FICHA

Título original: The Divide
Título en España:  The Divide
Temporadas:  1 (8 episodios)
Duración episodio: 44 minutos.
Año: 2014
Temática: Drama.
Subgénero: Abogados.
Resumen: Un bufete de abogados especializado en revisiones de casos se interesa por el de un condenado a muerte que sostiene su inocencia. Consiguen que se practiquen nuevas pruebas que demuestran que tenía razón y que abren la pista de una trama de corrupción.
Protagonistas: Damon Gupton, Jan Maxwell, Marin Ireland, Joe Anderson, Nia Long, Mike Tyrell, Paul Schneider, Jahmil French, Clarke Peters, John Bedford Lloyd, Kenneth Welsh, Adam Rothenberg, Scott Edgecombe, Britne Oldford, Reg E. Cathey, Kate Ziegler, Monika Schurmann, Rong Fu, Craig Thomas, Barbara Mamabolo, Nicole Stamp.
Lo mejor: La trama que resulta ciertamente interesante.
Lo peor
: Que se trataba de una serie de bajo presupuesto y, por tanto, de impacto limitado.
Lo más curioso: La serie fue desarrollada para la cadena AMC que, además, la produjo, sin embargo terminó emitiéndose en Netflix.
¿Cómo verlo?: A través de Netflix.
Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE DIVIDE

No es la primera vez que llega una serie sobre errores judiciales. Parece que en EEUU están a la orden del día, como en todo el mundo, por lo demás. La diferencia es que allí, uno de estos errores –por negligencia, por mala fe, por ignorancia- le puede costar a uno la vida. Menos mal que existe un bufete de abogados voluntarios que luchan por causas perdidas en primera instancia. Los abogados revisan los casos que les llegan, eligen aquellos en los que verdaderamente existe una posibilidad de que se haya vulnerado alguno de los principios del derecho o se haya realizado una investigación chapucera y pueda reabrirse atendiendo a nuevas pruebas. Así empieza The Divide, como un simple “drama judicial”. Pero, a medida que avanzan los ocho episodios, la situación se complica extraordinariamente para transformarse en un caso de corrupción institucional.

Desde el momento en el que se inicia esta serie se percibe que estamos ante un producto de bajo presupuesto, casi una serie de relleno. Los escenarios y las tomas son convencionales, todos los actores que participan son semidesconocidos o con poco rodaje, no es carisma lo que destilan, por mucho que Paul Schneider tenga un amplio historial cinematográfico en películas indi o en serie B y haya aparecido últimamente en unas cuentas series  (The Newsroom, Channel Zero), y que Marin Ireland tenga un historial similar (Ley y Orden, Mildred Pierce, La buena esposa, Homeland, Elementary, etc, etc.) y que destacan por encima del resto. Se trata de dos buenos actores –ambos encarnan en la serie a los dos abnegados abogados defensores- especializados en papeles de reparto que no consiguen transmitir sensaciones en esta serie cuando trabajan juntos. Es el resultado del “bajo presupuesto” que no da tiempo a realizar pruebas con los actores, ni a medir su impacto ante la audiencia.

El guión es, por lo demás, bueno, incluso brillante en su conjunto. La trama es bastante ágil, poco a poco va ascendiendo en intriga e intensidad y lo que parecía, inicialmente, un caso sencillo de error judicial, en el que incluso, en el primer episodio, podemos apostar quién ha sido realmente el asesino, se convierte bruscamente en un caso de corrupción policial, negligencia de la fiscalía, cuyo titular va para gobernador del Estado, lo que nos sitúa, acto seguido, en un caso de corrupción política de altos vuelos. La acusación y la petición de la pena capital se basan en el testimonio de una niña que vio al acusado en la escena del crimen… pero que no lo vio matando a las víctimas. El análisis de ADN demostrará –con posterioridad a la ejecución del condenado- que el condenado (y ejecutado) era inocente. Será a partir de ese momento, cuando empiece a emergen la trama que ha inducido deliberadamente a ese “error judicial”.

Así pues, el guión es antológico, bien atado, original e inteligente. Ahora bien, el modelo de producción está sometido a restricciones económicas y eso se nota en la falta de espectacularidad de la fotografía, en lo convencional del montaje, de las actuaciones y de la realización y en la visible rapidez con la que ha sido filmada.

El resultado final es, con todo, aceptable: los episodios discurren rápidamente (habrán sido muchos espectadores los que la habrán visto en un maratón de fin de semana), no aburre en ningún tramo, pero “falta algo”. A pesar de esto, quienes la han visto lamentan que no haya una segunda temporada. En cualquier caso, la serie deja, simplemente, un buen recuerdo.

Serie adaptada para los interesados por los “dramas judiciales” o los “thrillers de abogados”, también para los que desconfían del sistema de justicia americano. Recomendada a los que busquen guiones de calidad y no les importe excesivamente el resto de elementos constitutivos de la serie. Y, finalmente, adaptada para los que no tengan excesivo tiempo y se nieguen a ver culebrones y novelas-río, partidarios de las miniseries y de las temporadas de diez episodios o menos.