FICHA

Título original:  Questioning Darwin
Título en España:  Cuestionando a Darwin
Temporadas: 1 (10 episodios)
Duración episodio: 58 minutos.
Año: 2014
Temática: Documental.
Subgénero: Científico.
Resumen: Bajo un título ambiguo, en realidad vemos a una serie de cientñíficos convencionales que confirman la teoría de Darwin y un grupo de freakys que lo cuestionan por razones religiosas. El fondo de la cuestión: si la teoría de Darwin está confirmada o no, no se toca.
Protagonistas: documental con entrevista a Kem Ham, Kenneth Miller, Michael Behe y una docena más de defensores del “creacionismo” y del “evolucionismo”.
Lo mejor: Nos indica hasta qué punto en EEUU la mala comprensión de la religión lleva al ridículo.
Lo peor
: Evita decir que la teoría de Darwin tiene críticos desde el punto de vista científico y no religioso.
Lo más curioso: la exsistencia del Museo de la Ciencia de la Creación en los EEUU.
¿Cómo verlo?: Se emite en HBO. Actualmente puede bajarse mediante programas P2P en versión castellana o verlo en versión original en youTube.
Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre CUESTIONANDO A DARWIN

No todos los documentales son lo que prometen ser. Éste, por ejemplo. Bajo el título de Cuestionando a Darwin, uno estaría tentado de pensar que lo que se nos ofrece a lo largo de los 58 minutos que siguen van a ser argumentos científicos que hoy, aquí y ahora, entran en contradicción con la teoría de la evolución tal como la planteó Charles Darwin. Argumentos científicos, insistimos: tal es el punto de vista admisible para criticar la teoría de la evolución. En lugar de eso, lo que nos encontramos es con una serie de argumentos de matriz religiosa que se vienen repitiendo con escasas modificaciones desde que Darwin publicó El origen de las especies (1859). Ahí está la trampa.

El hecho de que casi la mitad de los norteamericanos crean que Dios creó el mundo tal como lo explican los primeros versículos del Génesis, no quiere decir que la teoría de la evolución sea errónea. Es más, la teoría de la evolución es errónea tal como la planteó Darwin porque, simplemente, no ha podido ser demostrada. La paleontología lo único que ha servido es para mostrarnos un puzle de restos de otras épocas. Hoy no se admite ya esta teoría –insistimos, “tal como la planeó Darwin”- y si alguien quiere una refutación desde el punto de vista científico ver este puede recurrir a esta charla del profesor universitario e investigador Máximo Sandín: Desmontando a Darwin. Y esto es lo que hace falta: culturizar a la audiencia, no mostrar como confirmadas teorías que no lo están (todos los científicos entrevistados en el documental Cuestionando a Darvin, son entusiastas y sostenedores de su culto) o presentar argumentos de fanáticos religiosos de pocas luces cuyo argumento máximo es “no lo dice la Biblia y si la Biblia dice que todo fue creado en seis días, ahí está la verdad”.

Las teorías científicas contrarias al darwinismo tienden hoy a sustituir la palabra “evolución” por “transformación”. Esa transformación no siempre fue lineal, ni ascendente, tal como presentaba Darwin, cuya doctrina, de hecho, no era más que la traslación al terreno de la biología de los doctrinas liberales y progresistas de la época. No sin cierta razón, Louis Pauwels escribió: “Nuestros abuelos habían decretado la muerte de Dios. Pero la Trinidad resistió el golpe. Sólo cambiaron las palabras. El Padre se convirtió en la Evolución; el Hijo, en el Progreso; el Espíritu Santo, en la Historia. Matad al Padre de una vez para siempre. Es decir, poned en duda la Evolución. Entonces, la noción de Progreso fallará por su base; perderá su valor de absoluto; se despojará de su naturaleza casi religiosa. Y, en consecuencia, la Historia dejará de ser necesariamente ascendente”. Hoy, toda la construcción intelectual iniciada en el siglo XVIII con la filosofía de las luces, los escritos de Malthus y culminada con Darwin, está más que superada. El problema es que renunciar a la idea del progreso supone un esfuerzo intelectual que nuestra civilización no está dispuesto a hacer. Este documental lo demuestra: resulta mucho más fácil dar lanzadas a moro muerto (esto es a los “creacionistas” norteamericanos) que recordar que la evolución no es como nos la contaron cuando estudiábamos: simplemente no ponían los distintos modelos de huesos equinos y nos decían: “¿lo véis? Los caballos han ido aumentando de tamaño y perdiendo dedos de sus extremidades”. No se nos decía que si bien eso correspondía a los fósiles encontrados, las fechas en las que se podían datar indicaban una “evolución no lineal”. También se ha hablado en muchas ocasiones del “eslabón perdido”. Hasta principios de los 60 se creía que el “hombre de Pildtown” lo era: hoy se sabe que fue una falsificación e incluso se conocen los nombres de los falsarios. Luego se dijo que el “hombre de Pekín” era ese cacareado eslabón perdido. Dado que los restos de perdieron ha resultado imposible confirmar que se trataba de otra falsificación del mismo jaez (por los estratos en donde se encontró).

Lo que está claro en la evolución es que no todo está tan claro como parece. Para que el ojo humano pueda ver mejor que las especies anteriores, no solamente debe producirse una mutación, sino muchas, al mismo tiempo, o de lo contrario, una sola sería disfuncional y desaparecería. No hay posibilidades de explicar la evolución y perfección del ojo humano recurriendo a Darwin. ¿El creacionismo? Seamos serios: los mitos religiosos son eso, imágenes, símbolos, parábolas, pero no ciencia. Tomarlos como hechos realmente ocurridos es una creencia freaky e insostenible más allá del fanatismo religioso.

En ciencia se dice que “más vale una mala teoría que no tener teoría”. Y tal es la importancia del darwinismo en la historia de la ciencia: por fin una teoría que tratara de explicar el origen de las especies y su concatenación. Así se tiene una teoría que refutar o que confirmar. Aunque sea errónea, el evolucionismo es un punto de referencia. Corresponde a Teilhard de Chardin el haber intentado “casar” ciencia y religión (era paleontólogo y jesuita): la presunta evolución indicaría sólo el recorrido de la parte biológica del ser humano, pero no tendría nada con su núcleo íntimo, su alma. Teilhard (quien por cierto estuvo próximo a las falsificaciones de Pildtown y Pekín) está hoy también superado (su período áureo fueron los años 60 en la Iglesia inmediatamente postconciliar). Pero hay contestaciones científicas a Darwin y vale más empezar a entender que su planteamiento evolucionista no es sostenible hoy.

Si tenemos en cuenta todo lo dicho, da la sensación de que no recomendamos el visionado de este documental. No es así: de hecho, se trata de un documental bien hecho, interesante… pero tramposo por lo que hemos comentado. Nos ayuda a entender la religiosidad norteamericana, su esquematismo y su simplismo, pero también debemos prevenirnos ante la escolástica darwiniana y sus fanáticos que se niegan a reconocer que algo falle en esa teoría. Y acaso de ese fallo deriva –como decía Pauwels- el que estemos empezando a dejar de creer en la idea de “progreso”.