FICHA

Título original: London Spy
Título en España: London Spy
Temporadas: 1 temporada (5 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2015
Temática: Drama.
Subgénero: Espías.
Resumen: Un gay con amplia experiencia conoce de manera imprevista a un joven aparentemente inexperto en el sexo. Conviven durante ocho meses hasta que éste último desaparece. A los quince días, su experimentado amante descubrirá su cadáver y, a partir de aquí, todo se complicará: el muerto es agente de la inteligencia británica y su amante se propone descubrir quién lo asesinado.
Protagonistas: Ben Whishaw, Jim Broadbent, Charlotte Rampling, Edward Holcroft, Paul Blackwell, Zrinka Cvitesic, Samantha Spiro, Richard Cunningham, Josef Altin, Antonia Campbell-Hughes, Adrian Lester, Harriet Walter, Riccardo Scamarcio.
Lo mejor: Charlotte Rampling afrontando un personaje sobrio y amargo.
Lo peor
: Que al final la historia que nos han contado termina no convenciendo.
Lo más curioso: Inspirada en la antítesis de James Bond.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre LONDON SPY

Cuando recordamos a los espías británicos, inmediatamente nos viene a la cabeza la saga de 007 en el que su columna principal es un arquetipo de la virilidad y su clave de bóveda, la habitual “chica Bond”. Imaginemos que quitamos a ese personaje femenino y lo cambiamos por un chico de buen ver: la serie se nos hunde. Quizás fuera políticamente correcto hacer del afamado James Bond heterosexual, un gay, pero la serie chirriaría: la heterosexualidad más agresiva es el carril por el que discurre el personaje creado por Ian Fleming y su espía ideal. Pero, en realidad, sabemos que las cosas no son así: sabemos, por ejemplo, que entre el famoso grupo muy real de los Espías de Cambridge se colaron varios gays o al menos uno reconocido como tal y otros dos, como mínimo, bisexuales. Todos ellos pertenecían al mismo oficio y nacionalidad que Bond, James Bond… Y lo cierto es que siempre, al MI5 le ha acompañado cierta sospecha de que era una especie de club en donde el porcentaje de gays era superior a cualquier otra institución oficial.

Sea como fuere, la serie London Spy tiene algo que ver con el espionaje y mucho que ver con la homosexualidad. La historia arranca de un joven don nadie (“Daniel Edwart Holt”), gay que ha atravesado el camino de las drogas, de la desesperación, el hundimiento interior y la depresión, y ha salido airoso gracias a la ayuda de un abuelete que en su tiempo fue espía, espía y gay (“Scottie”). Años después, ese joven conoce casualmente a otro (“Alaister/Alex”) que, aparentemente es una especie de genio de las matemáticas sin prácticamente experiencia sexual de ningún tipo y que se le presenta como “no-gay”. La atracción entre ambos es irresistible y terminan siendo pareja. Así durante ocho meses.  Un buen día, “Alaister/Alex” desaparece durante quince días, “Daniel” alarmado decide ir a buscarlo a su casa. Un mancha en el techo le induce a subir a las golfas, un lugar en donde no había estado jamás. Descubre una especie de cámara de tortura para juegos sadomasoquistas de la que nunca hubiera sospechado su existencia. Pero descubre algo más: el cadáver de su compañero. A partir de aquí, la historia arranca y alcanza su punto de máxima tensión en el capítulo segundo en el que aparece una extraña familia: los padres de “Alaister/Alex” que luego resultarán no ser tales, pero que le llevarán a los verdaderos padres: “Frances” y “Charles Turner”. A partir de ese momento, la historia que podía ser considerada como un simple drama gay, se convierte en una historia de espías.

La idea de la serie es muy buena y todas las interpretaciones resultan geniales y creíbles: genial, sobre todo, Charlotte Rampling como madre del asesinado (una de las estrellas de los 70 que mejor ha envejecido ante las cámaras), genial Ben Whishaw en su papel protagonista (que revalida sus mejores momentos en El Perfume, 2006, y en series como The Hour) y genial Jim Broadbent (“Scottie”), veterano actor que últimamente hemos visto en la última temporada de Juego de Tronos  y en La leyenda de Tarzán (2015). Como en todas las series británicas (y esta ha sido producida por la BBC y emitida en su segundo canal), la parte más fuerte y en la que se ha puesto más empeño ha sido en el casting y éste ha resulta lo más brillante.

Sobre la evolución de la serie puede decirse que tiene perfil de montaña: buen inicio, interés creciente en el segundo capítulo, cumbre máxima en el tercero, pero tendencia a descender de calidad a partir de ese momento, y seguir esta tendencia en los dos últimos. ¿Qué provoca esta pérdida de calidad? Lo progresivamente retorcido e increíble de la trama que nos va alejando de la naturalidad inicial y de la fluidez con la que comienza. De hecho, la serie es un drama gay al que se le ha incrustado una trama de espionaje en la que los guionistas no se movían con agilidad: querían contar, sobre todo, una historia gay, el resto les venía grande y no lo han sabido resolver.

El resultado final es que la serie satisface si se atiende a la primera mitad, pero decepciona en su segundo tramo. La serie se salva por las actuaciones de los protagonistas que siempre están muy por encima de la mediocridad. El problema de la serie es, simplemente, de guionización.

La serie tiene el sello británico: muy cuidada la ambientación y la fotografía, nos sirve para conocer un poco mejor Londres, tanto lo más sórdido de la ciudad y de sus muelles fluviales, como lo más lujoso y elegante de la nueva city. Especialmente en los diálogos sobre temática gay es donde los guionistas se sienten más cómodos y donde dan lo mejor de sí.

Es una serie diferente a cualquier otra de espionaje que se haya emitido –acaso porque, como hemos dicho, el espionaje es una extrapolación forzada, la misma serie se podía haber construido teniendo como co-protagonista a un pescadero, a un sofisticado abogado o al propietario de una mercería- pero eso no quiere decir que termine satisfaciendo al espectador. Seguramente, quienes mejor podrán apreciar esta serie son los interesados en la problemática gay. Aquellos que permanezcan ajenos a ella o que crean que van a ver una serie de espionaje convencional, desde luego, se aburrirán pronto y, quizás, ni siquiera lleguen al final del primer episodio.