FICHA

Título original: American Vandal
Título en España:  American Vandal
Temporadas:  1 (8 episodios)
Duración episodio: entre 26 y 45 minutos.
Año: 2017
Temática: Sátira.
Subgénero: Falso documental.
Resumen: En un instituto de secundaria, el joven es expulsado por pintar penes en 27 vehículos pertenecientes al profesorado. Un compañero aficionado al vídeo realiza un documental en el que se demuestra su inocencia. El programa es una sátira a los programas sobre crímenes reales que tanto proliferan últimamente
Protagonistas: Tyler Alvarez, Eduardo Franco, Gabriela Fresquez, Camille Hyde, Carla Jeffery, Jessica Juarez, Carlos Luna, Camille Ramsey, Lou Wilson, Lukas Gage, G. Hannelius, Karly Rothenberg, Saxon Sharbino, Calum Worthy, Aylin Bayramoglu, Myles Brewer, Dendrie Taylor, Liam C. Johnson, Matt Miller, Tucker Albrizzi.
Lo mejor: Tras la aparente banalidad del tema se oculta una poderosa idea original.
Lo peor
: Al apagar el televisor, alguien puede pensar que lo que ha visto es cierto
Lo más curioso: El estreno mundial se realizó a través de Netflix el 15 de septiembre de 2017, cuando las promos ya habían tenido una audiencia espectacular.
¿Cómo verlo?: En Netflix.
Puntuación: 7,5

PROMO (en inglés)

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Lo mínimo que puede decirse sobre AMERICAN VANDAL

Si el espectador no se informa correctamente, es posible que lo que vea en esta miniserie de ocho entregas de Netflix, le decepcione: “otro documental sobre un crimen”. En los últimos años abundan documentales de este tema. Y éste, a fin de cuentas, tiene en su contra el tratarse de un “crimen” banal y juvenil, una broma de instituto. No hagan caso y sigan viéndolo. Los 27 vehículos que se encontraban en el parking de una High School norteamericana, aparecen con pintadas de grandes penes en sus carrocerías. Un alumno, “Dylan Maxwell”, obsesionado con pintar penes por todas partes es acusado del acto vandálico, pero un par de compañeros de clase, aficionados al cine, realizan una investigación y se dan cuenta de que “Dylan”, no puede ser el autor de la broma. La serie es tan convincente –como pudo serlo en su momento el documental Operación Luna– que se corre el riesgo de pensar que lo que nos está ofreciendo Netflix son ocho episodios sobre una simple gamberrada juvenil. Luego resulta que todo es un “mockumetary”…

Vayamos por partes. Aclaremos el vocabulario. No olviden ni la palabra ni el concepto siguiente: “mockumetary”, un tipo de película sobre acontecimiento ficticios presentado como si se tratara de un documental. La palabra es lo que en EEUU se llama un “portmanteau”, es decir una palabra que reúne, contraídos, otros dos concepctos: en este caso “mock” (burla o burlarse de) y “documentary”. Así pues un “mockumetary” será “una burla realizada con forma de documental”. No es un género nuevo: sus orígenes remotos se remontan a la década de los 30 cuando Luis Buñuel lanzó su Tierra sin pan (1933) y Orson Welles su programa de radio La guerra de los mundos (1933). La credibilidad de la información (que durante años se ha considerado como cierta en el caso de Buñuel y que inicialmente se tomó como tal en el programa de Welles) reside en que se presenta con forma de documental riguroso y sistemático o de informativo que remite a la más palpitante actualidad. Las películas sobre los Beatles (Help! y ¡Qué noche la de aquel día!, en 1965 y 1964 respectivamente) iban en la misma dirección. Y Woody Allen lo reinventó en Toma el dinero y corre (1969). Es “mockumetary”, para ser considerado  como tal debe “burlarse” o “escarnecer” a algo o a alguien. Y de lo que se trata es de presentarlo con todas las características de verismo para que sea –al menos inicialmente- tomado en serio. En el caso de American Vandal, el objeto de sus ironías son los programas sobre crímenes que tanto proliferan en el último lustro.

