FICHA

Título original: Claws
Título en España: Claws
Temporadas: 1 (10 episodios).
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2017
Temática: Thriller.
Subgénero: Mafia
Resumen: Cinco mujeres trabajan en un salón de manicuras y, de paso, se dedican a lavar dinero negro. Las protagonistas, que pertenecen a los distintos grupos étnicos de la sociedad norteamericana muestran una gran solidaridad entre ellas y están decididas a no dejarse avasallar por el mundo de la delincuencia.
Protagonistas: Niecy Nash, Carrie Preston, Judy Reyes, Karrueche Tran, Jenn Lyon, Jack Kesy, Jason Antoon, Dean Norris, Evan Daigle, Aadyn Encalarde, Andrea Sooch, Dale Dickey, Paul Mann, Zdenko Martin, Christina Moore, Rachel Whitman Groves, Jimmy Jean-Louis, Kevin Rankin, Harold Perrineau, Angelica Ross, Happy Anderson, Donald M. Krause, Jeff Daniel Phillips, Elvis Nolasco, Phyllis Montana LeBlanc, Jency Griffin Hogan, Kenneth Kynt Bryan
Lo mejor: Hacer presentables a unas horterillas impresentables.
Lo peor: No termina de cuajar como comedia.
Lo más curioso
: A pesar de estar ambientada en el condado de Palmetto, en Florida, ha sido rodada en Nueva Orleans.
¿Cómo verlo?: En HBO desde el 12 de octubre de 2017.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre CLAWS

“Garras”. La traducción del término inglés “claws” indica precisamente las garras que muestran las cinco protagonistas de esta tienda de manicura especializada en colocar las más excéntricas uñas de porcelana, un tema, aparentemente desmoralizador y de poco interés que, sin embargo, empieza a interesar a partir del primer cuarto de hora, cuando se descubre que detrás de la inofensiva tienda regentada por unas chonis-poligoneras en versión multiétnica, se esconde un negocio de lavado de dinero de dudoso origen. Así pues, desde el principio la serie se configura como una tradigomedia o, más bien como una comedia mafiosa con toques de humor, de dramatismo y de tensión.

Las protagonistas son las dependientas y la encargada de un salón de manicura de esos que proliferan hoy, incluso en nuestro ámbito geográfico. Es un negocio en alza con un toque fetichista. Quizás tenga algo que ver con el interés por la estética que ha llevado a las clínicas dedicadas a estas operaciones a realizar las más abracadabrantes modificaciones del rostro humano. De nada parece servir el que la mayoría de los varones –y, no hace falta para ello ser catedrático de estética o de bellas artes- desaprueben esos labios recauchutados a base de botox o los rasgos de la edad corregidos con cirugías que restan personalidad y expresividad al rostro. Así mismo, los sufridos varones tampoco han sido consultados -¿deberían serlo?- sobre lo que opinan de esas uñas de porcelana similares a garras de aves rapaces, para colmo decoradas con los colores y diseños más horterillas que haya parido madre. Pues bien, esto es, precisamente, lo que se hace en este gabinete de manicura y lo que lucen sus integrantes.

Una vez repuestos de esta primera sorpresa y del mal gusto que destilan las “garras” en cuestión, el espectador repasa en que las protagonistas son cinco mujeres cada una perteneciente a un grupo étnico distintos: la afroamericana que parece recién saca de “Raíces”, la hispana, la anglosajona a lo Marilyn, la anglosajona recatada y la negra rebajada hasta casi lo lechoso, que a veces se confunde con una oriental. Todas ellas, absolutamente todas, corresponden a los distintos matices de lo que en nuestro ámbito geográfico se considera como “estilo choni-poligonero”. Aquí están elevadas a la categoría de heroínas. Todas ellas están, inicialmente, ligados por lazos de lealtad recíproca que les da fuerzas para oponerse a sus adversarios: individuos varones, bisexuales y farloperos, desmadrados y desubicados, del submundo mafioso de Florida.

Las protagonistas resultan simpáticas (unas más que otras) y otro tanto ocurre en con el imprevisible capo mafioso que alterna momentos de lucidez con arranques de ira, siendo el estado de permanente colocón cocaína, su característica más acusada. Las manicuras lavan en su establecimiento y en una clínica del dolor, dinero negro, pero pronto surge una disputa por diferencia entre las comisiones prometidas por el grupo mafioso y las que finalmente cobran. De esta polémica nacerá la primera temporada de esta serie de la que ya se está rodando en estos momentos una segunda tras el éxito obtenido desde su estreno el pasado mes de junio de 2017.

Aparecen varios rostros conocidos: el mafioso es Dean Norris, rostro que empezó a ser conocido por su papel en Breaking Bad, al que luego volvimos a ver como sheriff de La Cúpula y que habremos visto en no menos de dos docenas de series y otros tantos largometrajes. Es uno de esos rostros resultones al que siempre se le entregan papeles secundarios que desempeña con gran brillantez. La líder de las manicuras está interpretada por Niecy Nash, fondona afroamericana, con un historia artístico parecido al de Norris y que trabajó con otra de las protagonistas, Carrie Preston (que aquí vemos como estafadora cuarentona, aparentemente inofensiva pero con un amplio historial delictivo y pulsera localizadora en el tobillo) en la serie Gettin On. Judy Reyes a la que no veíamos desde la sitcom hospitalaria Scrubs, reaparece ahora, más madura en un papel de hispana lésbico-brutota. Una exprostituta reciclada en el negocio de la manicura es el papel que asume Karrueche Tran, cuyo historial artístico es el más breve de las protagonistas.

La serie, si se logra salvar cierta desconfianza inicial que pueden experimentar algunos espectadores alérgicos a los tipos choni-poligoneros y a las uñas postizas con la carga hortera que implican, puede reportar satisfacciones. Pronto, incluso a una velocidad inesperada, el espectador se identifica con las protagonistas, entiende de qué va la historia y percibe que en un mundo de locos y de delincuentes embrutecidos, ellas son lo más sano y normal. La historia está bien contada: nos habla de chicas vulgares que, simplemente, quieren un lugar bajo el sol, vivir trabajando pero pudiéndose permitir ciertas satisfacciones. Es una serie construida a base de arquetipos: las manicuras por una parte, los farloperos por otra, tipos que se encuentran en todas las esquinas del Estado de Florida a poco que uno descienda del avión.

Quizás la serie no logra ser todo lo humorística que los guionistas pretendían inicialmente, o quizás sea que la traducción de algunos gags hace que pierdan fuerza. No se trata de una serie “sutil” o delicada, sino que más bien, tira deliberadamente con sal gruesa y clichés para evidenciar la superficialidad y la vulgaridad de las protagonistas o la locura odiosa de sus oponentes. Sea como fuere es una serie diferente a todo lo que se haya visto en televisión. Y eso, con los tiempos que corren, ya es mucho.