FICHA

Título original: Touch
Título en España: Touch
Temporadas: 2 (26 episodios).
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2012-2013
Temática: Intriga.
Subgénero: Autismo.
Resumen: Un viudo no puede comunicarse con su hijo autista que tiene a las matemáticas como único enlace con el mundo real. Gracias a la asistente social que los atiende descubre la capacidad del hijo para adelantarse a los acontecimientos y transmitir sus mensajes a través de los números.
Protagonistas: Kiefer Sutherland, David Mazouz, Gugu Mbatha-Raw, Danny Glover, Roxana Brusso, Lukas Haas, Maria Bello, Karen David, Saxon Sharbino, Greg Ellis, May Miyata, Bodhi Elfman, Zuleyka Silver, Melissa Carnell, Nadine Ellis, Adam Campbell.
Lo mejor: Logra mantener el misterio y la inquietud de los espectadores, especialmente durante los primeros episodios.
Lo peor
: Guión complicado y que resulta demasiado repetitivo.
Lo más curioso
: la temática de la serie sugiere que las matemáticas son el único medio que tiene alguna variedad de autistas para comunicarse con su entorno.
¿Cómo verlo?: En Netflix. Ha sido emitida por Fox y por La Cuatro. También puede obtenerse mediante programas P2P y comprarse en formato DVD en inglés.

Puntuación: 6,5

PROMO (1ª temporada, en inglés)

PROMO (2ª temporada, en inglés) 

CABECERA

MÚSICA

WER SERIE (Netflix)

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Lo mínimo que puede decirse sobre TOUCH

Hay series “extrañas” por su contenido, otras por su conclusión, algunas porque uno no entiende como algún directivo ha aprobado una serie así y otras simplemente por su calidad excepcional. Touch pertenece al primer género, a las que son diferentes (y “extrañas”) por su contenido. Éste podría ser definido como ideológicamente propio a la “new age”. ¿Su leit motiv? “Todo está conectado con todo”. Una secuencia matemática aparecida, por ejemplo, en el cuaderno de un niño autista, puede indicar –si somos capaces de descifrarlo- el que alguien, en no importa qué parte del mundo, va a ser atropellado por un coche… En apenas estas cinco líneas acabamos de resumir la serie.

Nada más empieza el piloto, vemos que los protagonistas son dos viejos conocidos: por una parte “Jack Bauer”, el protagonista de 24 horas, en su papel de “Martin Bohm”, un sufrido padre cuya esposa era bróker en la Torre Sur del World Trade Center el día en que se estampó un avión contra su estructura. Desde entonces, malvive en distintos trabajos, dedicando la vida a su hijo de 11 años, “Jake Bohm” (David Mazouz, al que posteriormente hemos visto interpretando a “Bruce Wayne” adolescente de Gothan) autista. El drama del padre es que ignora si su hijo le entiende, si escucha lo que le dice y la forma de comunicar con él. El crío, de tanto en tanto se escapa de casa y aparece sentado en el borde de una plataforma elevada. Permanentemente está concentrado escribiendo secuencias numéricas en sus cuadernos. Parecen carecer de sentido, sin embargo, lo tienen.

Una providencial asistenta social empieza a percibir, durante un período en el que “Jake” está a su cargo para realizar una evaluación, que en su entorno ocurren fenómenos extraños. Igualmente, su padre nota que algunas de las secuencias numéricas que escribe su hijo tienen significados muy concretos. El espectador, además, empieza a darse cuenta de que distintos hechos ocurridos en los lugares más alejados del planeta están íntimamente conextados entre sí. El “profesor Arthur Teller” (Danny Glover), al que recurre el padre, le explica el misterior: “Todo está conectado con todo” y las matemáticas son el lenguaje que utiliza su hija para comunicar sus mensajes. En el mundo de las matemáticas no existe la noción del tiempo, por tanto es posible percibir el futuro. “Jake” tiene esa cualidad.

El principio es prometedor y, a pesar del buenismo y de la improbabilidad de que “todo esté conectado con todo”, el espectador está dispuesto a dar un voto de confianza a esta serie “a ver por donde sale”. Touch es uno de esos casos en donde el guionista se ha esforzado por mantener la intriga, pero la imposibilidad que contiene el mismo guión de dar una salida lógica y razonable a la serie a partir del punto de partida matemático, se va imponiendo cada vez más y pronto –hacia la mitad de la primera temporada- se percibe que la serie se va a convertir en una serie de “gags” generados en los puntos más distantes y exóticos del planeta que, aparentemente, están unidos porque algunos autistas pueden preverlos.

En realidad, la temática de Touch daba para una miniserie o quizás para un largometraje –era un buen tema, también, para una TV movie- pero no para extenderla durante dos temporadas. El público norteamericano lo percibió de la misma manera: por la complejidad de su argumento matemático, la serie es descorazonadora para una parte del público que jamás sintonizaría con este tema; los que, salvando este obstáculo se encuentran con la reiteración del argumento y con la repetición sistemática del lema (“todo está conectado con todo”) que hacia el tercer episodio ya comienza a ser cansina y el grito desgarrador de “!Jakeee!” de Sutherland cada vez que la criatura desaparece, difícilmente completarán la visión de las dos temporadas.

La serie falleció de muerte natural al cabo de dos temporadas. No es que sea una mala serie (de hecho, está algo por encima del nivel medio) es que es una serie “difícil” en donde la imaginación se les agotó a los guionistas en los primeros episodios y en el enunciado del paradigma. Las cualidades interpretativas de Sutherland o de Danny Glover se vuelven a poner aquí de manifiesto y en cuanto a la actuación de David Mazouz, llamó ya en aquella serie la atención, así pues, no son las actuaciones lo que falla. La realización es rutinaria y, por tanto, está en la media. Es el guión, pues, lo que, al intentar “trabajar” un tema original, ha terminado dando a luz un argumento excesivamente completo y difícil de extender.

Y un reproche a los guionistas: el hecho de que en las estructuras biológicas sea frecuente encontrarse con el “número de oro”, la “divina proporción” o a la “serie de Fibonacci”, indica solamente la predisposición biológica a estructurarse con un determinado patrón. Cuando un edificio o una composición musical, o incluso un rostro, tiene presente ese mismo patrón (lo que los clásicos llamaban “divina proporción”, expresada por el número 1,618), algo resuena en el interior de lo humano que percibe esa forma como armoniosa, bella o equilibrada. Pero estamos hablando de las “formas” de la materia, no de la conducta humana que carece de un patrón matemático para ser medida, como no sean las estadísticas que registran solamente actitudes de masas. Tal es el error de fondo que contiene esta serie: no todo, está relacionado con todo en lo que a relaciones humanas se refiere.

Gustará a los devotos de la “new age”, especialmente, especialmente si aman las series de intriga que den la razón a sus intuiciones. Quienes admiraron a Sutherland en la serie 24 horas, lo volverán a ver en forma, menos presionado por el tiempo, pero más angustiado por su problema familiar. Es también una posibilidad de que los que se han fijado en el Bruce Wayne de Gotham, vean a su protagonista cuando todavía no había entrado en la adolescencia.