FICHA

Título originalOne of Us
Título en España: One of Us
Temporadas: documental
Duración episodio: 95 minutos.
Año: 2017
Temática: Sectas destructivas.
Subgénero: Fundamentalismo judío.
Resumen: Varios judíos jóvenes, nacidos y educados en la secta “hasídica” o “jasidista”, intentan abandonarla con distintas suertes. Una vez más se muestra lo deletéreo que puede llegar a ser alguna secta excéntrica para sus propios miembros.
Protagonistas: dirigido por Heidi Ewing y Rachel Grady.
Lo mejor: Los testimonios, particularmente en el de la divorciada que debe entregar sus hijos a la secta, resulta estremecedores.
Lo peor: Que se da por supuesto que todos los espectadores conocen a la secta jasidista.
Lo más curioso
: Que el jasidismo, prácticamente desconocido en los países europeos del sur, es el subgrupo confesional de la religión judía que más crece.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 7,5

PROMO (más entrevista a las directoras, en inglés)

VER DOCUMENTAL (en Netflix)

REPORTAJE SOBRE LOS JASIDISTAS (Ebole, en castellano)

LA VIDA DE LOS JUDÍOS ULTRAORTODOXOS (documental de TV2)

Comprarlo en Amazon (no está a la venta)

Lo mínimo que puede decirse sobre ONE OF US

Todas las sectas, destructivas o no, tienen el mismo problema: son visiones limitadas de la realidad que, por una parte, aportan al que las profesa fuertes convicciones que dan un sentido a sus vidas, con la contrapartida de que tal convicción es irracional y subjetiva, teniendo como consecuencia un comportamiento excéntrico en relación a la sociedad. A esto responde la secta aumentando la cohesión vincular entre sus miembros y cerrándose al exterior. El resultado final es que todo aquel que, en un momento dado, advierte que “hay vida” más allá de la secta y se cuestiona las explicaciones que ésta le aporta, simplemente es irradiado, marginado y discriminado por la que hasta ese momento ha sido su comunidad. En el caso de One of us, lo que vamos a ver son tres miembros de la comunidad jasidista (o hasídica) de Nueva York que intentan dejar atrás esta secta judía.

Hay que recordar que el jasidismo es una forma de fundamentalismo judío, que apareció en Europa del Este, tras el fracaso del mesianismo “sabatiano”. Sus miembros son fácilmente reconocibles por su aspecto exterior. Visten siempre de oscuro, el pantone de colores no pertenece a su patrimonio cultural. Camisas blancas, jerseys, gabanes, pantalones, americanas negras, sombreros de tres tipos también negros, y las mujeres y niñas faldas largas negras, medias y calzado negro, brazos cubiertos, sin escotes por supuesto, abrigos o capas negros, pelo siempre corto, con peluca negra encima y algún pañuelo o tocado que cubra el pelo (en algunas comunidades blanco). Los varones, por su parte, desde niños se dejan crecer en las sienes mechones de pelo que tienden a rizar. Así pues, no hay confusión posible: se sabe quién es jasidista a distancia.

El leit motiv de su religión es la idea de cumplir estrictamente las prescripciones del Pantateuco y de la Torah en función de la idea de “pureza” (kosher”). El judío jasidista debe de alejarse de cualquier cosa que pueda poner en peligro su pureza y estar atento para advertir en cada momento qué estilo de vida debe mantener. Hay que decir que, las innovaciones de los tiempos modernos, advertidas ya en los años 90 (especialmente todo lo relativo a telefonía móvil e internet) han supuesto un choque para el judaísmo ortodoxo. Muchos rabinos ortodoxos aconsejan a los miembros de su comunidad el prescindir de todos estos adelantos. Al igual que los amish o las sectas rigoristas cristianas, los jasidistas, viven con las costumbres del siglo XVII. Esto ha generado distintas interpretaciones en el interior de la comunidad que han llevado a escisiones más permisivas y a extremos increíbles.

