FICHA

Título original: Roma
Título en España: Roma
Temporadas: 2 (22 episodios)
Duración episodio: 55 minutos.
Año: 2005
Temática: Drama
Subgénero: Histórico.
Resumen: Serie ambientada en la Roma del año 50 antes de JC, cuando tenía lugar la transformación de la República en Imperio como resultado de las luchas entre César y Pompeyo y, posteriormente, de Octavio y Marco Antonio. Dos legionarios se introducen en los ambientes de poder en Roma demostrando que el héroe puede destacar sobre el plebeyo por mucho que la nobleza patricia les impide llegar mucho más lejos.
Protagonistas
: Kevin McKidd, Ray Stevenson, Polly Walker, James Purefoy, Ciaran Hinds, Kenneth Cranham, Tobias Menzies, Lindsay Duncan, Indira Varma, Max Pirkis, Kerry Condon, Rick Warden, Karl Johnson, David Bamber, Lee Boardman, Simon Woods, Ian McNeice, Max Baldry, Lyndsey Marshall, Zuleikha Robinson.
Lo mejor: los dos legionarios “Titus Pullo” (Ray Stevenson) y “Lucio Voreno” (Kevin McKidd).
Lo peor
: las innecesarias desviaciones históricas propias de Hollywood.
Lo más curioso: Los dos legionarios romanos aparecen nombrados en De Bello Gallico, la memoria escrita por Julio César sobre la conquista de la Galia.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

PROMO – 1

PROMO – 2

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Lo mínimo que puede decirse sobre ROMA

Cuando se estrenó Yo Claudio en la segunda mitad de los años setenta, el péplum, tal como había sido concebido en Hollywood y en Cinecità murió: aquella serie suponía elevar tanto el listón en lo que se refiere a argumento e interpetaciones que volver a realizar un péplum hubiera sido tratar de superar la excelencia. Yo Claudio se convirtió en el canon para las producciones que aparecieron con posterioridad ambientadas en el Imperio Romano. Debió de llegar Gladiator en el año 2000 para actualizar el género. A partir de ahí, el género quedó marcado por la genial película de Ridley Scott. Faltaba ahora su traslación al medio televisivo. Y éste se operó con la serie Roma. Le correspondió a John Milius crearla y guionizarla.

Tras Roma vinieron Spartacus: sangre y arena o la serie semidocumental El sangriento imperio romano emitidas ambas por Netflix. Si bien esta última tenía una arquitectura completamente diferente, justo es reconocer que Roma era netamente superior a Spartacus. La serie nos sitúa en un momento trascendental para la historia del Caput Mundi: el momento de tránsito de la República al Imperio, el período de los triunviratos (César-Pompeyo-Craso y Marco Antonio-Octavio-Lépido). Resulta difícil que en un solo momento histórico, en apenas unos años, se sucedieran personajes de tanta envergadura. La serie tiende a insertarlos en su contexto político y familiar, nos muestras cómo era la Roma de aquellos tiempos y cómo dos legionarios valerosos pero extremadamente diferentes uno de otro, lograron encaramarse y ascender en la escala social por encima de la plebe pero por debajo del cerrado patriciado romano.

De todas formas hay que ir con cuidado con la “historicidad” de esta serie: las desviaciones son muchas y multiformes. Empiezan desde el momento en el que el asesor histórico, Jonathan Stamp, confesó que se aspiraba a ofrecer más “verosimilitud que exactitud”. Bruno Heller, productor de Roma (y responsable de Gotham y El mentalista) sembró más inquietud cuando dijo: “Esta serie tiene más de psicología de los personajes que de historia”… Era una forma de cubrirse las espaldas. Ciertamente, los legionarios “Titus Pullo” (Ray Stevenson) y “Lucio Voreno” (Kevin McKidd) aparecen mencionados en La guerra de las galias, escrito por César, pero solo de pasada y nunca protagonizaron los hechos que les atribuye la serie. Sin olvidar que ni Casio ni Bruto murieron combatiendo en Filipos sino que se suicidaron (como bien muestra la obra de teatro de Shakespeare, Julio César). Pero, claro está, se trata de una serie ambientada en la historia de Roma, no de un relato sobre la Roma histórica (para eso ya está el Canal Historia que, por cierto, muchas veces incurre en casi tantos errores como esta serie).

Quizás el aspecto más cuestionable de la serie sea el caer en los tópicos que están presentes en todos los productos cinematográficos consagrados al Imperio Romano, incluso desde aquellas producciones de Cecil B. de Mille: el insistir en los aspectos más truculentos y degenerados del Imperio Romano. De Mille lo hacía por puro morbo (emperadores borrachos y asexuados, esclavas arrojadas a los pies de los patricios…), luego se ha seguido haciendo por pudo “espectáculo”. No está en absoluto claro que el machismo fuera lo normal en Roma o que los esclavos fueran tratados como esterillas: Démeter y Afrodita, diosas de la familia y del sexo respectivamente, indican que la mujer era tenida en alta consideración; las leyes sobre la esclavitud indicaban que se estaba muy lejos de poder realizar cualquier capricho al gusto. Si atendemos a Hollywood más que al análisis histórico, corremos el riesgo de ver a Roma con los ojos de un ciudadano del siglo XXI en lugar de cómo un romano del año 50 antes de JC.

Hecha esta salvedad, la serie es de las notables, de alto presupuesto y con algunas interpretaciones excepcionales. Reminiscencias del Conan que el propio Milius realizó en 1982 y que ahora reintroduce en la figura del legionario “Tito Pullo”. No puede compararse con Yo Claudio que discurre por unos canales completamente diferentes (a fin de cuentas, Peter Graves sobre cuyo relato se elaboró el guión de la serie, fue un escritor consagrado), pero si supone un digno producto de la renovación del género operada a partir del Gladiator de Scott.

La serie se extingue tras la muerte de Bruto. No se pudieron filmar ni la cuarta temporada (que debería haber discurrido en Egipto), ni la quinta (que introducía la figura de Cristo y la presencia de cristianos en Roma). La serie era demasiado cara y era imposible financiarla (y obtener beneficios) con la venta de los derechos. Además, la intención originaria (presentar la transición de la República al Imperio) estaba agotada, así que fue una buena decisión cancelarla. Por lo demás, se pudo apreciar en la segunda temporada un leve descenso en la calidad de la serie.

A pesar de que la serie tiene en la actualidad doce años, ha resistido bien el paso del tiempo y todavía produce un impacto en el espectador. Recomendable, siempre y cuando no se sea demasiado exigente en lo relativo al rigor histórico.