FICHA

Título originalLa abadía de Northanger
Título en España: La abadía de Northanger
Temporadas: miniserie en 10 capítulos
Duración episodio: 19-25 minutos.
Año: 1968
Temática: romántico
Subgénero: novela
Resumen: Primera novela escrita por Jean Austen, escrita en 1798 que nos narra la historia de una joven que acude a un balneario con una familia amiga y allí conoce a un apuesto galán del que se enamora. Sin embargo, el galán es también codiciado por la mejor amiga de la joven que boicotea esta relación hasta hacerla prácticamente imposible.
Protagonistas: Antonio Acebal, María Luisa Arias, Félix Dafauce, Alicia Hermida, Lola Herrera, Juan Lizárraga, Pepe Martín, Nélida Quiroga, María Saavedra, José Sepúlveda, Manuel Tejada
Lo mejor: Ejemplo de la programación literaria de TVE en los años 60.
Lo peor: La banalidad del relato y sus rasgos edulcorados, románticos y arcaicos.
Lo más curioso
: Que en 2007, fue llevada al cine en el Reino Unido.
¿Cómo verlo?: Fue emitido por TVE en 1968 y actualmente figura en su fondo de Televisión a la Carta y en youTube.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre LA ABADÍA DE NORTHANGER

A lo largo de los años 60, la programación de la incipiente TVE se limitaba a ofrecer concursos, películas estrenadas entre 15 y 30 años antes, series procedentes mayoritariamente del mundo anglosajón y espacios dramáticos de cierto nivel cultural. En este último terreno los dos puntales eran obra teatrales consagradas (Estudio 1) o bien novelas clásicas guionizadas por personal de la casa que solían representarse con escasez de medios, en cinco o diez entregas distribuidas durante los días de la semana. No era necesario que el espectador hubiera leído a los clásicos de la literatura para hacerse una idea de lo que habían escrito y de su estilo. La idea era buena y constituía el equivalente al “serial” radiofónico que entonces empezaba a declinar. Por lo demás, los actores eran buenos, procedían del teatro y memorizaban bien y rápidamente los textos y en cuanto a los guionistas parecían ser verdaderos artesanos capaces de condensar 600 páginas en cinco entregas de 20-25 minutos o dar la misma dimensión horaria a una novelita de algo más de un centenar de páginas. Había mucho “oficio” en todas las partes que concurrían en aquella televisión de los 60.

La abadía de Northanger, desde luego, no es un “clásico” en el sentido de una gran novela literaria, sino más bien una obra menor de una gran autora. Lo que caracteriza a esta obra (y el motivo por el que figura en esta web de críticas a series de televisión) es que, en primer lugar y a diferencia de decenas y decenas de productos que lanzó TVE en aquellos años, ésta es fácilmente accesible a través de la sección de Televisión a la Carta de RTVE. Lo que no es poco: lo que tenemos a nuestro alcance es, especialmente, una muestra de cómo se hacía la televisión de aquella época. En segundo lugar, la novela tiene un carácter romántico y “gótico”. Finalmente, los actores participantes y el realizador (Pedro Amalio López) fueron “clásicos” de la televisión de aquellos años. Alicia Herrera y Lola Hermida, entonces jovencitas de aspecto ingenuo, todavía andan sobre las tablas, mientras que el galán Pepe Martín, que debe andar por los 85 años, anda retirado de los escenarios –que sepamos– desde 2001, habiendo pasado a la historia de nuestra televisión por ser uno de los mejores Don Juan Tenorios que hayamos visto y por su papel protagonista en El Conde de Montecristo.  Sin ellos, la televisión que vimos en nuestra infancia y de la que se alimentaban nuestros padres sería incomprensible.

Estábamos en pleno franquismo. Era el año 1968. Mes de noviembre: el año había sido endiablado en todo el mundo. Soplaban vientos de cambio en toda Europa y el régimen trataba por todos los medios de dar una imagen de normalidad y de rigor cultural. De ahí que, en uno de los aspectos menos reprochables de la televisión franquista, los programas teatrales y literarios, hoy residuales, tuvieran gran relieve. Era cierto que la TVE de la época no ofrecía “obras comprometidas” (aunque Alfonso Sastre se vio representado en algún Estudio 1, que recordemos) y autores como Víctor Hugo o Zola o el mismo Pérez Galdós, aunque no respondían a los lineamientos doctrinales del régimen, pudieron ver adaptadas varias obras a los distintos espacios dramáticos. Esta que comentamos, La Abadía de Northanger, es una muestra de banalidad romántica como pocas, a la que se ha añadido un coletazo “gótico”. Verla hoy supone la posibilidad de admirar los trabajos de interpretación de unos actores particularmente brillantes, al servicio de un texto almibarado que hoy sería considerado una novela rosa para jovencitas. Es una muestra de literatura no comprometida. En el fondo, el franquismo huía de la política como de la peste, incluso de las políticas de derechas: cuando un novelista de derechas como Alphonse Daudet, se vio representado en España no fue a través de alguna obra en la que mostrara sus criterios políticos ultramontanos, sino mediante el Tartarin de Tarascón y Cartas de mi molino, completamente asépticas desde el punto de vista político (que fueron emitidas en la misma franja horaria y en el mismo espacio que La Abadía de Northanger).

Vale la pena ver los 10 episodios de menos de media hora de esta serie para aproximarnos a un tipo de hacer televisión hoy completamente olvidado: ciertamente el romanticismo gótico de la narración está hoy superado, pero no así el hecho de que una televisión pública debe preocuparse de transmitir a la población Cultura, hacerla accesible a un público que cada vez lee menos y que en su mayoría recuerda solo algún nombre de la literatura universal sólo como referencia a sus estudios de infancia. La abadía de Northanger está ahí, en el almacén de Televisión a la Carta, para recordar que, piezas de la literatura y del teatro universal, aunque fueran obras menores de grandes autores, si son brillantemente interpretadas, pueden resultar, incluso en su banalidad y en su goticismo demodé, aceptables y llevaderos.

 

 

 

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