FICHA

Título original: Pustina
Título en España: Wasteland
Temporadas: 1 (8 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2016
Temática: Trailer
Subgénero: Drama.
Resumen: Una aldea está a punto de desaparecer por la compra que una empresa minera está realizando. La alcaldesa se opone a la desaparición del pueblo. Empiezan a suceder episodios inquietantes en la vida de esa pequeña comunidad rural que culminan con la desaparición de la hija de la alcaldesa. La investigación sobre su paradero se convierte en una excusa para pasar revista a las actividades ilícitas y a los distintos personajes atípicos que forman parte de la comunidad.
Protagonistas
: Zuzana Stivínová, Jaroslav Dusek, Eliska Krenková, Jan Cina, Eva Holubová, Petra Spalková, Martin Kubacák, Stepán Matejícka, Leos Noha, Stepán Benoni, Jirí Krejcí, Martin Sitta, Oldrich Vlach, Oskar Hes, Janek Gregor, Miroslav Vladyka.
Lo mejor: un guión muy elaborado.
Lo peor
: la serie no es uniforme. Afortunadamente va a de menos a más.
Lo más curioso: en checo, “Pustina” quiere decir páramo, erial o territorio yermo. Es el nombre del pueblo en el que discurre: “terreno yermo”.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre WASTELAND – PUSTINA

Se la ha comparado a Forbrydelsen, la serie danesa que triunfó entre 2007 y 2012. El elogio parece excesivo pero sitúa a Pustina (nombre originario de la serie en Chequia) o Wasterland (nombre con el que ha sido difundido por HBO). La serie está producida por HBO-Europa, fiel a su principio de estimular las cinematografías nacionales. Debemos reconocer que es la primera serie checa que vemos, a excepción de Burning Bush, y que puede situarse entre los thrillers más competitivos de los últimos años.

Pustina es una pequeña comunidad rural de no más de un centenar de habitantes, todos se conocen y allí los adiós y los amores son seculares. Un bar, el ayuntamiento, una guardería infantil, un reformatorio y la oficina de policía, son los foros en los que la población discute y se relaciona socialmente. La propietaria de la guardería es, al mismo tiempo, la alcaldesa del pueblo que se niega a ceder ante las presiones de una compañía minera que quiere abrir una mina de carbón bajo el casco urbano, lo que conlleva, inevitablemente, el traslado de la población. Mientras la alcaldesa piensa que se pueden mejorar las condiciones, buena parte del pueblo opina que hay que firmar el acuerdo lo antes posible. En este ambiente enrarecido empiezan a ocurrir incidentes: el burro utilizado en la guardería para que los niños jueguen, aparece muerto, luego desaparece la propia hija de la directora del centro y alcaldesa de la ciudad. No faltan sospechosos, en especial porque bajo la apariencia de una pequeña y tranquila comunidad rural, el tráfico de drogas y la criminalidad han hecho su aparición. Para colmo, en las inmediaciones del pueblo está instalado un reformatorio para delincuentes jóvenes que constituye una fuente de problemas. Así es Pustina-Wasterland y así la veremos a lo largo de los ocho episodios en los que avanza la investigación sobre la desaparición de la niña.

La serie es oscura, sórdida, sucia… y, sin embargo, adictiva, extremadamente detallista, sin que sea fácil encontrar un punto débil o algo que haya quedado fuera del control de la producción. Cuando se dice que “la importancia está en los detalles”, sin duda, se está refiriendo a series como ésta en la que nada es dejado al azar. No encontraremos actores y actrices lustrosos y guaperas, fenómenos mediáticos de la prensa para adolescentes o de jóvenes con explosión de hormonas, encontramos en cambio a gentes normales, habituales en las comunidades rurales, masacrados por la dureza de las condiciones de vida y la aspereza del clima. Paisajes agrestes, permanentemente cubiertos con nieblas, vehículos sucios y destartalados, desprendiendo óxido y embarrados, hogares humildes y rebosando mugre, jóvenes con aspecto inquietante, tatuados y agresivos, incontrolables, rebeldes hasta la náusea, golpeados por la sociedad y dispuestos a devolverle la misma agresividad que reciben, buenas gentes, discretas, modestas, trabajadoras que se levantan con el deseo de sobrevivir un día más en un ambiente depresivo e incierto… este universo familiar es lo que aparece descrito en Pustina-Wasterland con precisión obsesiva.

El trasfondo de la serie plantea la lucha entre quienes quieren seguir viviendo una existencia tradicional, la que siempre han conocido, y aquellos otros que quiere cobrar la indemnización que les ofrece la compañía minera Turkowa y cambiar de horizontes. Y luego están los personajes atrapados –los inquilinos del reformatorio- conscientes de que no van a aspirar ni a una cosa ni a otra. En este contexto, la desaparición de la pequeña se convierte casi en una excusa para mostrar este microcosmos que expresa, además las preocupaciones de la pequeña República Checa.

Los dos primeros episodios de la serie se proyectaron en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary (antigua Karlsbad) en 2016 y obtuvieron un gran reconocimiento por parte de la crítica que se revalidó en el festival de Toronto de 2016. Hay en la serie mucha inquietud por el futuro y la duda de si el “nuevo rumbo” (la República Checa se adhirió a la OTAN en 1999 y a la Unión Europea en 2004) va a dar al país progreso y prosperidad o va a ocurrir como con la pequeña Pustina, que se va a convertir en tierra devastada a causa de su riqueza natural y por la ambición de una gran empresa minera…

Es una serie que gustará a quienes aman el thriller de tonos grises y depresivos. La trama va in crescendo, así que vale la pena recordar que en el primer capítulo las cosas discurren algo lentas, pero, a medida que la serie progresa, parece como si se fuera acelerando. A la mitad del segundo capítulo, el espectador ya está definitivamente enganchado y, es posible, que si ha empezado a verla un fin de semana, agote las ocho entregas en un maratón irreprimible. Una buena serie, de las que hay que tener en cuenta, y reservar como “favoritas” (siempre y cuando no le importe ver una serie angustiosa y agobiante en la que experimentará en su propia piel la angustia de la protagonista).

Tanto la presentación como la música son muy personales y adaptadas a la temática de la serie porque están rebosando el detalle y la belleza de la mugre. Contribuye a hacerla más inquietante desde los primeros fotogramas.