FICHA

Título original: Heir to an Execution
Título en España: Heredera de una ejecución
Temporadas: Documenta).
Duración episodio: 99 minutos.
Año: 2004
Temática: Intriga.
Subgénero: Sobrenatural.
Resumen: La nieta del matrimonio Rosenberg, detenidos, juzgados y ejecutados en los EEUU por espionaje durante la Guerra Fría, pasa revista a la situación que vivió la familia en aquellos años y como defendieron su inocencia para darse cuenta luego de que, efectivamente, habían traicionado a su país.
Protagonistas: Ivy Meeeropol, y diversos testimonios.
Lo mejor: Un acusado sentido de la objetividad, sobre todo si tenemos en cuenta que la directora es la nieta de los Rosenberg.
Lo peor
: En algún momento parece que se intenta un ajuste de cuentas con la familia Greenglass.
Lo más curioso
: el lujoso edificio existe verdaderamente, es el The Ansonia, pero su ubicación no es el 666 de Park Avenue sino en el 2019 de Broadway.
¿Cómo verlo?: En HBO. También puede obtenerse mediante programas P2P y comprarse en formato DVD en inglés.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre HEREDERA DE UNA EJECUCIÓN

En ocasiones los documentales suelen tener una carga emotiva que desvía la atención del espectador hacia los sentimientos mostrados y experimentados por los protagonistas, en lugar de hacia la verdad histórica. Tal era el riesgo que inicialmente tenía este documental realizado, dirigido y fotografiado por la nieta del matrimonio formado por Julius y Ethel Rosenberg que fueron ejecutados en 1953 en Sing-Sing como espías al servicio de la URSS. Durante décadas, la opinión pública que siguió aquellas ejecuciones se ha preguntado si verdaderamente el matrimonio Rosenberg eran espías o bien se trató de un ajuste de un castigo con ribetes antisemitas (ambos eran judíos) de la administración norteamericana en la época de la “caza de brujas”. Sin embargo, Ivy Meeropol, nieta de los Rosenberg, no permite que las lágrimas que caen por sus mejillas cuando recuerda aquellos momentos, enturbien su objetividad.

Esta objetividad es difícil de conseguir. En un tema político –y éste lo es- es frecuente que se adopten posturas tendenciosas según la propia opinión y lo que se quiere demostrar. Buscando información para comentar este documental, por ejemplo, nos encontramos con un sorprendente titular de El País: “Los Rosenberg eran inocentes”. Bien, el titular es inequívoco: así pues ¿se trató de una venganza? Sin embargo, cuando se lee el artículo, se percibe una sensación diferente ¡es la demostración de que los Rosenberg, efectivamente, habían tenido que ver con el espionaje soviético y habían entregado material a agentes del KGB! ¿Qué ocurre? Ocurre que El País, diario humanista y progresista, se cree obligado a defender todavía la causa de los Rosenberg, cuando hoy, incluso los descendientes de los ejecutados están más que convencidos de que, Julius entregaba secretos nucleares a la URSS con el conocimiento de Ethel… “No dejes que la verdad destruya un buen titular”.

El documental tiene como puntal a la propia directora, Ivy Meeropol que va recorriendo, a veces sola, en otras con su padre y en otras con él y con su tío, los lugares habituales de sus abuelos, entrevistando a quienes los conocieron y a algunos de sus antiguos camaradas del Partido Comunista. Quizás el problema de este documental es que no se termina de ver cómo fueron detenidos y cuál fue su papel real en la red de espionaje comunista, situado en las proximidades o en el interior del Proyecto Manhattan, que entregó secretos nucleares a la URSS. Lo cierto es que el propio Nikita Kruschef en sus memorias, alabó la tarea de los Rosenberg y condecoró con la medalla de Héroe de la Unión Soviética a Julius (algo que el documental evita recordar). En el último cuarto de hora, sin embargo, el testimonio de dos antiguos camaradas (uno de ellos, un abuelo entrañable de 103 y otro veterano comunista que reconoce públicamente que él también hubiera entregado secretos a la URSS) terminan aclarándolo todo y explicando por qué ese empeño en ejecutar a los Rosenberg.

