FICHA

Título original: John from Cincinnati
Título en España: John from Cincinnati
Temporadas: 1 temporada (10 episodios)
Duración episodio: 55 minutos.
Año: 2007
Temática: Drama.
Subgénero: Surf parapsicológico.
Resumen: Tres generaciones de surferos constituyen una familia disfuncional y extraña cuya vida gira sólo en torno a las olas. La aparición de un extraño personaje, un discapacitado mental, altera la vida de todo el conjunto.
Protagonistas: Rebecca De Mornay, Luke Perry, Bruce Greenwood, Willie Garson, Luis Guzmán, Keala Kennelly, Ed O’Neill, Brian Van Holt, Matt Winston, Emily Rose, Austin Nichols, Greyson Fletcher, Jim Beaver, Garret Dillahunt, Dayton Callie, Paul Ben Victor, Keala Kennelly.
Lo mejor: las tomas de surf verdaderamente fantásticas
Lo peor
: la interpolación de ideas místicas que contribuyen a oscurecer la trama.
Lo más curioso: Las escenas de surf fueron filmadas por los más conocidos profesionales de este sector: brock Little, Keala Kennelly, Dan Malloy, John-John Florencia, Shane Beschen y Herbie Fletcher
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre JOHN FROM CINCINNATI

Hay serie extrañas en las que no está claro, a fin de cuentas, qué es lo que se nos quiere transmitir. Realizar cábalas sobre el mensaje implícito e incluso si existe o no, es ocioso. El mundo de las series tiene poco que ver con el cine de arte y ensayo: lo que se ve, entretiene o no entretiene, pero lo que no puede esperarse es que el espectador emprenda una búsqueda del tesoro, indague y se retuerza las neuronas intentando pensar qué es lo que ha pasado por las cabezas de los guionistas. Éste es el máximo reproche que puede formularse a una serie como John from Cincinnati: parece ser una parábola comprensible sólo para surfistas de altura.

Se dice que los surfistas, al cabalgar sobre las olas, tienen subidones de adrenalina que les generan visiones beatíficas e introducen en su médula ideas místicas. De hecho, el surf y la new-age cabalgan, hasta cierto punto, sino juntos, sí al menos a poca distancia. Esto es lo que parece justificar el hecho de que en la serie abunden levitaciones, figuras como la del protagonista que da nombre a la serie que sugieren la “mónada divina” (atención al acento que marca la diferencia y determina que se esté aludiendo a la “unidad de Dios” y no a una chati de buen ver), proyecciones astrales, el llamado “lenguaje de los pájaros” y otros temas propios presentes en las místicas de la modernidad. Para el que no practica surf y desconoce los procesos químicos que se producen en las neuronas de quienes tienen bajo sus pies una simple tabla y sobre sus cabezas planea el velo de la ola, todo esto resulta demasiado complicado como para poder interpretarlo en su justa medida.

John from Cincinnati es una serie elaborada especialmente para los adictos al surf. Luego, a distancia, la puede apreciar todo aquel que sepa emocionarse y reconocer el mérito que tiene el cabalgar sobre olas impresionantes. Hay, ciertamente, mucha belleza y más estética en este deporte y estos elementos figuran entre lo más atractivo de la serie y que, en sí mismo, justifica verla.

Sobre el argumento y la trama habría algo más que decir. Nos presenta a tres generaciones de surferos pertenecientes a la misma familia. El matrimonio formado por “Mitch Yost” y “Cissy Yost” (respectivamente Bruce Greenwood y Rebecca De Mornay), no tiene nada de convencional. Regentan una tienda de objetos de surf, ella es dominante, a ratos iracunda, de joven tomaba LSD a espuertas, mientras que su marido es de los que creen que el surf es un estilo de vida y que quienes lo practican forman parte de una élite de superhombres. La pareja que va hacia la tercera edad (que lejos están los tiempos en los que la mano de la De Mornay “mecía la cuna”) tiene un hijo madurito, “Butchi” (Brian Van Holt), obviamente surfero y enganchado a la heroína, con menos iniciativa que un palo de corchopán, el cual, a su vez, tiene un hijo, “Shaun” (Greyson Fletcher) que se está introduciendo en el surf y empieza a estar en condiciones de competir. La familia tiene sus altibajos, está desestructurada en todas las direcciones, pero el surf –siempre el surf- les mantiene próximos. En esto que, bruscamente, llega “John”, un discapacitado mental, alelado, yo diría que con los mismos rasgos que aquellos hippies cuyo cerebro implosionó después de sobredosis de LSD, capacidad para realizar proyecciones astrales. Es la ingenuidad personificada, la candidez propia de un estado edénico primordial. Acaso por eso se apellida “Monad” (en alusión a la “mónada” pitagórica o esencia unitario de lo divino). Un amigo de los “Yost” suele cuidar del más joven de la familia, “Shaun”. Se trata de “Bill Jacks” (Ed O’Neill antes de ser abducido por Modern Family), ornitólogo que suele hablar con los pájaros, mucho más que con los humanos. Finalmente, completa lo esencial de la trama un cazatalentos surferos, “Linc Stark” (Luke Perry, que sigue prácticamente igual que cuando protagonizaba Sensación de vivir hará más de 20 años).

Con todos estos personajes y algunos más, se arma una serie, técnicamente bien realizada, con algunas escenas que rozan la excelencia y un guión confuso, pero adictivo que induce al espectador a plantearse constantemente hacía dónde quieren llevarle y qué tratan de decirle. Estas partes no están del todo claras en la trama. La serie fue producida por HBO justo cuando concluyó Los Soprano, de tal manera que se llegó a decir que es la que iba a sustituir como buque insignia de la marca. Luego resultó que, aun contando con una buena audiencia inicial (casi 12.000.000 de espectadores en EEUU) empezó a caer por el precipicio de la indiferencia del público, quedándose en apenas 3.000.000, lo que era, manifiestamente insuficiente para cubrir las expectativas que se había forjado la productora. Parece evidente que las incoherencias del guión disfrazadas de “morcillas parapsicológicas”, lo deslavazado de todos los personajes, lo nebuloso del mensaje y la sobredosis de escenas de surf, llevaron a esa merma de espectadores.

La serie fracasó, pero ello no implica que no merezca verse o que no valga la pena darse una vuelta por los primeros episodios, si lo que quiere verse son escenas impresionantes de surf, a Rebecca de Mornay cuando tenía 49 años, a Luck Perry (y su pacto con el Diablo) o a Bruce Greenwood que dos años después se convirtió en el “Capitán Christopher Pike” de Star Trek (2009) y más tarde en Mad Men o en American Crime Story. Claro está que si practica el surf la serie tendrá para usted un valor añadido e incluso es posible que sepa encontrarle algún  mérito suplementario que a nosotros se nos ha escapado.