FICHA

Título original: El Chema
Título en España: El Chema
Temporadas: 1 temporada (84 episodios)
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2016
Temática: Acción
Subgénero: Drogas.
Resumen: Kilométrica serie sobre la vida novelada de “El Chapo Guzmán”, el conocido narcotraficante mexicano en lo que parece ser un “culebrón de acción”, más que una biografía del personaje real.
Protagonistas
: Mauricio Ochmann, Rodrigo Abed, Roberto Alain, Rafael Amaya, Juan Ignacio Aranda, Gerardo Arturo, Carmen Aub, Omar Ayala, Carlos Balderrama, Sergio Basañez, Julio Bracho, Pablo Bracho, Ari Brickmn, Sebastian Caicedo, Bianca Calderón, Itatí Cantoral.
Lo mejor: el reconocimiento de que en México el narcotráfico constituye un grave problema.
Lo peor
: La figura del implacable narcotraficante no es la que mejor corresponde con el perfil de Maurio Ochmann que lo encarna.
Lo más curioso: es un spin-off de la serie El señor de los cielos en el que apareció la figura de “José María Venegas Mendívil”, alias “El Chema” ocasionalmente en la primera temporada, convirtiéndose en fijo de la segunda a la cuarta.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 6

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Lo mínimo que puede decirse sobre EL CHEMA

Netflix tiene en su catálogo tres series sobre Joaquín Guzmán Loera, más conocido como “El Chapo”. El narcotráfico, al parecer, necesita personajes mediáticos. Da la sensación que, después de la muerte de Pablo Escobar, el narcotráfico colombiano perdió “punch”: en efecto, con él cayó el capo carismático capaz de convertir su negocio en espectáculo. Ahora, con México en el ojo del huracán, es “El Chapo” el que ha acaparado el papel de “narco-espectáculo”. Chapo, el escape del siglo (2016) se limita a situarnos en la fuga que protagonizó realmente en personaje en 2001 escondido en un carro de lavandería. Había sido detenido en 1993 y El Chapo (2017), original de Netflix, narra la historia de su vida. Y luego, encontramos El Chema, cuya primera temporada se filmó en 2016 y 2017 y de la que ya se anuncia una segunda temporada, que refleja la vida de un personaje que sin ser el Chapo viene a todas luces a representarlo.

Resulta curioso constatar el interés que para Netflix tiene el narcotráfico: en su catálogo encontramos, igualmente cuatro productos relativos a la figura de Pablo Escobar: Narcos es, sin duda, el producto más depurado y el que mejor impresión dejó en la audiencia más exigente; Pablo Escobar, el patrón del mal, era un simple culebrón sobre el tema que alcanzó las 74 entregas, nada especial. Sin olvidar el documental Los Tiempos de Pablo Escobar (dos episodios) y la serie original de Netflix Surviving Pablo Escobar alias JJ (2017) que se estrenará el 1º de agosto. Netflix, por algún motivo (acaso por tener fuertes antenas en Iberoamérica) se interesa por el narcotráfico protagonizado por colombianos y mexicanos. La serie El Chema recientemente estrenada por esta plataforma es buena muestra de lo que decimos.

Ahora bien, no todas las series sobre narcos tienen la misma factura ni responden al mismo modelo. Comparar Narcos, con Pablo Escobar, el patrón del mal, es comparar el día y la noche, así mismo, tratar de situar en plano de igual a El Chapo con El Chema, parece casi un chiste. En realidad, desde las primeras tomas se adivina cuál va a ser el tono por el que discurrirá la kilométrica serie: acción por la acción, escenas de tiroteos, violencia, cárcel y huidas, tipos lanzados por los aires, violencia extrema y vínculos entre El Chema y el presidente de la República a través de una mujer… No queda mucho tiempo para la descripción de los personajes: éstos se describen a sí mismos por sus propias acciones. El resultado es una serie tópica, un culebrón en el que el protagonista es un tipo que recuerda, vagamente, a “El Chapo Guzmán”, último grito en cuestión de narcotráfico.

