FICHA

Título original: JAG: Judge Advocate General.
Título en España: JAG: Alerta Roja.
Temporadas: 10 (227 episodios).
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1995-2005
Temática: Drama.
Subgénero: Abogados.
Resumen: Abogados de la Marina de los EEUU ejercen su oficio en casos que tienen que ver con la armada: delitos cometidos por gente de uniforme, casos de traición y de terrorismo, de los que, inevitablemente, siempre salen airosos.
Protagonistas: David James Elliott, Catherine Bell, Patrick Labyorteaux, Scott Lawrence, Zoe McLellan, John M. Jackson, Chuck Carrington, Karri Turner, Randy Vasquez,Trevor Goddard, Steven Culp, Nanci Chambers, Paul Collins, Cindy Ambuehl, Harrison Page, Jennifer Savidge.
Lo mejor: la pareja protagonista resulta agradable y a lo largo de los 227 episodios logra familiaridad con el espectador.
Lo peor
: algunos de los casos son de una falta de originalidad y de un irrealismo casi insultante.
Lo más curioso: los ataques del 11-S otorgaron a la serie una fama ya que había tocado episodios de terrorismo islamista poco antes de los ataques
¿Cómo verlo?: Se emitió por Antena 3 y se ha re-emitido por La Cuatro, AXN y la Sexta. Puede adquirirse en DVD y la mayoría de episodios de pueden bajar a través de programas P2P.

Puntuación: 6,5

PROMO – 1 (en inglés)

PROMO – 2 (en inglés)

PROMO – 3  (en inglés)

CABECERA – 1

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Lo mínimo que puede decirse sobre J.A.G.: ALERTA ROJA

No es una serie que haya tenido mucho predicamento ni en España ni en los EEUU. En realidad ha pasado muy discretamente allí en donde ha sido emitida. Y sin embargo, alcanzó los 227 episodios a lo largo de 10 temporadas. Casi increíble para una serie cuyos protagonistas eran desconocidos y que, en su concepción general, era modesta. La idea de filmar esta serie la dio el éxito de la película Algunos hombres buenos (1992), protagonizada por Tom Cruise, Demi Moore, Jack Nicholson, Kevin Bacon y Kiefer Sutherland. Los elementos eran los mismos en la película y en la serie: una pareja de abogados de la marina de los EEUU, al servicio de su departamento legal, asumen la defensa de algún acusado y terminan descubriendo al verdadero criminal. Como puede verse, las “series de abogados” no han variado mucho su planteamiento desde Perry Mason (con permiso, claro está, de ¿Cómo defender a un asesino?). La película había sido una fuente de ingresos millonaria para la Columbia Pictures, así que el espabilado productor Donald P. Bellisario se hizo con los derechos y la Paramount asumió la financiación del proyecto.

Se trataba de realizar una serie de mucha apariencia y poco presupuesto. De ahí la necesidad de contratar a actores poco conocidos o, simplemente, desconocidos, con buena presencia, capaces de interpretar unos papeles que no les iban a exigir mucha expresividad ni veteranía, arropar cada episodio autoconclusivo con una presentación que sugiriera aviones a reacción, portaviones y grandeza de recursos y contratar a unos guionistas que conocieran el oficio y fueran capaces de trabajar a destajo. No se trató nunca de una serie de primera fila, sino de esas series de relleno que cubren interminables horas de programación, realizadas sin excesivas ambiciones y, casi, elaboradas a troquel. La serie, sorprendentemente, ha logrado mantenerse durante 10 temporadas a pesar de que nunca contó con un amplio seguimiento en ningún país en el que fuera emitida.

La permanencia en antena se debió, especialmente, a que los dos protagonistas lograron acoplarse el uno al otro y tener un feeling que había que nos fijáramos menos en los casos que defendían ante los tribunales y las cortes militares, algunos de los cuales resultaban tan irrelevantes que casi parecían una broma. Había algo en la serie que chirriaba: era excesivamente progresista para los conservadores y al estar protagonizada por gentes de uniforme, resultaba infumable para los progresistas, de estricta obediencia antimilitarista, como se sabe. Así pues, la serie no estaba pensada para un público específico sino que aspiraba a satisfacer, en mayor o menor medida a todos. El problema era que también decepcionaba a muchos.

Los papeles protagonistas estaban interpretados por David James Elliott y Catherine Bell, respectivamente, “el comandante Harm Rabb” y “la teniente coronel Sarah MacKenzie”. El primero ha actuado ocasionalmente en varias series: Melrose Place, CSI: Nueva York, Seinfeld, y en el papel de John Wayne en el largometraje Trumbo (2015). Se trata de un actor con más presencia que capacidad interpretativa pero que tiene la cualidad de la simpatía. Su compañera, Catherine Bell, ha protagonizado algunas películas menores. Después de JAG se ha hablado de ella, no tanto por su participación en películas y/o series como por su afiliación a la cientología y por haber participado en algunas exposiciones polémicas organizadas por esta secta. No se trata de grandes actores, pero, en ambos casos, siguen fielmente las órdenes del director y consiguen en esta serie una buena combinación que constituye el elemento más agradable y llevadero de la serie.

Los productores se quejaron de que ni la CBS, ni la NBC, se preocuparon mucho de la serie. Tenían razón: fue una simple serie de relleno. Aún así, la serie tuvo sus secuelas: NCIS (2009-hoy), con sus respectivas secuelas: NCIS Los Ángeles y NCIS Nueva Orleans.

Serie de relleno como hemos dicho, es de las que pueden verse cuando no se sabe que otra cosa ver. Pasada su época de emisión, es de las que se remitirán con cierta frecuencia en canales de segunda y tercera fila durante décadas cumpliendo su función… de relleno.