplantar aranceles y prohibir importaciones de países sin trazabilidad) o, al menos, los gobiernos no quieren asumir la gravedad de la situación. Este documental nos muestra todo esto. Es cierto que el principal problema es que está centrado en la situación de las explotaciones y del mercado alimentario de los EEUU y también que es ambiguo en algunos terrenos (en la cuestión láctea, por ejemplo) y que, en varios capítulos no llega a apurar el tema, pero, en cualquier caso, es una buena introducción para justificar el pesimismo de muchos y demostrar el rostro sombrío de la modernidad.

El documental puede ser recomendado especialmente a padres de familia que tienen a su cargo hijos pequeños, pero puede interesar también a cualquier consumidor intrigado por saber que comprar en el super y cómo puede afectarle a la salud. Los optimistas antropológicos tendrán en las seis partes del documental un motivo para atenuar sus entusiasmos. Un documental que se puede recomendar con las reservas que hemos enumerado.

 

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