FICHA

Título original: Prófugos
Título en España: Prófugos
Temporadas: 2 (26 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2011-2013
Temática: Thriller
Subgénero: Tráfico de drogas.
Resumen: Cuatro personas son reclutadas para trasladar desde Bolivia un cargamento de cocaína y entregarlo en algún lugar de Chile, al servicio de los Farragut, una familia dedicada al tráfico de drogas. Todo se complica cuando la policía actúa para detener al grupo y se produce un tiroteo generado por otros delincuentes desconocidos. A partir de ahí, los cuatro protagonistas huyen y empiezan su condición de “prófugos”.
Protagonistas
: Néstor Cantillana, Benjamín Vicuña, Luis Gnecco, Blanca Lewin, Camila Hirane, Aline Küppenheim, Francisco Reyes, Marcelo Alonso, Luis Dubó, Amparo Noguera, Claudia Di Girólamo, Antonia Zeges, Victor Montero, César Caillet.
Lo mejor: tiene un excelente ritmo narrativo.
Lo peor
: el tema de partida no es muy original.
Lo más curioso: la serie sirve como excusa para conocer distintos lugares de Chile poco o nada conocidos.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre PRÓFUGOS

En 2011, Chile se incorporó a la lista de países en los que HBO había producido una serie original con personal, técnicos y recursos nacionales. Se trata de una práctica habitual en esa plataforma: no solamente se descongestiona Hollywood, sino que se ofrecen productos no muy caros, servidos en número suficiente para satisfacer el consumo de televisión. Además, de recurrir a cinematografías de segunda fila (países nórdicos, países del Este Europeo, países iberoamericanos) técnica y artísticamente preparadas, HBO evita tener que recurrir a productos baratos rodados en Corea, de mero relleno y muy escaso valor e interés (técnica seguida por Netflix para engordar su catálogo) y, lo que es más importante para la plataforma: estimula su captación de abonados en el país en concreto donde se filma la serie. Prófugos es una serie realizada íntegramente en Chile con el patronazgo, la supervisión y el marchamo HBO. El resultado es altamente positivo y recomendable.

El primer capítulo nos sitúa a los protagonistas: cuatro individuos que no tienen nada que ver entre sí (y con situaciones e intenciones bien diferentes en cada caso), son contratados por un clan mafioso dedicado al tráfico de drogas, para trasladar un cargamento de cocaína boliviana desde la frontera del norte de Chile hasta Iquique. Pero luego las órdenes cambian y el cargamento debe entregarse en Valparaíso, unos cientos de kilómetros más al sur. Al producirse el encuentro con los receptores, la policía actúa en el momento en el que se transfiere el dinero a través de Internet. Justo en ese momento, un grupo de francotiradores desconocidos disparan sobre el grupo sin distinguir entre policías y transportistas de droga ocasionando la muerte de seis policías y heridas a uno de los transportistas. Éstos, aprovechando la confusión, logran huir y, a partir de ahí, se convierten en los “prófugos” que dan título a la serie. Obligados a convivir por la fuerza de las circunstancias, van eludiendo la persecución policial a pesar de desconfiar cada vez más unos de otros.

El tema no es en absoluto original: lo verdaderamente original y meritorio es la calidad de los actores que participan en la serie, especialmente de los protagonistas (Benjamín Vicuña, Francisco Reyes, Luis Gnecco y Néstor Cantillana), los tomas realizadas en distintos lugares de Chile y que permiten conocer un poco mejor éste país (que en la segunda temporada nos llevarán a lugares tan diversos como la Isla de Pascua o el Parque Nacional de las Torres del Paine, casi en el extremo sur chileno) y, finalmente, un relato que consigue enganchar y que, en general, tiene un buen ritmo narrativo: pasan cosas, los protagonistas atraviesan situaciones a veces espectaculares, otras inesperadas, pero, en cualquier caso, los episodios discurren con velocidad.

Quizás el primer problema que encuentra la serie es que se extiende más de lo necesario. Una temporada estándar, de entre 8 y 10 capítulos, hubiera sido lo adecuado. Al extenderse más de lo permisible, el guión cae en algunas incoherencias y en reiteraciones. De todas formas, exceptuando este problema, la serie está brillantemente realizada y la empatía que transmiten los personajes nos hace olvidar el exceso de metraje. Luego existe otro problema: las referencias a período pinochetista son abusivas; parece como si hubiera terminado ayer… pero, en realidad concluyó hace casi treinta años. Seguir insistiendo en ese tema y realizar constantes referencias al mismo es quizás el recurso más triste de esta producción y que obliga a retorcer el guión y a introducir incoherencias. Al permanecer siempre con la mirada vuelta atrás, los guionistas han evitado dar una visión de Chile como país avanzado y han colocado a personajes que deberían tener en torno a los 70 años realizando acciones impropias de la tercera edad. Otra de las incoherencias del guión es la introducción de compradores de droga españoles… que no dudamos que realizan negocios en Iberoamérica, pero no en Chile.

La moraleja que puede extraerse de esta serie es que, a través de un viaje que nos lleva desde el desierto de Atacama hasta el extremo Sur de este país longuilíneo, todos son corruptos: el grupo de cuatro desconocidos que se convierten en prófugos, cada uno de ellos provisto de unas motivaciones diferentes, la misteriosa banda de francotiradores que les dispara, los policías y los magistrados que les persiguen, los funcionarios de prisiones…

Resumiendo: es una serie curiosa. Con un guión poco original, diálogos flojos, las cansinas incoherencias forzadas por la jaculatoria antipinochetista, y sin embargo el resultado es bueno. La serie se deja ver, engancha a un público predispuesto hacia el género negro y a los productos iberoamericanos de esa temática (de los que El Jardín de Bronce hoy y ayer Cromo, ambos argentinos, o la mexicana Sr. Ávila, constituyen los mejores ejemplos), tiene momentos brillantes por inesperados, nos muestra una perspectiva casi turística de Chile y, para colmo, está bien interpretada. ¿Qué más queremos en estos tiempos de mediocridad generalizada?