FICHA

Título original: Dark Angel
Título en España: Dark Angel
Temporadas: miniserie (2 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2016
Temática: Intriga.
Subgénero: Drama.
Resumen: Una mujer aparentemente frágil y hermosa, situada por debajo del umbral de la pobreza, utilizaba el arsénico para mejorar su posición social y tratar de salir de la miseria. En total consiguió asesinar a cuatro maridos, once hijos y dos amantes, sin levantar sospechas.
Protagonistas: Joanne Froggatt, Jonas Armstrong, Paul Brennen, Alun Armstrong, Gioacchino Jim Cuffaro, Emma Fielding, Sam Hoare, Thomas Howes, George Kent.
Lo mejor: El papel protagonista de Joanne Froggatt como Mary Ann Cotton.
Lo peor
: A partir del momento de la detención la versión dada en la miniserie difiera de la realidad.
Lo más curioso: Fue la primera asesina en serie inventariada en el Reino Unido.
¿Cómo verlo?: Movistar #0. También puede bajarse mediante programas P2P e incorporarse los subtítulos en castellano en http://www.subdivx.com

Puntuación: 6,5

PROMO – 1 (subtitulada en castellano)

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CABECERA

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Lo mínimo que puede decirse sobre DARK ANGEL

En España tenemos especímenes parecidos –más o menos en la misma época- que Mary Ann Cotton, protagonista de esta miniserie en dos capítulos llegada de las brumas inglesas. La valenciana Pilar Prendes, envenenadora valenciana última mujer ejecutada en España a garrote vil (y en la que Berlanga se inspiró para El Verdugo) y cuyo caso, directamente, fue llevado a la pantalla en la serie La huella del crimen, interpretada por Terele Pávez, es una de ella, sin desmerecer a Enriqueta Martí, la asesina de niños barcelonesa, pillada con las manos en la masa en la calle de Poniente, de la que se decía que entregaba sus víctimas a pedófilos antes de trocearlos. Salvó la vida y se perdió después de salir en libertad tras la victoria del Frente Popular en 1936. Ella, todavía no ha tenido su película. Así pues, hay que decir que en esto de asesinas en serie y envenenadoras, en España tenemos mucho que decir por lo que la azarosa y trágica historia de Mary Ann Cotton que nos presenta la miniserie Dark Angel, no puede extrañarnos muchos. Nos tranquiliza saber que estas cosas pasaban en otro tiempo.

En dos episodios de una hora, se concentra una historia que habría podido extenderse durante varias temporadas. Porque, en efecto, la Cotton se llevó por delante y siempre con arsénico (recuérdese la película Arsénico por compasión, 1944) a 11 hijos, cuatro maridos y dos amantes y, solamente, en el último caso, un médico sospechó que las muertes no se trataban de la habitual “fiebre intestinal”, sino que bajo la apariencia de esta enfermedad habitual en aquella época, se ocultaba la mano humana. En veinte años, había asesinado a veinte personas, antes de morir en la horca.

La serie nos muestra todo este tejemaneje de dosificación del arsénico. Se le puede reprochar a la cinta el ser condescendiente con la figura de la asesina en serie. De hecho, la película tiende a justificar los asesinatos en base a la situación de pobreza que vivió la joven en sus años de infancia y juventud. El problema es que la pobreza, en aquella época, último cuarto del siglo XIX, estaba muy extendida en el Reino Unido y las condiciones de salubridad eran mínimas, pero existían millones de mujeres que vivían la misma situación de precariedad en aquella sociedad. La pobreza no explica, ni mucho menos justifica, los 20 envenenamientos, salvo que no se introduzca en la personalidad de Mary Ann Cotton, el elemento clave: como todo asesino en serie, era, pura y simplemente, psicópata. Tratar de justificar sus crímenes con la apelación a la pobreza, puede resultar muy progre y humanitarista, pero hace un flaco servicio a la verdad histórica.

La serie está basada en la biografía escrita por el criminólogo escocés David Wilson. Su primera parte, es particularmente triste y depresiva. Nos muestra la miseria en la que vivían las clases populares en las Islas Británicas hasta 150 años. Es curioso que la protagonista, Joanne Froggatt hubiera representado a una doncella en la serie Downton Abbey, que nos mostraba el lujo de la aristocracia inglesa en la misma época. Ahora lo que vemos, es el reverso de la medalla, la miseria generada por la explotación industrial de las minas y por las fábricas que contrataban a niñas de 12 años para trabajar a cambio de salarios cicateros. Ambas series, en sí mismas, constituyen estudios relativamente exactos de la situación de la sociedad británica en aquellos años.

En el último tramo de la serie, cuando la protagonista es descubierta, se le aportan pruebas irrefutables sobre su culpabilidad, es cuando la narración difiere de la realidad. Maryu Ann Cotton, lejos de caer en el arrepentimiento y la depresión, jamás reconoció sus crímenes y, por lo tanto, se negó a especificar a cuántos seres humanos había administrado la consiguiente dosis de arsénico. Es posible, por tanto, que el número de víctimas que se le atribuye, fuera incluso mayor.

La serie está particularmente bien realizada, ambientada con una precisión que nos sitúa de manera muy realista en aquella época, y con interpretaciones que oscilan entre lo correcto (Joanne Froggatt) y lo brillante (Alum Armstrong como padre de la asesina y defensor de su hija). A diferencia de Terele Pávez en su interpretación de la asesina valenciana Pilar Prendes, que destilaba fuerza, agresividad y energía, la de la Froggatt es comedida, casi asume el papel de víctima antes que el de verdugo. En su defensa puede alegarse que una psicópata no es necesariamente una personalidad agresiva y violenta, sino que puede ser tranquila, aparentar serenidad e incluso tener cara de ángel.

La serie gustará a los que amen el cine protagonizado por asesinos en serie. Mary Ann Cotton puede, en rigor, ser considerada como uno de los primeros especímenes conocidos. Luego gustará a quienes consuman biopics y no le hagan ascos al de una asesina en serie realizado con un 75-80% de rigurosidad. Los amantes del cine social y de encontrar justificaciones a los delitos más miserables, encontrarán en esta miniserie arsenal para justificar sus argumentos. Veinte muertes, entre ellos, once de sus propios hijos, y todo ello para cobrar los seguros, no es ninguna ganga. ¡Y pensar que todo empezó con una epidemia de chinches!