FICHA

Título original: John Adams.
Título en España: John Adams.
Temporadas: 1 (7 episodios).
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2008
Temática: Historia.
Subgénero: Biopic.
Resumen: Biografía del que fuera segundo presidente de los EEUU desde sus comienzos como abogado en Boston hasta su fallecimiento. La serie abarca desde la llamada “masacre de Boston” (1770) hasta su fallecimiento en 1826 y supone un repaso idealizado a la historia de los 50 primeros años de los EEUU.
Protagonistas: Paul Giamatti, Laura Linney, Sarah Polley, David Morse, Stephen Dillane, Andrew Scott, John Dossett, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, Rufus Sewell, Mamie Gummer, Justin Theroux.
Lo mejor: la ambientación y el papel de Paul Giamatti.
Lo peor
: la caracterización de David Morse como George Washington. Patética.
Lo más curioso: acaparó 23 premios Emmy en la edición de 2008
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

PROMO – 1 (en inglés)

PROMO – 2 (en inglés)

MOMENTO CLAVE: LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DE LOS EEUU

MOMENTO CLAVE: EL DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD, DE JOHN ADAMS

CABECERA

MÚSICA

VER SERIE

WEB OFICIAL (en inglés)

Comprarlo en Amazon

Lo mínimo que puede decirse sobre JOHN ADAMS

John Adams no fue un personaje popular en los EEUU. Apenas se le recuerda más por ser el padre del quinto presidente de aquella nación, John Quincey Adams, que por haber sido el sucesor de George Washington y, por tanto, segundo presidente. Además, su rostro ni siquiera está en los billetes de dólar: Franklin está en los 100 dólares, Hamilton en los de 10, Jefferson en los de 2 y Washington en el de a dólar. Quizás fuera porque se trataba de un individuo que, ante todo y sobre todo, era abogado, un leguleyo incapaz de ver la realidad con otros ojos que con los de la ley y que, precisamente por eso, precisaba una ley a su gusto.

Se trata de una muy buena serie de carácter patriótico que dirá mucho menos a los que la vemos desde fuera del territorio norteamericano. Sería como si en Españas se realizara una serie dedicada a la batalla de Covadonga para ensalzar a Don Pelayo y a sus caballeros godos. Patriotismo televisivo. Puede intuirse perfectamente, porqué se filmó en 2008: era aquel el momento más duro de la crisis económica iniciada un año antes con el escándalo de las hipotecan “subprimes” y la caída de varios grandes bancos, hasta ese momento, fortalezas intocables. Para colmo, las cosas en Iraq y Afganistán no iban muy bien para los EEUU. Nos acercábamos al final de la presidencia de George W. Bush y había que ensalzar a la “nación bendecida por Dios”…

Para ello, se eligió a un tipo que había pasado prácticamente desapercibido en la historia de los EEUU: carece del atractivo del militar victorioso (Washinton), de la inteligencia popular de Benjamín Franklin, de la profundidad filosófica de Jefferson o de la capacidad polémica de Hamilton. John Adams es un desconocido, incluso para los propios norteamericanos, pero había algo que interesaba resaltar en la época: había sido segundo presidente de los EEUU y, a su vez, padre del quinto y esto tenía cierto paralelismo con George W. Bush, cuyo padre había sido 41º presidente de los EEUU y él que fue el 43º.

La miniserie es particularmente brillante por dos elementos: la actuación de Paul Giamatti en el papel protagonista y la ambientación en el último cuarto del siglo XVIII y primero del XIX. Es más, dado que la serie abarca un período de tiempo de historia norteamericana de medio siglo, podemos asistir al cambio de modas y estilos. Así pues, desde el punto de vista técnico e interpretativo, la serie es un lujo y se entiende perfectamente la granizada de Emmys que obtuvo en el mismo año de su emisión y que supera a cualquier otra que se haya dado hasta nuestros días.

