FICHA

Título originalGodless
Título en España: Godless
Temporadas: 1 (7 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2017
Temática: Western
Subgénero: Drama.
Resumen: En un pueblo perdido del Oeste se ha producido el derrumbe de una mina que ha ocasionado la muerte de todos los varones y el que el pueblo sea habitado sólo por mujeres. Esa zona está controlada por un bandido que tiene cuentas que saldar con un niño que tomó hace años bajo su protección y que ha crecido. Es la historia de una venganza.
Protagonistas: Jack O’Connell, Michelle Dockery, Jeff Daniels, Sam Waterston, Scoot McNairy, Merritt Wever, Thomas Brodie-Sangster, Tantoo Cardinal, Luke Robertson, Rio Alexander, Joleen Baughman, Kayli Carter, Donald Cerrone, Kim Coates, Rachel de la Torre, Tess Frazer, Evan Bryn Graves, Travis Hammer, Keith Jardine, Joe Pingue, Matthew Dennis Lewis, Russell Dennis Lewis, Audrey Moore, Samuel Marty, Jeremy Bobb, Brian Lee Franklin, Bill Jones, Michael Earl Reid, Justin Welborn, Adam David Thompson.
Lo mejor: Es una serie en la que están presentes los tópicos que aman todos los aficionados a los westerns.
Lo peor: Algo lenta en su tramo central
Lo más curioso
: La crítica ha coincidido en que se trata de un western excepcional y que remite a los mejores momentos del género, reinventándolo y superándolo.
¿Cómo verlo?: La emite Netflix desde el 22 de noviembre de 2017.

Puntuación: 7,5

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Lo menos que puede decirse sobre GODLESS

¿Quién dijo que el western era un género acabado? Lo que ocurrió fue que en los años 50-70, el género proliferó excesivamente tanto en la pequeña pantalla (los 60 fueron el período áureo de este tipo de series que periclitaron tras Kung-Fu, cuando ya no estaba claro si se trataba de la “última serie western” o la “primera serie de artes marciales”) como en las salas de exhibición (los espagueti-western filmados en a troquel saturaron el mercado y lo convirtieron en un “género de explotación” que se agotó a finales de la década). A partir de los 80, pocos fueron los productores que se aventuraron a introducirse en un género que parecía definitivamente muerto. Y así estaban las cosas hasta el 2017.

Desde hace más de 15 años, maquinalmente, parece como si todos los canales de segunda o tercera división se hubieran puesto de acuerdo para ofrecer en las sobremesas de las tardes algún largometraje ambientado en el Oeste. Y hay que reconocer que algunos de estas películas son auténticos clásicos interpretados por actores de primera fila. El problema es que 365 días al año, durante 15 años, suponen 5.475 unidades… resulta inevitable que lo mejor se junte con lo peor y que, todo ello, tienda a desvalorizar el género. Lo que ha ocurrido, a fin de cuentas, es que se ha producido en la pequeña pantalla con los largometrajes, lo que ya ocurrió en los años 60 con las series ambientadas en el Far West: problemas de saturación. Las productoras saben que hoy resulta imposible contentar con una serie a “todos los públicos”, así que van probando series sobre distintos temas enfocadas para segmentos concretos del público. Y las encuestas demostraban que, aunque minoritario, siguen existiendo sectores de la audiencia que tienen cierta preferencia por el western. No son masas, pero ¿dónde están hoy las masas? Ni siquiera ante series que se aproximan a la perfección (True Detective, Boardwalk Empire, House of Cards), existe unanimidad, mucho menos, por tanto, en relación a géneros concretos, como el western. Y el razonamiento de las productoras era muy simple: si hay gente que ve en las televisiones generalistas westerns en las sobremesas, es porque el género sigue teniendo admiradores…

A partir de 2016, el western ha reaparecido en el plasma. Con una diferencia de pocos meses se ha estrenado Westworld (que, a pesar de su envoltura de síntesis como ciencia-ficción, tenía mucho de western), The Son, Wynonna Earp (síntesis de terror y western), Raise Hell (que marcó el retorno del género)… y, finalmente, Godless, la serie que nos ocupa.

Un pueblo polvoriento, en un extremo del Far-West, habitado solamente por mujeres. Sus maridos, casi un centenar de hombres que trabajaban en una mina, han perecido en un derrumbe. Solamente el sheriff y su ayudante representan al género masculino. Ambos intentan mantener el orden como pueden. La región, además, está asolada por un bandido sanguinario que persigue a un joven que en otro tiempo estuvo bajo su protección. El joven recala en dicho pueblo, siendo detenido por el sheriff y liberado por una de las mujeres que lo requiere para que dome potros en su granja, mientras que la peligrosa banda de forajidos asola la región y se aproxima cada vez más al pueblo… Tal es la temática en la que se juntan distintas líneas argumentales que confluyen en el final, al que se llega sin excesivas complicaciones y que resulta convincente.

La serie cuenta con unas interpretaciones excepcionales y unos efectos especiales capaces de hacer de Jeff Daniels, un manco consumado. El papel del sheriff que se está quedando ciego por momentos (en realidad, miope) está igualmente interpretado con destreza por Scoot McNairy (que procede de una familia tejana y en su juventud fue lo más parecido a un cow-boy). Los papeles femeninos son igualmente brillantes interpretados por actrices poco conocidas pero perfectamente caracterizadas. El casting, en este sentido, cabe calificarlo de perfecto.

Algunas de las escenas son particularmente crudas y cuando aparece en pantalla “Frank Griffin” (Jeff Daniels) sabemos que va a ocurrir alguna tragedia. Sin embargo, los diálogos de contenido seudo-religioso que avalan las masacres que comete, están particularmente bien estructurados y contribuyen a dar “profundidad” a esta serie que es, no lo olvidemos, un western, directo, brutal y salvaje. Otro aspecto particularmente atractivo es la fotografía que nos traslada a unos paisajes de grandeza inconmensurable: allí se desarrolló la marcha hacia la “nueva frontera”.

Una serie cerrada en siete episodios que constituye uno de los productos más convincentes de la temporada 2017. Los amantes del western verán en ella una reinterpretación de los mejores elementos del género (la lucha entre buenos y malos, las largas cabalgadas, la tensión sexual, los duelos a muerte, los personajes torturados por sus fantasmas interiores y sus tragedias personales, la brutalidad de todos los personajes…). La serie, incluso, puede ser aprovechada y apreciada, por espectadores no particularmente predispuestos al western, pero que están abiertos a degustar series de calidad. Y, lo más sorprendente, uno de los sectores que más identificados se habrán sentido con esta serie está compuesto por los colectivos feministas. En efecto, la carga feminista es tan fuerte que con derecho podría hablarse de que hemos visto el primer western, en grandísima medida, dedicado a la mujer.