FICHA

Título originalTraición
Título en España: Traición
Temporadas: 1 (7 episodios)
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2017
Temática: Drama
Subgénero: Abogados.
Resumen: Una familia acomodada, cuyo patriarca está aquejado de una enfermedad terminal negocia con un bufete británico la fusión a lo que, finalmente, el padre, se opone por razones morales. Cuando va a expirar el plazo para aceptar o rechazar la fusión, el padre aparece muerto y la policía inicia una investigación que va a revelar los aspectos más turbios de la familia.
Protagonistas: Ana Belén, Helio Pedregal, Nathalie Poza, Carlos Bardem, Pedro Alonso, Eloy Azorín, Natalia Rodríguez, Manuela Velasco, Antonio Velázquez, Susan Córdoba, Gaby del Castillo, Israel Elejalde, Begoña Maestre, Pepe Ocio.
Lo mejor: El atractivo de la serie es la reaparición de Ana Belén en Televisión.
Lo peor: Es una síntesis entre lo peor de los culebrones y lo peor de las series de abogados.
Lo más curioso
:.
¿Cómo verlo?: Se emite por TVE1 y puede verse a través de Televisión a la Carta.

Puntuación: 6

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Lo menos que puede decirse sobre TRAICIÓN

Las primeras escenas de esta serie (muy buenas, por cierto) no dejan entrever lo que va a ser el desarrollo de la trama en los siguientes 65 minutos de la primera entrega. Da la impresión de que vamos a ver una serie de crímenes en donde todo el misterio consistirá en descubrir quién asesinó al patriarca de la familia “Fuentes del Riego” (el nombre no es, desde luego, el más afortunado). Pero, terminada la “intro” todo se tuerce y empezamos a percibir, diez minutos después de iniciada la serie, que asistiremos a un híbrido entre una serie de abogados y un culebrón clásico. Culebrón en la medida en que los “buenos” son muy buenos, unos pardillos, y los malos, oscilan entre la malvada maquiavélica a lo “Angela Chaning” de Falcon Crest y el malvado gritón, faltón y peleón de cualquier serie poco trabajada.

En efecto, el retorno de Ana Belén a televisión no parece que haya sido muy meditado. Por una parte, la serie fracasó en su episodio de lanzamiento, frente a su más directo rival: El Accidente, el estreno de Tele5 que se llevó un 20,3%, frente al discreto 14,1% de Traición. La serie pudo fijar a 2.281.000 espectadores ante las pantallas durante casi una hora y cuarto. Afortunadamente, TVE no interrumpe sus emisiones con anuncios publicitarios; de haberlo hecho, esa audiencia, posiblemente, hubiera descendido por debajo del 1’%. ¿Qué le está fallando a esta serie?

No, desde luego, las interpretaciones que son dignas y comedidas. La mayoría de los actores tienen una experiencia previa o han destacado en películas y series anteriores, así que no es a ellos a los que hay que culpar de un resultado pobre. Falta saber si los guionistas trabajaron por iniciativa propia o porque los sondeos indicaron a la dirección de TVE la conveniencia de realizar una serie de este tipo: las series “de abogados”, siempre parecen interesar y el público español (al menos una parte) se ha habituado al modelo “culebrón”, tendencia agravada por la presencia de 3.000.000 de inmigrantes procedentes de Iberoamérica, en donde este género sigue ostentando récords de audiencia. Sea como fuere, el hecho de que un producto guste a una franja de audiencia, no quiere decir ni que sea de calidad, ni que sea imaginativo.

Y este es el problema de Traición: es, desde que se entra en materia completamente previsible. Lo de menos es quién ha matado al patriarca de la familia “Fuentes del Riego”. Lo esencial son los secretos que alberga aquella unidad familiar tras la aparente fachada de glamour y poderío económico. De momento, ya ha aparecido el primer clásico de todo culebrón: el hijo desconocido, nacido fuera del matrimonio y que irrumpe en la trama descomponiendo a los hijos “con papeles” a la hora del reparto de la herencia. Póngase esta temática en el activo de la vertiente “culebrón”.

En cuanto al elemento propio de las series “de abogados”, los primeros veinte minutos nos sitúan también en la problemática. El padre y patriarca de la familia, que, a lo que parece, no solamente ha sido un “flamenco” es cuestiones extramatrimoniales, sino también un tiburón de la abogacía, está negociando la fusión con un bufete británico de campanillas que les está poniendo ciertas condiciones draconianas que los confirmarán –como todo bufete de abogados que se precia- como “buitres” del derecho, especialistas en extorsionar a los débiles utilizando recursos legales. Y es entonces cuando el padre, al que le han diagnosticado una enfermedad terminal, le da por viajar a sus orígenes y recuperar el espíritu de cuando defendió su primer caso, una florista a la que pretendían desahuciar. Bruscamente se niega a la fusión, contra la opinión de su esposa y de sus hijos, todos ellos abogados y todos ellos educados en el más puro espíritu del tiburón del derecho. Cuando el bufete británico da un ultimátum para llegar a la fusión, es justamente cuando aparece, por este orden, el hijo desconocido que es llamado por el patriarca y el cadáver del patriarca flotando en la piscina. ¿Qué ha ocurrido?

No es que este argumento no esté repleto de elementos que hubieran podido resultar interesantes: es que, por una parte es “demasiado culebrón” y por otra, se abusa demasiado de la temática propia de abogados, fusiones, bufetes y demás. La serie oscila, pues, entre uno y otro extremo.

La duración de cada episodio parece excesiva. Todo se hubiera resuelto mejor con un máximo de 45 minutos de duración. Así se hubieran evitado diálogos que aportan poco o reiteraciones de temas sobre los que ya nos ha informado la escena anterior. No queremos decir que la serie sea mala: le falta, simplemente, la genialidad de las grandes series, la chispa, la emoción y la sensación de verismo que hacen que una serie sea recordada y sobreviva al tiempo. Esta es muy discreta en ese sentido. Esta realizada casi rutinariamente, había que llevar algo más de una hora para tratar de ganar a determinado tipo de público y ese ha sido el objetivo.

Disfrutarán de ella, naturalmente, los que sientan que todavía su retina no ha visto suficientes culebrones.