FICHA

Título original: Bloodline
Título en España: Bloodline
Temporadas: 3 temporadas (33 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2015-2017
Temática: Drama.
Subgénero: Intriga.
Resumen: La familia Rayburn regenta un hotel en Florida. Uno de los hijos que había permanecido alejado de la familia durante mucho tiempo, regresa de nuevo. Se trata de Danny, la oveja negra de la familia, cuya presencia desata problemas del pasado en los que se mezclan elementos turbios que comprometen el bienestar y el futuro de la familia.  
Protagonistas
: Kyle Chandler, Ben Mendelsohn, Sissy Spacek, Sam Shepard, Linda Cardellini, Michelle Rose Domb, Brandon Larracuente, Nevy Rey, Jeremy Hale, Jamie McShane, Taylor Rouviere, Norbert Leo Butz, Owen Teague, Enrique Murciano.
Lo mejor: Las vistas de los parajes naturales de los Cayos de Florida.
Lo peor
: La tercera temporada constituyó un fiasco.
Lo más curioso: Versión de la parábola del hijo pródigo en formato culebrón.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre BLOODLINE

La reactualización de la parábola del hijo pródigo en versión libre (e incluso opuesta) es el tema de esta serie que nos muestra a una familia que posee un resort en los Cayos de Florida y vive cómodamente, sin grandes lujos, trabajando duramente, pero con cierta holgura.  La familia está compuesta por los padres y cuatro hijos, de los que tres siempre han estado próximos al negocio familiar, trabajando en él y el último –el hijo pródigo- ha resultado ser un tarambana que solamente aparecía para pedir dinero prestado, para esconderse o para salir de algún embrollo. Un buen día vuelve y manifiesta su intención de quedarse definitivamente y lo hace justo en el aniversario de sus padres. A partir de aquí se desencadena la trama que ha dado lugar a tres temporadas de las que la primera es de pura puesta en situación, la segunda de desarrollo de la trama y la tercera ha constituido un verdadero fiasco entrañando el fin de la serie.

No se trata de una mala producción: de hecho, lo tenía todo para convertirse en una serie de alta gama, empezando por un reparto de campanillas en el que destacan las figuras de Sam Shepart (“Robert Rayburn”, jefe de la familia) y Sissy Spacek (“Sally Rayburn”, su esposa). La idea era buena: el retorno de un hijo descarriado que remueve los muertos que toda familia –en mayor o menor medida- tiene en el armario –y que en el caso de los “Rayburn”, son muchos- y desencadena un proceso que tiene mucho de psicodrama, algo de pesadilla y un sinfín de problemas. Pero algo se ha quedado a medio camino: el resultado final ha sido excesivamente lento, pasan cosas, ciertamente, pero pasan, o bien a paso de tortuga o bien lo que pasa no tiene mucha relación con el hilo central de la trama. El resultado es una serie algo deshilvanada que se pudo prolongar durante 33 episodios, pero a la que, finalmente, se le dio carpetazo antes de tiempo.

A destacar, eso sí, la actuación de los cuatro hermanos “Rayburn” (ya hemos dicho que lo mejor de esta serie son las interpretaciones). “Danny”, el primogénito y el retornado, está interpretado por Ben Mendelsohn, actor australiano de largo recorrido en cine y algo menor en televisión (la mayoría de las series en lasque ha participado no se han estrenado en España), su físico le predispone a asumir papeles de individuo desmadrado y torturado interiormente. “John” es el hijo segundo, es detective de la policía y está interpretado por Kyle Chandler, uno de esos rostros que hemos visto en infinidad de ocasiones en televisión, especialmente en Anatomía de Gray; su interpretación en esta serie le ha valido una nominación a los Emmy. La única hija es “Meg”, papel asumido por Linda Cerdellini, veterana de Mad Men, de ER, del revival de Dimensión Desconocida en 2003. Finalmente, “Kevin”, restaurados de barcas, interpretado por Leo Butz otro habitual de las teleseries (CSI, Ley y Orden: Unidad Especial de Víctimas y Ley y orden: acción criminal) que actualmente está ronandop Mercy Street, todavía no estrenada en España. El eje de la trama, en gran medida son las relaciones entre los hermanos: el polémico “Danny”, el ecuánime “John”, la diplomática “Meg” y el visceral “Kevin”, que junto con la amantísima madre y el vitriólico padre, constituyen un conjunto inestable y en permanente estado previo a la explosión.

La serie tiene un aliciente adicional: la ubicación en un lugar paradisíaco, los Cayos de Florida, en donde el sol, las aguas tibias, las playas interminables y un sol de plomo constituyen el marco idóneo para el lucimiento de un buen responsable de fotografía. Así mismo, tanto los dos protagonistas principales, como sus cuatro hijos, realizan buenos trabajos y, desde el punto de vista interpretativo la serie es irreprochable. Pero, como casi siempre, el problema es la narración y la clave en la que se ha hecho: excesivamente melodramática en algunos momentos, poco creíble en otros. La frase mil veces repetida en la serie y en la publicidad que la acompaña de “No somos mala gente, pero hicimos algo malo”, no basta para que el producto final tenga un buen acabado y ascienda al Olimpo de las series. Se queda a medio camino.

Otro de los problemas que tiene esta serie, son los continuos saltos adelante y atrás en la trama que interrumpen el hilo central de la narración. La deducción que los guionistas deberían extraer es que flashbaks los justos y necesarios, la utilización abusiva hace que se pierda el hilo y se descomponga la narración. Una serie que puede verse, a condición de ser conscientes de que vamos a ver algo parecido a un culebrón norteamericano, y con un arranque que exige algo de paciencia del espectador.