FICHA

Título original: Loving Ibiza
Título en España: Loving Ibiza
Temporadas: miniserie (8 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2013
Temática: Comedia.
Subgénero: Vaciones.
Resumen: Distintos personajes, en su mayoría holandeses, coinciden en Ibiza durante el verano y nos muestran la vida en aquella isla, sus turistas, sus formas de ocio y, cualquier cosa, menos a los ibizencos que deben ser algo así como una especia en vías de extinción.
Protagonistas: Rick Engelkes, Lone van Roosendaal, Marty van der Velden, Manuel Broekman, Sanne Langelaar, Louis Talpe, Willeke van Ammelrooy, Georgina Verbaan, Jim Bakkum, Simone Kleinsma, Gigi Ravelli, Kaj Kurver Dumas, Yannick Juijn, Géza Weisz, Kees Tol, Carly Wijs, Sanne Vogel.
Lo mejor: Ofrece una panorámica realista de aquello en lo que se ha convertido la isla.
Lo peor
: Que Ibiza es una reserva turística que tiene mucho más que ofrecer que lo que ese turismo busca.
Lo más curioso: La miniserie tiene su origen en un largometraje que, contra todo pronóstico, constituyó un relativo éxito en Holanda: Loving Ibiza (2013).
¿Cómo verlo?: En Netflix

Puntuación: 5

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Lo mínimo que puede decirse sobre LOVING IBIZA

Loving Ibiza (enamórate de Ibiza) es una de esas series ligeras que no merecería un comentario y que se olvidaría inmediatamente desapareciera del catálogo de la plataforma de televisión en streamming que la propaga, en este caso Netflix. No es que sea una serie mal hecha, ni mal interpretada, es que es una serie banal, de poco calado narrativo, y de ambiciones reducidas a presentar la isla de Ibiza como una especie de paraíso turístico caribeño instalado en pleno Mediterráneo y accesible a cualquier europeo. Algo así como un documental de propaganda turística de la isla.

Y si hemos decidido incluir este comentario no es tanto para comentar una serie que, como hemos dicho, es demasiado ligera como para merecerlo, sino porque los habitantes de Ibiza se merecen algo mejor que legiones de turistas ociosos en busca de aquello que sus tristes vidas cotidianas en los países de origen no están dispuestos a ofrecerles. Todos los personajes que se mueven en torno a esta serie son individuos más superficiales que el sentido del humor de Freddy Krugger o las ambiciones intelectuales de Belén Esteban. Obviamente existe gente así, para los que el eje de sus vidas es el cubata de media mañana, dónde van a bailar por la tarde y si se fuman un porro, se zampan un anfeta o se marcan un tirito de coca por las noches. Algunos le llaman a eso, “el paraíso”. Cabría decir, más bien, que es el paraíso de la fatuidad. Si ese es el modelo que se presenta del turismo en Ibiza y si esos son los objetivos de la civilización europea en este comienzo del siglo XXI, no cabe la menor duda que de aquí a 100 años, no quedarán europeos ni en Ibiza ni en lugar alguno del continente. Y es que un pueblo no puede pensar solamente en cómo satisfacer su ocio y marcarse como objetivo de vida un lugar en el que lo normal sea no dar un palo al agua.

La serie nos muestra a distintos tipos de personajes que han ido a parar a Ibiza. De casi todas las edades y condiciones. Alcohol, sol y chusma, discotecas, sexo y porros… eso es todo. Tal es el modelo que propone esta serie., con bastante poca imaginación, por cierto. Lamento mucho que Ibiza sea sólo eso y que en la serie, prácticamente, no se hable de sus habitantes y, las pocas alusiones que merecen, los presentes como indolentes y poco esforzados… Seamos claros: la economía española depende solamente del turismo, si por algún motivo, el Sol nos abandonara o el clima cambiara –y puede cambiar- no existiría ninguna actividad industrial de sustitución. Nuestra economía, cada vez más, y no sólo en lugares de costa, sino también en grandes ciudades, depende cada vez más del turismo. Y, en esto, como en todo, existen masas críticas, traspasadas las cuales, se llega a situaciones explosivas, como la que se está dando en Barcelona o en Mallorca: ya es imposible acomodar a más turistas, además, el listón ha ido bajando progresivamente, cada vez más vienen a España a hacer lo que no pueden hacer en su país. Esto, como es lógico, incomoda a la población autóctona… parte de la cual vive del turismo y para el turismo, pero otra parte no está dispuesta a soportar a ese turismo, ni a ver como los precios de todo se elevan para muñir a la vaca turística, resultando ellos mismos esquilmados. La Cataluña costera, Mallorca e Ibiza son el paradigma de la inconsciente de la industria turística: zonas “para turistas”, en la que los habitantes autóctonos, simplemente, sobran.

Y lo peor es que, nuestro gobierno aspira a que el número de turistas que lleguen a España aumente el 5% hasta el 2050… Después, ya se verá. En la actualidad vienen casi 80.000.000 de turistas, cantidad que, de cumplirse las expectativas del gobierno, podrán llegar a 150.000.000 a mediados de siglo. No hay ecosistema, ni población, que soporte algo parecido. Especialmente, las islas, aisladas unas de otras y en las que cualquier cambio puede generar efectos indeseables y en profundidad. La economía irá “bien” (si es que puede considerarse “bien” la existencia de 4.000.000 de parados y un 25% de la población laboral cobrando salarios de miseria) pero la sociedad va “mal”. Esta serie nos muestra el por qué: Ibiza, paradigma turístico de todo el país, se ha convertido en el sumidero turístico de Europa al que va a parar todo aquel individuo ocioso que no tiene nada que hacer, ni grandes aspiraciones, ni grandes proyectos personales, atraído por lo barato del porro, del cubata y de la cerveza DIA a 20 céntimos lata.

Ver esta serie holandesa supone experimentar una sensación de dolor y amargura interior que obliga a decir, “Diablos, qué mal está este país”. Son ocho episodios, todos ellos banales, irrelevantes, repletos de situaciones insulsas y de placeres que suponen un reclamo turístico para Ibiza. Nadie, por supuesto, ha preguntado a los ibicencos que les parece todo esto, pero me temo que conozco la respuesta

La serie puede ser considerada como un memorial de la situación del turismo en Ibiza y si se ve con calma y paciencia, puede hacernos entender el drama de un país cuyas autoridades se resignaron a ser la “periferia de Europa”, el país del ocio, del porro, del alcohol barato y del ocio a buen precio, y ahora nuestra prosperidad (ya que no nuestra tranquilidad) depende de seguir en esa incómoda vía. Pueden aprovecharla para meditar un poco sobre el presente de algunas zonas del país. Para poco más.