FICHA

Título original: Hung
Título en España: Superdotado
Temporadas: 3 (30 episodios)
Duración episodio: 28 minutos.
Año: 2009-2011
Temática: Comedia
Subgénero: Dramática
Resumen: Un entrenador particular bien dotado sexualmente atraviesa una mala racha en la ciduad de Detroit devastada por la crisis económica, hasta el punto de verse obligado, inducido por una poetisa frustrada, a ejercer la prostitución masculina, mientras que ella ejerce como proxeneta.
Protagonistas: Thomas Jane, Jane Adams, Anne Heche, Charlie Saxton, Sianoa Smit-McPhee, Eddie Jemison, Steve Hytner, Rebecca Creskoff, Loren Lester, Alanna Ubach, Natalie Zea.
Lo mejor: El casting de personajes.
Lo peor
: Da la sensación de que podría ir más lejos y que el relato queda limitado.
Lo más curioso: Fue una de las series más premiadas en EEUU mientras estuvo en antena
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre HUNG

Que no le engañe esta serie: bajo el aspecto de una comedia lo que nos va a mostrar es la situación deprimente en la que se ve envuelto el protagonista (“Ray Drecker”), en un entorno familiar y social no menos deprimente y todo ello desarrollado en la ciudad que más ha sufrido la depresión en los EEUU a partir de la crisis de 2007: Detroit.  Así pues, esta serie nos muestra a un entrenador de baloncesto y profesor de instituto de secundaria que se ve obligado, malgré lui, a ejercer la prostitución. Por situaciones muy cómicas que hayan creado, los productores, no han intentado otra cosa que reproducir el drama personal, social y comunitario sufrido por millones de norteamericanos a partir de aquel momento histórico aún no superado.

La serie se abre con una escena casi pornográfica: un tipo va caminando por las calles de la zona de negocios de una gran ciudad (que luego resulta ser Detroit), poco a poco se va alejando de ese populoso centro, mientras se va quitando prendas de vestir, cuando ya ha superado zonas ruinosas, llega en calzoncillos a una pequeña casa de madera: es su hogar, frente al lago. Luego, ya zambullidos de pleno en la serie, nos enteramos que el sujeto en cuestión es un profesor de gimnasia, que acaba de divorciarse, su mujer es insoportablemente banal y estúpida, sus hijos raritos y sus ingresos como enseñante son la mitad de lo que necesita para vivir. Debe hipotecas, debe gastos familiares, y vive con el miedo constante a perder el trabajo pues el equipo de baloncesto del instituto no suele ganar ni un partido.

Para colmo, un cortocirtuito quema parte de su casa que no tenía asegurada, el nuevo vecino, otro insufrible picapleitos, le asaetea continuamente con denuncias y más denuncias, y está sin blanca, así que utiliza sus últimos ahorrillos para inscribirse en un curso sobre nuevas orientaciones profesionales y cómo ganar el primer millón. Allí se encuentra con una antigua conocida, “Tanya”, poetisa frustrada. En un momento dado del curso, el profesor les hace reflexionar sobre cuál es el mejor instrumento de que disponen. En el caso de “Ray” está claro: es consciente de que su genialidad concluyó en su juventud, que carece de habilidades y conocimientos y que solamente puede disponer de las dimensiones de su pene como elemento diferencial que le permita salir adelante. Es “Tanya” quien le sugiere que se dedique a la prostitución masculina y quien le ayuda en los primeros pasos. Ella será su macarra. Así que se trata sólo de empezar… Sobre tales premisas discurre la serie.

Los toques de humor son continuos e incluso el formato tiene algo de comedia de situación (no más de 25 minutos de metraje), pero resulta innegable que los productores lo que han querido resaltar mediante el recurso a la sonrisa es la indescriptible crisis que se instaló en la ciudad de Detroit tras el hundimiento de la industria del automóvil. Algunas tomas de la ciudad, con edificios céntricos abandonados, zonas industriales por las que parece haber pasado un ciclón y que podrían ser utilizadas en cualquier serie de terror, nos indican las dimensiones de aquella verdadera tragedia americana.

Desde todos los puntos de vista, esta serie es realista hasta la náusea. Tras un título que inicialmente induce a pensar que estamos ante una de esas tramas estúpidas de humor de sal gruesa, nos encontramos algo que no esperábamos y que termina conmoviendo. La historia de “Ray” es la historia del fracaso de una sociedad y de un personaje, que no asumen el destino que les ha tocado en suerte, pero que no tienen otro remedio que apechugar y salir adelante con lo que puedan y tengan: “Tanya” tiene su “cerebrito”, “Lenora” –otro personaje central- su visión desaprensiva de la vida, y “Ray” un inmenso instrumento entre las piernas, la única palanca –y nunca mejor dicho- que puede utilizar para salir de la miseria de una clase media cuyo salario ya no le da ni para vivir como un proletario victoriano.

A poco que se penetra en la serie, se percibe que el casting de los personajes es insuperable. Hubiera sido fácil elegir al último guaperas recién llegado a Hollywood, pagado de sí mismo y prepotente, para tener una actor de baratillo que protagonizara la serie. Sin embargo, se ha elegido a un actor (Thomas Jane) ya en la cuarentena, atractivo pero no con aspecto narcisista, sino de hombre maduro, atractivo y con problemas. Es un viejo conocido de series televisivas: lo vimos en algunos episodios de Buffy cazavampiros, representándose a sí mismo en Arrested Development y en papeles secundarios en largometrajes. No es un actor cómico, con lo que el dramatismo de algunas situaciones aumenta en esta serie hecha deliberadamente de contrastes y que busca tocar fibras extremas del espectador. Por su parte, su réplica femenina, viene dada por Jane Adams (“Tanya”), cuarentona, a la que hemos visto en múltiples series televisivas. Ya nos llamó la atención cuando se casaba con “Niels Krane”, el hermano de Frasier y le amargaba la vida durante una temporada. Nos volvió a llamar la atención después en Carnivàle representando a la madre del bebé muerto, la recordamos, así mismo, de varios episodios de Ley & Orden y de CSI.

Una serie que deja un buen recuerdo. La sensación de que podría haber llegado más lejos y que los efectos pretendidos en la primera temporada se van diluyendo se nota especialmente a partir de mediados de la segunda temporada. Sin embargo es una serie que se puede degustar tranquilamente y de la que podemos aprender algo.