FICHA

Título originalParadise Lost
Título en España: Paraíso perdido
Temporadas: 3 documentales
Duración episodio: 152 minutos.
Año: 1996 – 2000 – 2011
Temática: Documental.
Subgénero: Asesinatos.
Resumen: Tres niños son asesinados en lo que la policía considera un crimen satánico. Resultan detenidos juzgados y condenados tres jóvenes que se declaran inocentes. En los tres documentales se muestra mediante entrevistas, fragmentos de filmaciones, lo que supuso este episodio para los acusados.
Protagonistas: entrevistas a decenas de personajes de la policía, la judicatura, las familias y los grupos de apoyo a los acusados
Lo mejor: La sospecha de que se ha cometido un error judicial.
Lo peor: La duda final sobre quién cometió los asesinatos.
Lo más curioso
: El veredicto final de culpabilidad no se eliminó pero la condena se redujo a 18 años (los que habían pasado en prisión los acusados).
¿Cómo verlo?: Los tres documentales pueden verse en HBO. También están subidos a youTube. Así mismo puede bajarse a través de programas P2P y los dos primeros comprarse en DVD.

Puntuación: 6,5

En youTube

DOCUMENTAL 1: PARADISE LOST: LOS INFANTICIDIOS EN ROBIN HILLS (subtitulada español)

DOCUMENTAL 2: PARADISE LOST: REVELACIONES (subtitulada en castellano)

DOCUMENTAL 3: PARADISE LOST: EL PURGATORIO (subtitula en portugués)

En HBO

DOCUMENTAL 1: PARADISE LOST: LOS INFANTICIDIOS EN ROBIN HILLS (subtitulada español)

DOCUMENTAL 2: PARADISE LOST: REVELACIONES (subtitulada en castellano)

DOCUMENTAL 3: PARADISE LOST: EL PURGATORIO (subtitula en portugués)

WEB OFICIAL

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Lo menos que puede decirse sobre PARAÍSO PERDIDO

En EEUU abundando los defensores de causas perdidas. Habitualmente, sus esfuerzos resultan vanos, sin embargo, en ocasiones reciben alguna compensación. Tal ha sido el caso de los autores de estos tres documentales y de los grupos de apoyo a los tres jóvenes que resultaron detenidos, acusados y condenados por los llamados “infanticidios de Robin Hood Hills” y que dieciocho años después de los hechos, tras permanecer uno de ellos en el corredor de la muerte y todos ellos encarcelados, fueron puestos en libertad. El 5 de mayo de 1993, en la ciudad de West Menphis se encontraron los cadáveres de tres niños de apenas ocho años de edad, con signos de violencia extrema, desnudos y atados de pies y manos con los cordones de sus propios zapatos. La población de aquella pequeña ciudad de Arkansas se sintió sacudida como nunca antes había sido por aquellos crímenes…

Meses después fueron detenidos tres jóvenes, fans de Metallica y que habían asumido la estética del grupo. Entre ellos destacaba el que parecía ser el líder, Damien Wayne Echols, también el más identificado con la música de este grupo de rock duro. La policía, sin grandes pruebas, atribuyó los asesinatos a un ritual satánico. Lograron la confesión de uno de los acusados que se incriminó a sí mismo y a los otros dos y, sin que existieran muchas más pruebas, los tres fueron llevados a juicio y condenados, Echols a morir mediante inyección letal.

Sin embargo, la enormidad del crimen (similar en cierto sentido a lo que fue en España el caso de las “chicas de Alcaser”) contrastaba con la debilidad de las pruebas de las que disponía la policía en 1993. Por entonces los análisis de ADN no existían y la ciencia forense, aunque empezaba a desarrollarse, estaba todavía en pañales. Los acusados tampoco contaban con excesivos medios económicos así que tuvieron que conformarse con una defensa modesta que no pudo nada ante la apisonadora mediática y la histeria colectiva desencadenada. En esas condiciones, era evidente que no había posibilidades de un juicio justo y que ningún jurado, hubiera podido condenar a los acusados en función de las pruebas presentadas.

