FICHA

Título original: The Lizzie Borden Chronicles
Título en España: The Lizzie Borden Chronicles
Temporadas: 1 temporada (8 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2015
Temática: Drama.
Subgénero: Asesinatos.
Resumen: Después de ser absuelta por el asesinato de sus padres, Lizzie Borden y su hermana intentan iniciar una nueva vida en medio de la hostilidad y el desprecio de sus nuevos vecinos. Pronto, Lizzie empieza a resolver todos los problemas que se le plantean recurriendo al asesinato mientras es perseguida y vigilada por uno de los agentes de la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton.
Protagonistas: Christina Ricci, Clea DuVall, Cole Hauser, Bradley Stryker, Dylan Taylor, Jeff Wincott, Olivia Llewellyn, John Ralston, Jessy Schram, Gabrielle Trudel, Jonathan Banks, Frank Chiesurin.
Lo mejor: Ver a Christina Ricci siempre inquietante.
Lo peor
: Excesiva gratuitad (incluso para un psicópata) en los crímenes que comete la protagonista.
Lo más curioso: El personaje de Lizzier Borden realmente existió y pertenece al folklore norteamericano
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE LIZZIE BORDEN CHRONICLES

Hoy se ha convertido en habitual anunciar de partida que un producto es una “miniserie”; luego, si tiene éxito, asciende al emporio de las “series”, con una segunda, tercera o cuarta temporada. No siempre ocurre así: series extraordinarias, incluso de los años 80, como Reilly, as de espías, han tenido una única temporada. Hoy, sin embargo, es habitual utilizar este subterfugio ante la duda de cómo va a reaccionar el público, y constituye, en cualquier caso, una salida airosa. Es lo que ha ocurrido con The Lizzie Borden Chronicles, planteada, inicialmente como miniserie pero cuyos creadores, en la intimidad, reconocían que podía extenderse más allá de los ocho capítulos que la componen.

Lo bueno del personaje de “Lizzie Borden” es que existió y gozó de gran popularidad en los tiempos de la guerra hispano-norteamericana. En efecto, en 1898, los niños norteamericanos cantanaban: “Lizzie Borden tomó un hacha | y le dio 40 hachazos a su madre | y cuando vio lo que había hecho | le dio 41 hachazos a su padre”. Todo ocurrió en agosto de 1898, justo cuando acabó el conflicto que había durado tres meses y diecisiete días. Durante este tiempo, no sólo habíamos perdido a la escuadra en Cavite y Santiago de Cuba, habíamos liquidado los restos del Imperio y vendido lo que nos quedaba en el Pacífico, sino que en el territorio metropolitano norteamericano Lizzie Borden había atraído la atención del público con su detestable crimen. Al parecer, a las hermanas Borden no les gusto que su padres se casara de nuevo tras la muerte de su madre. En realidad, Lizzie no asesto 40 y 41 hachazos a madrastra y padre, sino apenas 21 y 11 respectivamente. La chica era buena actriz, así que en el curso del juicio, logró conmover al jurado y recibir la absolución, pero la sociedad la condenó y prácticamente nunca más volvieron a tener relaciones sociales pasando a ser un personaje del folklore popular, habitual en Halloween. Incluso se ha comercializado una muñeca con su nombre.

La serie (o miniserie) The Lizzie Borden Chrinicles arranca tras la absolución de la protagonista. Junto a su hermana, deciden emprender una nueva vida, ante la hostilidad de sus vecinos,  el miedo de otros. Un agente de la famosa agencia de detectives Pinkerton llega a Fall Rivers, contratado por la hermana de Lizzie para tratar de demostrar su inocencia. A poco de iniciar las investigaciones se da cuenta de que las pruebas contra ella son abrumadoras y que está implicada en otros asesinatos y desapariciones. A partir de este planteamiento extremadamente simple, empiezan a producirse una serie de crímenes en cadena, todos ellos protagonizados por Lizzie que, por si no fuera poco, subcontrata a una banda de delincuentes para que se deshaga de algunos cadáveres o, simplemente, asesine por encargo. Resulta difícil contar las víctimas causadas por Lizzie.

La seria se convierte desde el principio en un permanente baño de sangre. No puede decirse que el perfil de la protagonista, encarnado por Christina Ricci, haya estado muy trabajado. De hecho, es un perfil prácticamente plano: simplemente, asesina, porque lo lleva en la sangre e, incluso, parece que le gusta y nada más. Su hermana (Clea DuVall), tampoco va mucho más allá. Y es una pena porque en ambos casos se trata de dos actrices consagradas y particularmente brillantes en su trabajo. La primera se reveló como futura estrella a partir de su primera aparición cuando apenas tenía once años en La familia Addams (1991) y llegó a la cima de su carrera con Sleepy Hollow (1999), multiplicando luego sus intervenciones en televisión. DuVall, por su parte, es una habitual de las series y debemos recordar su participación en Carnivàle o en series tan diferentes como Better Call Saul o American Horror Story (2012). Así pues, las dos principales protagonistas, tienen una amplia experiencia y un buen hacer que en esta ocasión está muy por debajo de sus posibilidades. Hay que atribuir la responsabilidad de este efecto a un guión flojo y mal planteado y a una realización que contiene errores imperdonables del que la selección de la banda sonora es, sin duda, uno de los más garrafales: como hemos visto en otras series (Las chicas del cable) en un intento desesperado de atraer audiencia juvenil, cometen la ligereza de colocar unos temas musicales que creen pueden sonar familiares a ese grupo social, por mucho que supongan una patada en el estómago a la época en la que se desarrolla la trama, una incoherencia más y, en definitiva, el error propio de un algoritmo equivocado.

La serie por lo demás, está realizada con tonos sombríos, tiene algo de gótica, un lejano parecido con Penny Dreadful (en realidad, mientras florecías los clásicos del terror victoriano en las Islas Británicas, simultáneamente, Lizzie la emprendía a hachazos con papá y mamá). En realidad, la serie es un híbrido entre esa época y la propia de asesinos en serie más recientes: tiene algo de Hannibal y otro poco de Bates Motel, aunque, en el fondo retrotaiga al protagonista de American Psico (2000) al gozne entre el siglo XIX y el XX y lo travista de jovencita siniestra.

No es una gran serie, pero llama la atención e incluso si uno está dispuesto a ver efusión de sangre, muertos a go-go, y sigue las actuaciones de la Ricci o la DuVall, casi está obligado a verla. Debe tener en cuenta –y no es spoiler advertirlo- que cualquier personaje nuevo que pueda aparecer es un futuro cadáver. Lo interesante no es conferirle el carácter de víctima sino intuir el momento en el que va a caer…