Ahora bien, en lo que se refiere a su fidelidad histórica hay mucho que discutir. El guión se ha realizado sobre la base de la biografía escrita por David McCullogh sobre el personaje. El hecho menos es que, en múltiples ocasiones, la miniserie difiere de la biografía. En los EEUU, se han registrado 26 incoherencia históricas y desviaciones en relación al relato imaginario. En la mayoría de los casos, se trata de temas menores (que si el pez que se utilizaba en el siglo XVIII tenía un bajo punto de fusión y no generaba quemaduras, que si Abigail Adams (interpretada por Laura Linney, siempre comedida y convincente, aunque físicamente no se pareciera en nada a la auténtica esposa de Adams) no pudo discutir con Franklin en 1781 porque había muerto de fiebres tifoideas siete años antes, etc.

No; hay dos elementos significativos que no aparecen en la serie por ningún lado: el motín del té de Boston (que es sustituido por el embreado y emplumado del capitán del barco que había llevado las cajas de té al puerto de esa ciudad y que intentaba descargarlo) y la participación, más que relevante, imprescindible en la “revolución americana”. Y es raro, porque desde el punto de vista narrativo el hecho de que los miembros de la logia masónica de Boston, disfrazados de indios, asaltaran el barco y arrojaran las cajas de té al mar, es un hecho histórico reconocido por todos. De hecho, es la primera operación de “bandera falsa” (false flag) que se produce en la historia de los EEUU. Por otra parte, el propio Adams era miembro de la masonería, como la mayoría de “padres fundadores”. Obviamente, los productores han intentado quitar elementos polémicos o que podrían ser malentendidos en el siglo XXI: las operaciones de “bandera falsa” se han repetido en demasiadas ocasiones en la historia de los EEUU y ¡especialmente durante el gobierno de George W. Bush! Los “ataques son ántrax”, se sabe, que fueron eso: una operación llevada a cabo para acrecentar el miedo entre la población después de los ataques del 11-S. E incluso, sobre estos mismos ataques, está extendida la opinión de que se trató de algo similar (como antes lo habían sido la voladura del Maine en la bahía de Cuba, el “incidente de Tonkin” y un largo etcétera, que siempre fueron utilizados como “casus belli” para emprender guerras de conquista). Por otra parte, se sabe que la masonería siempre intenta ser discreta y no dar muchas pistas. En esta serie, lo consiguen: simplemente, la masonería no existe, a pesar de la importancia indubitable y aceptada por todos los historiadores, que tuvo en el arranque de la historia norteamericana.

La serie, por otra parte, evita las escenas de batallas, ignoramos si porque una escena de este tipo siempre resulta costosa para la productora o porque se intenta sugerir que los muertos y los combates apenas se produjeron. Y aquello fue una guerra, guerra a muerte, excepcionalmente dura y en la que el Reino de España, por cierto, apoyaba a los independentistas. De no ser por el apoyo franco-español, posiblemente las colonias de Nueva Inglaterra seguirían bajo pabellón inglés.

El casting es bueno. Vemos en acción a actores de primera división. Citamos solamente a dos: Tom Wilkinson aparece encarnando a Benjamín Franklin y Danny Huston a Samuel Adams. Sin olvidar que Tom Hollander aparece brevemente como Rey Jorge III de Inglaterra. Es curioso destacar, igualmente, el rodaje se realizó en los EEUU, en los lugares en donde transcurre la historia, pero también en distintos lugares de Hungría. Cuando el asfalto estropeaba la escena, se colocaron toneladas de arena sobre las calles para disimularlo… La música, también notable, fue compuesta por Rob Lane y Joseph Vitarelli.

Así pues, esta serie hay que verla como lo que es: un biopic que nos muestra a un personaje y a una época, pero no como un relato de rigor incuestionable. Dicho de otra manera: la serie da a conocer la personalidad de John Adams, el leguleyo olvidado, pero, no nos equivoquemos: es Hollywood, es una miniserie, es espectáculo. No es Historia.