Fue entonces cuando Bruce Sunofsky y Joe Berlinger vieron un resquicio para elaborar un documental sobre los hechos que vio la luz en 1996 y que recibió varios premios en los EEUU: Paradise Lost: asesinato en Robin Hood Hills. En aquel primer documental se insistía en la histeria colectiva que se desató en el país y, más concretamente, en la zona donde se produjeron los crímenes, la presión con la que tuvo que actuar la policía para encontrar unos culpables y la debilidad de las acusaciones que recaían sobre los que parecían “culpables perfectos”.

En realidad, el documental tenía mucho de “juicio paralelo”, con todo lo que ello implicaba. De todas formas, cumplió su función y levantó expectación en torno al tema y, lo que es más importante, supuso el nacimiento de una corriente de simpatía y solidaridad hacia los acusados. Así que cuatro años después, los mismos documentalistas volvieron a la carta con un producto de menor cuantía: Paradise Lost 2: Revelaciones, en el que iban de la mano de los grupos de apoyo a los condenados que se habían ido formando en Internet. Si en el primer episodio, los tres acusados aparecían como verdaderos freikis, ahora, se les presenta directamente como inocentes. ¿Lo son? Lo son si aparece un culpable o se revisa el juicio. Entonces este segundo documental comete un error desagradable: centrarse en el padre de uno de los niños asesinados, un tipo ciertamente curioso, con algunos elementos desagradables, producto, en cualquier caso de la América profunda. Sin ninguna prueba directa lo presentan como “sospechoso”, no sólo de asesinar a su hijo y a los dos amigos, sino también de la muerte de su esposa (en la que los forenses no reconocieron ningún elemento sospechoso). Finalmente, el padre –un individuo con cierto sentido del espectáculo, 2 metros de altura y 115 kilos de peso- se somete al polígrafo y, como era de esperar, lo supera. En realidad, el segundo documental aporta muy poco, tan solo entrevistas a miembros de los grupos de apoyo que repiten una y otra vez, lo que ha sabíamos desde el primer episodio, que no existían pruebas suficientes para condenar a los tres jóvenes.

Será en 2011 cuando HBO encargue la tercera entrega, Paradise Lost 3: Purgatorio, realizada por el mismo equipo y que volvió a obtener varios premios, siendo incluso nominada a los Oscars de ese año como Mejor largometraje documental. Los acusados son finalmente puestos en libertad… pero no como “inocentes”, sino en función de una excéntrico principio de la justicia norteamericana, según el cual un acusado que se declare inocente puede, al mismo tiempo, reconocer que la policía tiene pruebas suficientes para mantener la acusación y ver así reducida su pena. Este malabarismo hizo que los acusados vieran redimensionadas sus condenadas al tiempo que habían permanecido en prisión: 18 años. En este documental se insiste en que las pruebas de ADN exoneraron a los acusados y que la confesión había sido arrancada por procedimientos ilegales. Así pues, lo que la justicia ha dicho es que los acusados “están medio embarazados”…

La visión de los tres documentales introduce en una dinámica endiablada: creemos saber que los acusados son inocentes porque nos dicen que no existen pruebas suficientes contra ellos. Sin embargo, el mecanismo policial y judicial, dice otra cosa. ¿Dónde empieza la verdad y donde termina el show? ¿Quién es culpable y quién inocente? Y lo que es todavía peor: a medida que avanzan los tres documentales se va perdiendo la memoria de lo que ha ocurrido: tres niños han sido asesinados de manera extremadamente violenta.

El sabor que deja el documental es una mezcla de amargura y perplejidad: culpables que no lo son tanto, condenas que son exoneraciones, falsos culpables presentados por la policía y culpables falsos presentados por los documentalistas… No es el primer documental que entretiene durante dos, cuatro o seis horas y en el que, al final, nos queda la sensación de no saber exactamente lo que ha ocurrido. Porque eso es lo que se retiene al final en este y en muchos otros documentales similares: al acabar estamos todavía más confusos que al iniciar la visualización.

Después de varios productos de este tipo vistos en los últimos meses y de shows sobre crímenes y criminales, sería de desear que este tipo de productos se depuraran y, desde el principio, fueran claros: “no sabemos lo que ocurrió, pero esto es lo que hemos recogido”. Y, sobre todo, que evitaran juicios paralelos, porque no siempre los que se presentan como “inocentes”, lo son en realidad.