La serie tiene un gran hándicap de partida que se percibe a partir de las primeras escenas: la elección de Mauricio Ochmann para interpretar al despiadado protagonista.  El actor norteamericano es bien conocido en Iberoamérica, y entre los hispanoparlantes de los EEUU, por haber interpretado una veintena de culebrones. Su vinculación a la serie deriva de su participación en El señor de los cielos (2013-2015) de la que El Chema sería un spin-off. Aquella serie trataba sobre la figura de Amado Carrillo Fuentes, líder del Cártel de Juárez y conocido con el alias que da nombre a la serie. El sujeto falleció después de realizarse una operación de cirugía estética para cambiar su aspecto y los médicos que lo operaron fueron asesinados cuatro meses después. En la serie, Amado Carrillo pasaba a ser “Aurelio Casillas”. Pues bien, en la primera temporada aparecía ocasionalmente el personaje de “El Chema” que luego se convirtió en fijo en la segunda, tercera y cuarta temporadas. Interpretado ya por Mauricio Ochmann, “El Chema” es uno de los que disputan la poltrona de “capo de todos los capos”. De ahí que la serie El Chema haya sido calificada de spin-off de El señor de los cielos. Las dos series están calcadas, son tal para cual y no hay grandes diferencias: narcotráfico, fugas, coca, masacres, amoríos…

Ahora bien, todo esto puede ser más o menos interesante, o reunir todos los tópicos que recorren el culebrón y el narcotráfico, o fiel a los hechos que realmente sucedieron. Esta serie no es fiel en absoluto a la vida de “El Chapo Guzmán”, por mucho que algunos episodios estén inspirados en sus andanzas. En primer lugar cabe decir que “El Chapo” no se parece en nada, físicamente, a Mauricio Ochmann. Y lo que es peor: un actor o tiene aspecto de duro o bien debe esforzarse en parecerlo y Ochmann se esfuerza demasiado, pero el físico no le acompaña. Su silueta es la propia de un dramón romántico o de un hacendado ególatra, tan habituales en las telenovelas producidas en aquellas latitudes, en absoluto la de un narcotraficante. A partir de ahí, la serie pierde credibilidad y lo que vemos, por mucho que sean escenas de prisión, tiroteos espectaculares en persecuciones con vehículos, o fugas por túneles, resulta falso y mendaz.

No es pues una serie convincente en ningún aspecto. Además, tiene otro problema: su duración no es la habitual en las series de televisión, se trata de un culebrón de acción, nada más, realizado con todos los estándares del género. Ciertamente, el formato culebrón ha ido evolucionando y estamos lejos de aquellos primeros engendros que llegaron a España a mediados de los años 80 a caballo con las primeras emisiones de las televisiones privadas. La fotografía, el movimiento de la cámara, los escuadres, técnicamente son irreprochables y cuidados y demuestran que en México existe un número suficiente de profesionales de las distintas ramas de la cinematografía en condiciones de rodar series que no desmerezcan en nada a las que se realizan en Europa y EEUU.

Quizás lo que falle sea el formato culebrón: las series interminables pertenecen a un pasado que en Iberoamérica se niega a pasar. Hemos pasado de temporadas de 25 ó 30 episodios, a temporadas de 15 y, en la actualidad, se tiende a comprimirlas en 12, 10 o incluso 8 entregas. Hay un motivo: el público exige velocidad, ideas nuevas, la competencia es mucha, semanalmente, las plataformas en streamming y los canales de televisión lanzan nuevos productos: simplemente, no hay tiempo para ver 84 episodios de casi una hora de duración… Algunos productores iberoamericanos precisan manejar un destilador y depurar los culebrones extrayendo de ellos lo esencial y recudiéndolo a dimensiones propias del siglo XXI. Tal es la conclusión más importante que podemos extraer después de ver los primeros capítulos de El Chema.