FICHA

Título original: Señor Ávila
Título en España: Señor Ávila
Temporadas: 3 temporadas (33 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2013-2016
Temática: Crímenes.
Subgénero: Drama.
Resumen: Un vendedor de seguros es, al mismo tiempo, un asesino a sueldo y, a fuerza de demostrar eficacia en este cometido, logra alcanzar la jefatura de la organización criminal a la que sirve; ésta utiliza una funeraria como tapadera.
Protagonistas: Tony Dalton, Nailea Norvind, Carlos Aragón, Adrián Alonso, Jorge Caballero, Camila Selser, Fernando Becerril, Francisco de la Reguera.
Lo mejor: Es una serie sencilla en la que la historia fluye con facilidad por sí misma.
Lo peor
: La serie terminó en el aire, dejando muchos cabos sueltos.
Lo más curioso: A la vista del número de nostálgicos de la serie en 2015 se filmó un largometraje que daba fin a las ocho temporadas televisivas y que, en general, fue bien acogido.
¿Cómo verlo?: En HBO. Ha sido emitida por La Sexta (sólo las dos primeras temporadas) y por Canal+. Puede comprarse en DVD

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre SEÑOR ÁVILA

Basta ver los trailers de cada una de las temporadas para darse cuenta de que Sr. Ávila no es una serie vulgar, sino extremadamente cuidada y efectista. La imagen del asesino a sueldo que recibe órdenes y ejecuta implacablemente, genera el atractivo de lo prohibido y lo monstruoso. Es el anti-héroe por excelencia con el que tantas veces el público se ha identificado y que genera empatía. Ahí está Dexter en la excelencia, seguido a distancia por las precuelas de Hannibal y de Bates Motel. Así pues, a nadie le extrañará que el “héroe” de esta serie sea un “Señor Ávila”, vendedor de seguros peleón por las mañanas y sicario a tiempo parcial.

La serie está producida en México con el aval de HBO y una envoltura lujosa. No quedan rastros del culebrón propio de aquellas latitudes, sino que es un ejemplo de serie de concepción sencilla, lineal, provista de buen ritmo narrativo, excelente fotografía, frases lapidarias a lo largo de la serie y al terminar cada episodio, un muy buen trabajo de los actores e interés creciente a lo largo de los episodios. No es una serie perfecta –la perfección solamente corresponde al dios de las series y, éste, por el momento, sigue siendo norteamericano, si bien van apareciendo diosecillos locales ascendentes en zonas tan alejadas del planeta como los países nórdicos o Iberoamérica. En los últimos años hemos visto series tan notables como Cromo con acento argentino, la distopía brasileña 3% o la también mexicana Club de Cuervos, sin olvidar algún producto español que sobresale en medio de la mediocridad general (Crematorio), así que puede decirse que las series en castellano son competitivas, técnicamente no pueden envidiar nada a las de otras latitudes y, de tanto en tanto, nos sorprenden con algunas obras maestras. Está, por ejemplo, está próxima a serlo.

Solamente algunos errores de guionización que casi pasan desapercibidos para el público y los consiguientes cabos sueltos que quedan al final del último episodio de la tercera temporada (cuando parece que no va a filmarse una cuarta), figuran en el pasivo de Señor Ávila.

El “Señor Ávila” es Tony Dalton, inexpresivo, frío como el acero, con la dureza del pedernal, amantísimo marido, padre firme (e incluso a ratos, terrorífico), vendedor agresivo y, al salir de su cubículo en una compañía de seguros, sicario con fama creciente que le llevará, incluso, a lo más alto de la organización criminal a la que pertenece. Ésta tiene su cobertura en una funeraria (la evocación aquí de A dos metros bajo tierra resulta inevitable e incluso podría decirse que está inspirado en ella): los sicarios reciben sus instrucciones en el interior de un nicho, a veces los cadáveres se hacen desaparecer en el crematorio de la empresa y es allí en donde se contratan los trabajos y se concluyen los contratos para liquidar a las víctimas. Todo, eso sí, en un ambiente de recogimiento, gravedad y sobriedad.

Pronto aparece el asesino que se está quedando ciego y que comete un error en el curso de una ejecución que debía ser “por suicidio” y que, finalmente termina siendo a silletazo limpio. Luego vemos a la figura del joven cuyo padrastro es un agresor doméstico que se ensaña con su madre y al que matará a golpes de bate de beisbol, para pedir trabajo en la funeraria como aprendiz de sicario. Llama la atención el que sea en un bar anodino en donde los sicarios reciben el número de nicho en el que se encuentran las instrucciones para su próximo crimen. La frialdad de algunos asesinatos es el pan de cada día en esta serie, cada uno de cuyos capítulos termina con una frase lapidaria. Una serie de secundarios (el camarero del bar, el segundo de abordo en la funeraria, la esposa del “Señor Ávila”) van ganando protagonismo y llamando la atención por su buen hacer y por lo perfilado de sus guiones.

El protagonista es Tony Dalton, un actor norteamericano, natural de esa zona difusa de los EEUU en donde se está más cerca de México que de Manhattan, Laredo. Dalton es poco conocido en España, a pesar de que lo hemos visto en algunas series (Los simuladores, 2008, versión mexicana de la seria homónima española de 2006 y en donde era el enigmático “Mario Santos”; Capadocia, 2008-2012; o 13 Miedos, 2007). Es un actor que se adapta perfectamente a los papeles que interpreta y que, incluso, físicamente tiene cierto parecido con Michael C. Hall (protagonista de Dexter y de A dos metros bajo tierra). En México es bien conocido también por su participación en culebrones.

Se trata de una serie que puede recomendarse y verse con agradecimiento al equipo que la ha hecho posible, a condición, por supuesto, de no sorprenderse por el hecho de empatizar con un anti-héroe. A diferencia de Club de Cuervos que, fue criticada en España, por utilizar un lenguaje argótico que hacía casi irreconocible la lengua castellana empleada, en esta podemos disfrutar del mejor castellano con otro acento. La ofrece HBO.