Simplemente, se negaron a colaborar, situaron por encima de todo, de su familia, de su nombre, de sus propias vidas, la fidelidad al ideal: el creer que la URSS era la patria de los desposeídos, el país redentor de la humanidad y el garante de la paz mundial. Cuando se les puso delante una lista con 25 nombres de sospechosos de actividades comunistas y de espionaje y se pidió que los delataran, ellos se negaron. No quisieron delatar a sus camaradas por fidelidad al marxismo-leninismo.

Hoy la culpabilidad de Julius Rosenberg está más que demostrada y no hay nadie con un mínimo conocimiento de la cuestión que albergue dudas (ni siquiera en su propia familia, pero sí en la mesa de redacción de El País…). Ahora bien, si Julius Era culpable, ¿lo era también Ethel? Su nombre solamente aparece en una ocasión en documentos incautados por el FBI a la red de espionaje soviética y con su propio nombre, no con el alias habitual con el que se nombran a los espías. No existe ninguna prueba de su culpabilidad. Simplemente fue ejecutada por negarse a colaborar con el FBI. La cuestión es ¿porqué lo hizo? Y la respuesta la ofrece uno de sus antiguos camaradas de partido: “Julius y Ethel se amaban y amaban la causa que defendían, eso les impedía traicionarle y traicionarse el uno al otro”. Uno no puede por menos que sentir admiración por esta inusual actitud. Judicialmente, habían traicionado a su país, habían vendido secretos al enemigo. Se les aplicó la ley.

El problema fue que sus hijos les sobrevivieron y durante décadas se convirtieron en los principales activistas y animadores de campañas ininterrumpidas para demostrar su inocencia y reivindicarlos… Hasta que en 1995 se desclasificaron algunos documentos de la CIA relativos al caso y se demostró de manera indubitable que, efectivamente, habían entregado secretos atómicos a la URSS. Entonces debieron valorar de manera muy diferente la carta que sus padres les dejaron al ser ejecutados: “somos inocentes”… A partir de 1995 debieron dar a este concepto un contenido diferente: “inocentes” porque no creyeron que traicionaban a su país, “inocentes” porque no se sentían tan americanos como miembros del “proletariado internacional”, “inocentes” porque sentía que su misión no era defender a la América belicista y capitalista, sino a la URSS socialista y “patria del proletariado”…

El hecho de que todos los miembros de la red de espionaje desarticulada por el FBI fueran judíos, estuvo en el origen de una campaña antisemita que respondía a la orientación conspiranoica clásica: “judíos norteamericanos comunistas pasan secretos atómicos a judíos soviéticos”… Hubo quien asumió así los hechos. En realidad, el pensar en la existencia de una “conspiración comunista” para entregar los EEUU a su enemigo, era una forma excesivamente simplista de ver las cosas: de hecho, fue el matrimonio Greenglass, judíos como los Rosenberg, quienes los denunciaron y salvaron la vida y en cuanto a Stalin, en aquellos momentos, estaba realizando prácticas antisemitas que llevaron al Gulag y al paredón a algunos de sus médicos. La historia nunca responde a los esquemas simplistas de la conspiranoia.

Hay que alabar a Ivy Meeropol por su trabajo. Típica liberal americana, con posterioridad ha sido codirectora de uno de las 9 entregas del documental Planeta en peligro (2014). El documental dedicado a sus abuelos y a la historia de su familia desempolva recuerdos personales, documentos propiedad de su familia, fragmentos de documentales de la época, que resultan estremecedores en muchos casos e ilustrativos siempre. El documental, a pesar de la carga emotiva que contiene, es mesurado, equilibrado y con una innegable búsqueda de la objetividad. Lo que, en principio, estaba concebido como un “testimonio familiar”, se convierte, a medida que avanza, en una exposición de los primeros años 50 en los EEUU con la “caza de brujas” y el anticomunismo militante, algunos datos preciosos para valorar la responsabilidad de Julius Rosenberg y en una serie de entrevistas que nunca se habían realizado antes con sus antiguos camaradas de partido.

Un buen documental, en definitiva, que será aprovechado por quienes conocen el tema o han oído hablar de él (en la película de Spielberg, El puente de los espías, 2015, el caso de los Rosenberg se menciona abundantemente: se les electrocutó como “traidores” a los EEUU, mientras que Rudolf Abel, el espía soviético que protagoniza la película no fue ejecutado porque, en su condición de ciudadano soviético, no era traidor a su patria, sino un soldado en el cumplimiento de su deber) y que, sin duda, estimulará a otros a documentarse algo más sobre aquel desdichado episodio de la Guerra Fría.