FICHA

Título originalThe Prisoner
Título en España: El Prisionero
Temporadas: 1 (17 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 1967-1968
Temática: Intriga
Subgénero: Espionaje.
Resumen: Un importante agente del gobierno británico abandona su trabajo siendo inmediatamente secuestrado y enviado a un lugar, aparentemente paradisíaco, en donde está como prisionero y de donde reiteradamente intenta fugarse. Sus captores hacen todo lo posible por lavarle el cerebro y obligarle a renunciar a sus planes, entre los que localizar e identificar al “número 1”, responsable de su encierro, es el más importante.
Protagonistas: Patrick McGoohan, Leo McKern, Colin Gordon, Angelo Muscat, Nadia Gray, Eric Portman, Jane Merrow, Georgina Cookson, Kenneth Griffith, George Baker, Patrick Cargill, Guy Doleman, Donald Sinden, Derren Nesbitt, Mary Morris, Peter Wyngarde, Angela Browne.
Lo mejor: Es un reflejo de las modas, los valores y los estilos de los años 60.
Lo peor: En los últimos episodios de la serie se percibe el agotamiento de la idea.
Lo más curioso
: el creador y protagonista de la serie es Patrick MacGoohan.
¿Cómo verlo?: Fue emitida por TVE y puede encontrarse a través de E-Mule, o bien comprarse en DVD.

Puntuación: 7,5

PROMO (Primer episodio, en inglés)

PROMO (Segundo episodio, en inglés)

PROMO (Tercer episodio, en inglés)

PROMO (Cuarto episodio, en inglés)

PROMO (Quinto episodio, en inglés)

PROMO (Sexto episodio, en inglés)

PROMO (Séptimo episodio, en inglés)

INTRO

MUSICA

Escenas de La Villa

Escenas del nº 2

Icono de la serie

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DESCARGA TORRENT (remake de 2010)

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Lo menos que puede decirse sobre EL PRISIONERO

Fue una de las series de mayor éxito en los años 60 y el precedente de muchas otras series sorprendentes (desde Twin Peaks, hasta Black Mirror, pasando por Lost). Aún hoy, esa serie sigue en los catálogos de las empresas distribuidoras de DVDs, se puede bajar con extrema facilidad a través de eMule y, especialmente, en sus primeras entregas, nos sorprende. Cuando alguien pregunte “¿cuál fue el espíritu de los 60?”, una forma de responderle sería: “Vea el prisionero, ahí está todo”.

La serie es indisociable de su creador, guionista, director y protagonista, Patrick McGoohan. Fallecido en 2009, McGoohan era un actor norteamericano (a pesar de que El Prisionero es de factura inglesa) que tuvo su época dorada en los años 60, pero cuyo rostro inquietante estuvo presente en las pantallas hasta 1998 (en Colombo: De las cenizas a las cenizas, que protagonizó él mismo junto a Peter Falk y que, de paso, dirigió y guionizó). Aun sin olvidar sus brillantes interpretaciones como Eduardo I en Braveheart (1995) o su papel como perverso alcaide en La fuga de Alcatraz (1979), las dos series que le reportaron fama mundial fueron ésta que nos ocupa y Danger Man (1960-1962), una de las primeras muestras del cine de espías cuyo éxito animaría a lanzar la franquicia “James Bond” (el propio McGoohan fue, inicialmente seleccionado para encarnar al agente 007).

La serie nos muestra a un importante agente secreto británico, del que nunca conoceremos ni su nombre, ni en qué consiste realmente su ocupación, ni el servicio en el que ha trabajado, ni los casos que ha llevado. Sea como fuere, se trata de un “hombre importante”, se le conocerá siempre como “el número 6”. Un buen día, da un portazo en la puerta de su jefe (“el número 2”) y se despide. Pero los secretos que conoce y las responsabilidades que ha tenido hacen que sea secuestrado, enviado a un lugar aparentemente paradisíaco en el que no tiene que preocuparse por su subsistencia, pero en el que será sometido a lavado de cerebro y a técnicas para doblegar su personalidad. Ese lugar es “la Villa”, o “la Aldea”, todos se conocen allí por su número, todos parecen esta felices y solamente “el número 6” intenta constantemente escapar.

La serie es, en todo momento, enigmática y abre ese tipo de series en las que el espectador no termina de tener nunca todas las claves de lo que está pasando, pero siente que las situaciones por las que atraviesa el protagonista le generan una angustia indescriptible y una necesidad de fuga. Esa sensación aumenta cuando, una u otra vez, parece estar a punto de conseguir su objetivo, pero, finalmente, siempre, todo se malogra a causa de traiciones, delaciones o engaños urdidos por “el número 2”. Uno de los objetivos que se fija el protagonista, consiste en identificar quién es el responsable de todo aquello: el inefable “número 1”.

La serie está filmada con la gama de colores propia de la segunda mitad de los años 60. Los temas son propios de la época: se ha vuelto a leer a Frank Kafka y está serie recupera esa temática angustiosa descrita en novelas como El Castillo o El Proceso, en el que los personajes se ven sometidos por una misteriosa tiranía que les impide realizarse. El protagonista y todos los que viven en “la Aldea” están sometidos a una “dictablanda” que la mayoría ni siquiera perciben. El lavado de cerebro, al que se resiste “el número 6”, ha tenido éxito entre los ciudadanos. Ninguno percibe su situación de sometimiento. De ahí el leit-motiv de la serie El Prisionero y que se cita continuamente como característico de la serie en forma de diálogo entre el protagonista y “el número 2”:

“- ¿Quién es el número 1?

– Usted es el número 6?

– ¿No soy un número, soy un hombre libre!” (…carcajadas del número 2)

Uno de los elementos icónicos de la serie es el velocípedo que constituye el distintivo de “la Aldea” y que está presente en los créditos finales de cada episodio. Pero, a decir verdad, toda la serie es un icono de la época (incluso recordamos haber visto en los años en los que se emitió a jóvenes luciendo en las calles de Barcelona la americana negra con ribete blanco característica del protagonista). El remake en forma de miniserie de seis episodios, que se filmó en 2010, aun conservando lo esencial del producto original, es sensiblemente inferior al original, aunque construido con el mismo espíritu.

Es una serie que alimentará los sentimientos nostálgicos de muchos, sorprenderá a otros y servirá para que buen número de espectadores reconozcan el modelo canónico original con el que luego se filmaron otras series posteriores, incluso hasta nuestros días. Los primeros episodios son brillantes y siguen siéndolo hasta más allá de la mitad de la serie. Empieza a decaer a partir del once, por puro agotamiento de temas y por haber explotado todas las posibilidades del guión. Serie imprescindible para reconstruir la historia de las series de televisión.