FICHA

Título originalThe Black Panther: vanguard of the revolution
Título en España: The Black Panthers: vanguard of the revolution
Temporadas: documental
Duración episodio: 114 minutos.
Año: 2015
Temática: historia.
Subgénero: EEUU.
Resumen: Documental sobre la historia de la organización de los Panteras Negras que apareció en los años 60 y cuya trayectoria supuso un cambio en el comportamiento, el estilo y los métodos de los activistas negros que reivindicaban la integración racial.
Protagonistas: entrevistas a Huey Newton, Bobby Seale, Fred Hampton, Eldridge y Kathleen Cleaver, así como a miembros de base de los Panteras Negras, a agentes del FBI e informadores y periodistas que trataron el tema.
Lo mejor: Sirve como introducción políticamente correcta al movimiento.
Lo peor: Buena parte de las cuestiones más peliagudas son omitidas de manera sospechosa.
Lo más curioso
: El director Stanley Nelson es afroamericano y lleva filmados una veintena de documentales, buena parte de los cuales están orientados al tema de los derechos civiles y el movimiento afromaericano en los EEUU.
¿Cómo verlo?: En Netflix (subtitulado en castellano) y en youTube (en versión inglesa)

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre BLACK PANTHERS: VANGUARD OF THE REVOLUTION

Mitificar la historia no es, seguramente, la mejor forma de asumirla. Y esto es lo que ocurre con este documental que nos da una idea bastante positiva de este movimiento afroamericano y, totalmente incompleta. Casi podríamos decir que Black Panthers: Vanguard of the Revolution, es la “versión oficial” que tiene en la actualidad la comunidad afroamericana de esta mítica organización fundada en 1966 y disuelta en 1982. Sin embargo, “la verdad” que nos presenta su director Stanley Nelson Jr, no es “toda la verdad”. Y esto es lo peor que puede achacarse a un documental: que el público que lo ve, crea que lo “sabe todo” sobre un tema, cuando en realidad solamente ha tenido acceso a una versión sesgada y autolimitada, casi ad usum delphini.

Lo más meritorio de este documental es que es, ciertamente, minucioso. Tardó siete años en filmarse y Nelson realizó una cincuentena de entrevistas, pero solamente montó la película con una treintena. Recopiló abundante material fotográfico y filmaciones inéditas, pero no pudo conseguir las grabaciones de conversaciones entre miembros de los Panteras Negras que el FBI había recogido. El documental sirve como base para entender lo que fue aquel movimiento y cómo lo vieron quienes participaron en él, pero en absoluto dice toda la verdad sobre el mismo. Esto hace que, finalmente, el movimiento resulte simpático e incluso atractivo (es inevitable que quienes pertenecieron al mismo, tiendan a embellecerlo con el paso del tiempo) pero no explica ni cómo lo veía la totalidad de la sociedad norteamericana, ni dice prácticamente nada sobre los grandes escándalos e incidentes en los que se vio envuelto, ni tampoco sobre el porqué el FBI lo persiguió con tanta saña, ni siquiera apunta gran cosa a la situación de la comunidad negra entre la fecha de fundación del movimiento y su fecha de disolución, años en los que se sucedieron cambios trepidantes en la sociedad norteamericana. Así pues, buen documental como punto de partida, pero peligroso y deformante de la realidad si no se recurre a otras fuentes complementarias.

Lo más meritorio, desde luego, son las entrevistas a los miembros de la dirección del movimiento y las descripciones de cómo veían sus acciones. En principio, los BP nacieron como una especie de “grupo de protección” de la comunidad negra norteamericana que se sentía discriminada por la policía. Si iban armados, como permitía la legislación norteamericana de la época, con armas bien visibles, eso disuadiría a la policía de actuar contra la comunidad negra. Esto parece justo, espectacular e insólito, pero justo. El problema de fondo no era ese, sino que, según las estadísticas, la tasa de criminalidad entre la comunidad negra era (y sigue siendo) muy superior a la de cualquier otro grupo étnico. Un afroamericano menor de 30 años tenía más posibilidades de morir de un balazo que de cualquier enfermedad. El hecho era que los mayores niveles de delincuencia tenían lugar dentro de los guetos, cometidos, no por policías, sino por habitantes de esos mismos guetos. Por lo demás, hacia finales de los años 60, ya existían entre la policía miembros de la comunidad negra, así que el razonamiento de que los policías blancos discriminaban a los negros, válido hasta mediados de los 60, ya no lo era a partir de entonces.

En este sentido, lo que consiguieron los BP fue “dar orgullo y dignidad” a la comunidad afroamericana, pero también instarles a responder más agresivamente a la policía… y, consiguientemente, a elevar el tono de la violencia étnica, eludiendo las cuestiones de fondo. Uno de los motivos que facilitó el ascenso de los BP (y que no se menciona en el documental) fue el hecho de que la comunidad negra estaba mucho más representada entre las tropas norteamericanas destacadas en Vietnam que cualquier otra comunidad étnica, acaso porque el director está demasiado interesado en demostrar lo indemostrable: que los BP era un movimiento pacífico de protección de la comunidad negra y que sus “programas sociales” eran una muestra de que casi se trataba de un grupo pacifista dedicado al “progreso de las gentes de color”.

Lamentablemente, las pruebas que apuntan en otras direcciones son múltiples: el mayor defensor de estos “programas sociales”, Huey Newton, resultó finalmente muerto en una vendetta entre narcotraficantes, cuando ya era un adicto al alcohol y a las drogas. Otros de los dirigentes eran simples exaltados, como Eldridge Cleaver que debió huir a Argelia tras una emboscada a dos policías… para regresar siete años después, convertirse en mormón (antes era musulmán) y terminar en el partido republicano conservador antes de morir de SIDA. Análogas limitaciones aparecen en las biografías que aparecen en el documental de otros dirigentes de los BP.

Así pues, el documental resulta un compendio de aspectos interesantes y erróneos que justifica el que lo califiquemos como “peligroso”, no por los valores críticos contra la sociedad norteamericana que, en realidad, están completamente ausentes, sino porque inducen al error al espectador y a tener, finalmente, una visión deformada de un grupo activista negro que fue completamente diferentes a cómo nos lo presenta el director. A partir de aquí, cabe decir que vale la pena verlo… con todas las prevenciones apuntadas.

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