FICHA

Título originalBabylon Berlín
Título en España: Babylon Berlín
Temporadas: 2  (16 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2010-2011
Temática: policíaca
Subgénero: drama.
Resumen: Un policía de la “brigada de costumbres”, llegado de Colonia, investiga la ubicación de una película con la que unos chantajistas pueden extorsionar a políticos de su ciudad, entre ellos a su padre. Paralelamente, un grupo trotskista, consigue sacar de la URSS un tesoro que transportan en un tren. El grupo es perseguido por los soviéticos que logran liquidarlo sin obtener el tesoro. Las investigaciones llevan al policía y a su jefe a descubrir una conspiración entre ultra-conservadores alemanes y soviéticos
Protagonistas: Waléra Kanischtscheff, Volker Bruch, Liv Lisa Fries, Dmitri Alexandrov, Denis Burgazliev, Oleg Tikhomirov, Anton von Lucke, Roland Wolf, Peter Schneider, Joachim Paul Assböck, Pit Bukowski, Thomas Chemnitz, Christoph Bertram, Matthias Brandt, David Brückner.
Lo mejor: La ambición con la que ha sido hecha la serie.
Lo peor: El espectador que desconozca la historia alemana de aquella época puede perderse.
Lo más curioso
: Se trata de la serie más cara producida en Alemania y la más cara de las series producidas fuera de Hollywood, contando con un presupuesto de 40 millones de euros.
¿Cómo verlo?: a través de Movistar Series X o bien a través de programas P2P.

Puntuación: 8,5

PROMO (en alemán)

PROMO

INTRO

MUSICA

VER SERIE

DESCARGA TORRENT (1ª Temporada)

DESCARGA TORRENT (2ª Temporada)

WEB OFICIAL (en alemán)

WEB OFICIAL (Movistar+)

Comprarlo en Amazon (no está a la venta)

Lo menos que puede decirse sobre BABYLON BERLIN

Cada lustro aparecen unas pocas series como Babylon Berlin en la que coincidan una serie de elementos que den como resultado un producto de alta calidad que resulta extremadamente fácil y agradable de ver. Sobre la serie se han escrito muchas cosas y no siempre exactas. Se la ha vendido como una serie que trata sobre los “felices años 20” (cuando la serie está ambientada al final de la década y cuando toca a su fin marcada por la crisis económica iniciada en ese momento), o se ha dicho de ella que está ambientada en el momento en que “el nazismo llama a la puerta” (cuando el protagonismo político de la misma corresponde a comunistas, trotskistas y nacionalistas). En Alemania la serie ha sido criticada por “no suscitar suficiente entusiasmo por la historia” (y, sin embargo, las mentes curiosas se verán intrigadas porque casi todo lo que se cuenta en ella es histórico.

En efecto, la serie nos presenta a Gedeon Rath, un “policía de costumbres” (algo así como la “brigada antivicio” de las producciones norteamericanas) que llega de Colonia a la capital alemana en 1929 con una misión: encontrar una película con la que su padre y otros notables de su tierra natal, Colonia, pueden ser extorsionados. La búsqueda de esta cinta se transforma en una de las líneas argumentales de la primera temporada que termina confluyendo con la segunda interés que se prolongará a través de la segunda temporada: un grupo de trotskistas rusos miembros de la IV Internacional intenta sacar un tesoro del territorio soviético que les permitirá disponer de fondos suficientes para derribar a Stalin. Perseguidos de cerca por los soviéticos, enmascararán el tesoro en el interior de un vagón de tren. Las traiciones, los agentes dobles y las delaciones harán que el grupo trotskista sea liquidado y solamente uno de sus miembros consiga escapar. En la segunda temporada, la trama sigue girando en torno al tesoro en cuestión, pero se introduce el tema de una conspiración en la que pilotos alemanes de combate van a entrenarse a una base situada en territorio soviético. Todas estas tramas están entrelazadas y son recorridas por distintos protagonistas, si bien los dos sobre los que descansa la serie son el policía Rath (Volker Bruck) y Charlotte (Liv Lisa Fries), una joven que aspira a convertirse en miembro de la policía criminal y, de paso, ejerce como prostituta ocasional en un cabaret berlinés.