Aclarado este concepto e incorporada la palabra a nuestro arsenal crítico, veamos de qué va esta miniserie. En una High School de los EEUU, cuya ubicación se omite deliberadamente, pero que aparece como un modelo estándar de este tipo de centros, una gamberrada -27 coches pintados con pintadas de grandes penes, cuyos daños se elevan a 100.000 dólares- hace que un alumno sea expulsado del centro. Se trata de un tipo conflictivo, no particularmente malvado, en realidad un gamberro bastante obtuso, en permanente “fuera de juego” a causa de los porros y con un grupo de amigos de similares circunstancias (“los inseparables”) solamente tienen una habilidad: subir vídeos estúpidos en youtube y estar orgullosos de ello. El expulsado, “Dylan Maxwell”, tiene antecedentes por actos de vandalismo: a todas horas y en todo momento pinta penes en las paredes, en los cuadernos, en las mesas del instituto. El hecho de que esos penes luzcan unos cuantos pelos en los testículos y que los pintados en los vehículos no tengan ese detalles es la “prueba” que impulsa a dos aspirantes a cineastas, compañeros de instituto, a asumir su defensa y tratar de investigar el tema tal y como lo han visto en esas series documentales de investigación que, en realidad, denuncia y sobre las que ironiza esta serie.

No vamos a decir cómo termina, porque eso supondría revelar quién es el “criminal” y esta es, a fin de cuentas, una serie de investigación. Ahora bien, si cabe decir que el producto que nos ofrece Netflix es sorprendente y creíble. Es posible que muchos espectadores se lo tomen como un “caso real” y les enfurezca su aparente banalidad. Sin embargo, la miniserie es mucho más dramática de lo que a primera vista parece: lo que nos está presentando es el día a día de un instituto de enseñanza media de los EEUU. Lo que estamos viendo es lo que ocurre todos los días en este tipo de centro. Los alumnos no son creaciones del guionista, sino que responden a los tipos que frecuentan estas escuelas: la alumna liberal y protestona, el alumno guaperas, la chica guay, el alumno intrascendente que busca popularidad como sea, los empollones, los gilipoyas integrales, porreros y colgados, los profesores que buscan caer bien a los alumnos y los amargados que tienen cuentas pendientes con ellos, los padres que consideran que sus hijos, por garrulos y paletos que sean, son “wonderful” y “buenos chicos” y los directivos del centro que pierden el tiempo tomando seriamente gamberradas de este tipo. Cuando llegamos al final de la serie, no estamos muy seguros de si lo más dramático es cuando se produce un tiroteo en el interior de un instituto (lo que ocurre, afortunadamente, en pocas ocasiones) o si deberíamos preocuparnos porque la vida cotidiana y normal de estos centros sea un puro despropósito y cada vez estén más inhabilitados para cumplir su cometido: la enseñanza y la educación de los jóvenes. Hay crisis en la enseñanza (en EEUU y en España) y cabría recordar la frase lapidaria de Nietzsche: “El desierto crece”.

Algunos de los actores que participan en este “mockumentary” tienen cortos historiales televisivos (la mayoría son jóvenes).Tyler Alvarez (en la miniserie “Peter Maldonado”) apareció en cinco episodios de Orange, is the new black, como hijo de una reclusa. Jimmy Tatro (“Dylan Maxwell”) ha participado y realizado él mismo varias series difundidas en la Web y realiza vídeos cómicos prácticamente desde niño. Calum Worthy, en la serie “Alex Trimboli”, es estudiante que denuncia a “Dylan” como autor de la gamberrada, tiene a sus 26 años (aparenta menos) una dilatada carrera en el cine y en la televisión y varios premios de interpretación… Así pues, todos los participantes son actores, la mayoría jóvenes, que contribuyen a dar más credibilidad a la producción.

No tiene puntos débiles esta producción que consigue ampliamente su objetivo: ironizar sobre un género de documentales sobre crímenes de los que se abusa y que, en ocasiones, aclaran poco y mostrarnos un fresco bien estructurado sobre la enseñanza secundaria en los EEUU. Netflix se ha arriesgado a incorporar esta serie a todas sus plataformas nacionales y el 15 de septiembre de 2017 realizó su estreno mundial. Es un producto especial que será apreciado por el grupo de espectadores que aman los productos originales realizados sin fisuras; otro grupo que puede apreciar esta serie es el de los coleccionistas de “freakadas”, los que aman los “fakes” y todos aquellos que quieran saber algo sobre la situación de la juventud norteamericana. Los consumidores habituales de documentales sobre crímenes, es posible, que hasta el final esta miniserie, sin advertir que está ironizando sobre sus aficiones. Y para los que quieran, finalmente, divertirse. ¿Recomendable? Sin duda: pero sólo para los grupos de espectadores que hemos enumerado.