FICHA

Título originalThe Big Family Cooking Showdown
Título en España: The Big Family Cooking Showdown
Temporadas:  12 episodios
Duración episodio: 59 minutos.
Año: 2017
Temática: Concurso.
Subgénero: Cocina.
Resumen: Uno de los típicos concursos de cocina presentado bajo la forma de serie, en la que tres grupos de tres personas compiten en cada episodio preparando un plato de comida casera en función de las pautas que reciben de la dirección, debiendo decidir el ganador un jurado compuesto por un chef italiano y una crítica gastronómica británica.
Protagonistas: Zoë Ball, Nadiya Hussain, Giorgio Locatelli, Rosemarty Shrager.
Lo mejor: El ambiente completamente casero y alejado de la profesionalidad.
Lo peor: Se abusa de ese aspecto positivo y se confunde lo “casero” con lo “rural”.
Lo más curioso
: Intenta superponerse al otro concurso de la televisión británica dedicado a gastronomía y emitido desde el Channel 4..
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 6

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE BIG FAMILY COOKING SHOWDOWN

Estrenado el 2 de noviembre en el Reino Unido y dos días después situado en la parrilla de Netflix España, estamos ante otro concurso de cocina de esos que se han puesto tan de moda en los últimos años y que aporta varios elementos nuevos para los estándares que rigen en España. En primer lugar se trata, a pesar de que no se anuncie como tal, de “cocina multiétnica” que responde perfectamente a la actual composición racial del Reino Unido. En segundo lugar, se intenta reflejar cómo se cocina en los domicilios de las islas británicas. Y, seamos claros, como todo el mundo sabe, la cocina en aquellas latitudes no es espectacular (al menos desde el punto de vista mediterráneo).

El concurso está presentado por Zoë Louise Ball, especializada en presentar este tipo de concursos y que, ocasionalmente, ha aparecido como concursante en otros, acompañada por Nadiya Jamir Hussain, ganadora en 2015 de The Gret Nritish Bake Off, el otro concurso de cocina de la BBC con el que ésta serie ha debido competir duramente y en la misma franja horaria. El hecho de que la co-presentadora del programa sea hija de padres nacidos en Bangladesh y que utiliza el velo islámico desde los 14 años. A partir de su presencia en el citado concurso gastronómico se convirtió en un personaje popular en el Reino Unido, escribiendo varios libros sobre cocina y terminando en esta serie que comentamos ahora.

En cuanto a los jueces, se trata también de dos personajes relativamente conocidos en la televisión británica. Giorgio Locatelli es cocinero, hijo y nieto de cocineros italianos que se estableció en el Reino Unido a partir de 1986 y ha escrito varios libros de recetas. En cuanto a su compañera en el jurado, Rosemary Shrager es, así mismo, chef y profesora de alta cocina y lleva apareciendo en los últimos años reiteradamente en programas de la televisión británica sobre gastronomía.

Todos estos personajes son completamente desconocidos en nuestras latitudes en los que ya existe una cierta saturación de programas y concursos gastronómicos. Pero eso, seguramente, no es lo importante. Lo significativo es que en el episodio final se enfrentaron la cocina autóctona británica y la cocina de origen asiático. Venció la familia asiática. Y quizás esto sea lo más significativo del concurso: que trata de responder a la realidad étnica y antropológica de las Islas Británicas. No solamente Londres tiene hoy un alcalde de origen paquistaní, sino que, además, el ganador de este concurso procede de aquellas latitudes. Digámoslo claramente: si hasta ahora habíamos asociado las Islas Británicas a la cultura y a la etnia anglosajona, a partir de ahora vamos a tener que reconocer que algo ha cambiado y que estamos ante una comunidad multiétnica y multirracial. El Brexit ha sido la primera evidencia de que la perspectiva multiétnica no es la que satisface, como mínimo, a algo más de la mitad de la población. No es raro que las autoridades británicas intenten disminuir tensiones raciales dando cabida a presentadores y concursos que respondan a la realidad étnica actual del país… que ya no es la tradicional.

Fuera de este elemento, el resto de aportaciones de esta serie no difiere esencialmente de los elementos aportados por cualquier otro concurso gastronómico. Aquí, quizás, los jueces son mucho más indulgentes, menos agresivos que en la versión original de Master Chef o de su versión española, más tolerantes e incluso caritativos con los concursantes. El otro elemento a destacar es la orientación “casera” y, más que casera, incluso “rural”. Nada de decorados que sugieran “nouvelle cuisine”, nada de ambientes postmodernos: decorados con aspecto de graneros, o de cocinas rurales, concursantes vestidos con ropa de diario, cocinas que evoquen otro tiempo, tradición, pasado, la cocina de la abuela anglosajona aunque los concursantes sean malgaches, hindúes o egipcios.

En el Reino Unido, este programa ha suscitado controversias, no por sus contenidos, ni por sus concursantes, sino simplemente porque compite en la misma franja horaria, el mismo día de la semana con otro programa similar de la BBC: The Great British Bake Off. En España, obviamente, el impacto va a ser mucho menor: su difusión se realiza a través de una plataforma en streaming, en sí misma, minoritaria en relación a la audiencia general. Así pues, para que estos doce episodios logren enganchar a la audiencia, ésta deberá tener dos rasgos: ser un teleadicto a los programas gastronómicos y disponer de conexión a Netflix.