Lo primero que sorprende, al ver los primeros minutos de metraje es el rigor en la ambientación. Se diría que los productores han reconstruido el Berlín de finales de los años 20. A medida que avanza la serie, esta sensación va creciendo. Obviamente, en muchos casos recurren a los efectos especiales, pero en otras ocasiones, los extras son de carne y hueso (y en algún momento llegan a participar 5.000). Pero, a fin de cuentas, todo esto no debería sorprendernos excesivamente, porque en España se han lanzado en el último año varias series con similar rigor en la ambientación (Las Chicas del Cable, Lo que escondían sus ojos, por citar solo unos ejemplos de 2017) y la ambientación, por sí misma, no es garantía de que la serie sea convincente. Lo segundo que nos ha llamado la atención son las coreografías y los números musicales que (a diferencia de Las Chicas del Cable en donde se trasladaba el heavy y el rock duro a la Gran Vía madrileña de los años 20…) se correspondían con los que se escuchaban en los cabarets, las salas de fiesta y de swig del Berlín de aquella misma época. La tercera sorpresa deriva de los actores que participan en la serie: todos ellos resultan extremadamente convincentes, todos, sin excepción, responden al tipo humano que deben representar y ninguno de ellos aparece como “eslabón más débil” cuyo trabajo merme la calidad global de la producción. Cuarta sorpresa: las localizaciones; desde el suburbano de Berlín, hasta las calles adoquinadas, desde las fábricas abandonadas por la crisis hasta los sótanos sórdidos que parecen sacados de un film expresionista, pasando por la central de la policía, los barrios distintos barrios berlineses, las lujosas salas de fiesta y los arrabales miserables en los que se arrastran toxicómanos (habitualmente soldados del frente que se habituaron a la morfina en los hospitales de campaña), o el interior de las viviendas, hasta el último detalles contribuye a trasladarnos a aquella época. Queda, claro está, aludir al guión.

Si todo lo anterior hubiera merecido un notable, el guión es lo que precisamente puede resultar difícil de comprender desde España. Decir que el 75% de los elementos que aparecen en la serie son históricos es decir poco: en efecto, la presencia del canciller Streseman o de Konrad Adenauer, los incidente del 1º de mayo en Berlín (que, efectivamente, se produjeron y que adquieren gran relieve en la primera temporada), el encono con que stalinistas y trotskistas se combatieron entre sí en aquella época, la existencia de una resistencia nacionalista y de derechas que quería abolir los acuerdos del Tratado de Versalles con los que finalizó la Primera Guerra Mundial o el tratado de Rapallo en el que soviéticos y alemanes firmaron un acuerdo secreto de cooperación que incluía intercambio de tecnología por una base de entrenamiento para pilotos de combate alemanes en territorio soviético, así como un Berlín convertido en escenario de manifestaciones comunistas continuas en el Weddig (el barrio comunista de Berlín) y las orillas del Spree, lugar de esparcimiento de los berlineses… todo ello corre el riesgo de decir muy poco al espectador medio español que no conozca suficientemente la historia alemana del período previo a la irrupción de Hitler. Hay que agradecer, eso sí, que en una serie de este tipo, la “parte histórica” no se haya despachado mostrando unos mamporros entre comunistas y nazis (en el Weddig precisamente, los primeros trataban de cerrar el paso a la implantación de los segundos) que sí hubieran sido entendidos perfectamente por el público pero que no hubieran enseñado nada esencial sobre la historia de la ciudad y de la política alemana de la época. Quizás, para el público español, la novedad estriba en que “los malos” no son, en realidad, los “nazis”, sino más bien los “nacional-alemanes”, una especie de derecha de la época muy apegada a las tradiciones militares prusianas (como muy bien, muestra la serie). Así pues, cabe decir que los elementos históricos que contiene esta serie son muchos -aunque frecuentemente desubicados y al servicio de una trama imaginaria (el oro de la familia Sorokin) y pueden suponer un acicate para el estudio de esa época.

Por lo demás, la densidad histórico-política del guión tiene un efecto sorprendente: a pesar de que se escapen al espectador medio algunos detalles o la traducción de otros no haya sido la correcta (la Reichwher Negra –que realmente existió como forma de burlar las cláusulas del Tratado de Versalles que impedía a Alemania tener un ejército superior a 100.000 hombres- es traducido como “el ejército de las sombras”… y que, efectivamente, intentó un golpe de Estado -el llamado “golpe de Kultrim”, no en 1929, sino en 1923), lo cierto es que la serie “funciona” sin altibajos, el tono de los 16 episodios es elevado, su capacidad de enganche absoluta y la duración de los mismos (45 minutos) suficiente para desear ver el siguiente inmediatamente.

La explotación de la serie prosigue en estos momentos. Estrenada el 13 de octubre de 2017, se ha emitido en España por Movistar+, se ha exportado a todos los países del área germánica, Polonia, Reino Unido y Bélgica, mientras que en los EEUU se verá a través de Netflix.  Una serie que se puede recomendar, en principio a los buscadores de calidad en el mundo del plasma, luego a los interesados por las series históricas y policíacas. Por el momento los productores no han anunciado una tercera temporada.

Anuncios