Uno de los aspectos más desagradables del judaísmo jasidista, es que en sus interpretaciones más extremas, considera que incluso la relación con un goym (no judío) puede hacer peligrar su “pureza”. En uno de los países más tolerantes y abiertos del mundo, en el Québec canadiense, quien esto escribe se ha sentido discriminado en el interior de una óptica cuyos clientes eran sólo judíos jasidistas. Mientras el propietario del centro era un judío occidentalizado, los clientes deparaban miradas de censura y hostilidad a los que habíamos entrado sin signos externos de pertenecer a su comunidad. Unos días después pudimos ver una manifestación contra el Estado de Israel protagonizada por jasidistas que alegaban que, según algún párrafo de las escrituras, el fin de la Diáspora, hacía imposible la llegada del Mesías…

Las autoras de este muy interesante reportaje son experimentadas documentalistas con un historial previo brillante en este género y que ya trataron el tema del fundamentalismo cristiano en Jesus Camp [2006] y lanzaron otros sobre la crisis de los EEUU: Detropias [2012] sobre el hundimiento de la ciudad de Detroit, Freakonomics [2010] sobre los extraños comportamientos de la sociedad norteamericana, 12th & Delaware [2010] sobre la polémica en torno al aborto en EEUU. En esta ocasión, vuelven a acertar y a ofrecer una dimensión dramática sobre los miembros de esta comunidad religiosa que, por unos u otros motivos, intentan huir de ella.

El documental nos muestra a jóvenes que, simplemente, quieren ser como los demás. No quieren renunciar a la religión judía, ni a su raza, simplemente quieren utilizar todo aquello que les ofrece la modernidad y que su comunidad les ha prohibido. No todos lo consiguen: algunos caen en la delincuencia, otros en la drogadicción, casi todos precisan ayuda psicológica, muchos están integrados en grupos de apoyo. Uno de los jóvenes no resiste más y retorna al seno de su comunidad, no por convicción sino por necesidad social de sobrevivir. Particularmente dura es la situación de una madre y sus siete hijas que iniciaron un proceso de divorcio por malos tratos. La comunidad jasidista respondió aterrorizando literalmente a la mujer y a sus hijos. No contentos con esto, contrataron a los mejores abogados para que los siete hijos pasaran a custodia del padre: aprovechando las lagunas de la legislación norteamericana, en estos casos, los tribunales siempre fallan a favor del padre para que el statu quo religioso que han vivido los hijos hasta ese momento siga así… lo que es imposible en compañía de la madre.

Hemos visto este documental, justo después de haber visionado Niños de Dios: perdidos y encontrados que nos han confirmado en que todas las sectas, a pesar de que sus orígenes sean muy distintos, todas, absolutamente todas, cuando más fundamentalistas son, más puntos en común presentan, especialmente para quienes quieran separarse de ellas. Este documental, One of us, no está realizado desde un punto de vista odioso y hostil a la comunidad jasidista. De hecho, algunos rabinos acceden a explicar sus puntos de vista. Obviamente se trata de los que sostienen posiciones más moderadas. Pero las imágenes de rabinos clamando por sus derechos en un estadio de Nueva York, ante una comunidad enfebrecida, exigiendo que ninguno de los suyos tenga iPod, móvil, internet y demás útiles de la modernidad, resulta simplemente estremecedora y muestra la dimensión de la crisis de nuestro tiempo en el seno de la comunidad judía. En todas las comunidades religiosas y políticas, la respuesta ante tiempos de crisis, tiende a ser refugiarse en sus raíces y encerrarse en ellas.

Las dos directoras de One of Us, si bien no nos han dado una visión de la doctrina jasidista (hemos indicado otros enlaces en castellano), nos ha introducido en la realidad del drama de aquellos que intentan retirarse de una secta y poner el contador a cero y todo, absolutamente todo el entorno que les rodea, incluso el aparato legislativo norteamericano, tienden a impedírselo. Un documental recomendable para todos aquellos que alberguen curiosidad sobre esta secta y sobre las concepciones religiosas excéntricas.