FICHA

Título original: Mildred Pierce
Título en España: Mildred Pierce
Temporadas: 1 temporada (5 episodios)
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2011
Temática: Melodrama.
Subgénero: Miniserie
Resumen: Una madre divorciada que, inicialmente, atraviesa graves dificultades económicas para sacar adelante a sus dos hijas, poco a poco, mediante el trabajo y la dedicación, va reconstruyendo su vida, sin que desaparezcan las dificultades de convivencia con su hija mayor.
Protagonistas: Kate Winslet, Evan Rachel Wood, Guy Pearce, Melissa Leo, Hope Davis, Brian F. O’Byrne, Mare Winningham, James LeGros, Daniel London, Morgan Turner.
Lo mejor: Kate Winslet en su papel de madre abnegada y trabajadora.
Lo peor
: Es un tipo de melodrama a la antigua, previsible en muchos aspectos.
Lo más curioso: Se basó en la la película Alma en suplicio (1945) dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Joan Crawford, guionizada sobre una novela de James M. Cain.
¿Cómo verlo?: En HBO. Puede comprarse en DVD

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre MILDRED PIERCE

Los amantes del cine recordarán –o habrán leído algo- la película Mildred Pierce, estrenada en España con el peripatético título de Alma en suplicio (1945), dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por una rutilante Joan Crawford, en su mejor momento. La cinta le valió un Oscar a su protagonista y, previamente, la novela, escrita en 1941 por James M. Cain, fue un bestseller durante, prácticamente, todo el período de la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, esta miniserie de HBO es un remake de aquella película. Si era necesario o no es una cuestión que ahora no interesa. Sobre si la adaptación es fiel al espíritu de la novela, en cambio, es algo que podemos contestar afirmativamente. Kate Winsley no es, desde luego, Joan Crawford, pero tampoco estamos en la época dorada de las grandes estrellas de Hollywood. En nuestra opinión, a este remake lo que se le puede achacar es que haya sido excesivamente fiel a la versión original, incluso en la ambientación. La misma trama, con unos personajes de rasgos actualizados, trasladada de la sociedad norteamericana de principios de los años 30, cuando los efectos de la crisis económica de 1929, estaban todavía a flor de piel, a aquella misma sociedad, ochenta años después, bajo los efectos de la crisis de 2007, hubiera sido un acierto. En lugar de eso, se ha optado por una copia, más o menos fiel, de la cinta originaria.

Es indudable que la Winsley hace un papel magistral y constituye uno de los puntales más sólidos de esta serie. La ambientación, por otra parte, es irreprochable y los años 30 son reproducidos ante la cámara con una fidelidad casi obsesiva. Es evidente que los promotores de la cinta han querido reproducir los esquemas de la época dorada de Hollywood.

La película arranca con un hogar de clase media: padre, madre y dos hijas. El padre ha participado en una empresa de promociones inmobiliarias (caracterizada por la poca calidad de sus construcciones) que se ha visto afectada por la crisis del 29. La esposa y protagonista de la miniserie, “Mildred Pierce” (Kate Wilnsley), para obtener unos dólares suplementarios, se dedica a cocinar pasteles en casa. Tras una pelea, la pareja se separa y ella se queda con las dos hijas, la mayor, es una adolescente problemática que no reconoce en ningún momento, los esfuerzos que, a partir de ese momento, realiza su madre para salir adelante. “Wally”, el ex socio del marido, amante ocasional de la divorciada, se convierte en su socio en el proyecto de abrir un restaurante en el que sirvan pollo cocinado de distintas maneras. La aparición en escena de “Monty Beragon” (Guy Pierce) termina de complicar la situación y crear todos los elementos para que la trama fluya en dos direcciones: los esfuerzos de la protagonista por salir adelante y las relaciones con su conflictiva hija.

Algunos elementos que apenas aparecían esquematizados en la película de 1945, recuperan en esta miniserie la profundidad  que les concedió el autor de la novela. La serie arranca con cierta lentitud y durante los tres primeros capítulos, el espectador no es consciente de cómo se va a desarrollar la segunda parte de la miniserie. De hecho, lo que vemos en los primeros 150 minutos no deja de ser un melodrama, previsible en el que reconocemos los rasgos típicos de un relato americano de “mujer hecha a sí mismo”. Es en la segunda parte, en donde la trama adquiere giros inesperados (que han sido atenuados en la miniserie y resultan de un dramatismo apabullante en la película de Curtiz).

Ahora bien… esta serie tiene un problema: ha sido producida en este milenio, pero el guión y la película original fueron concebidas en el anterior. La historia de unas relaciones tormentosas entre madre e hija que entonces, en los años 30, era una novedad, ahora ya no lo son. Incluso el formato melodrama es algo que hace tiempo ha sido abandonado en miniseries televisivas y encarrilado en la vía muerta de las tv-movies emitidas en las tardes de los fines de semana, realizadas a troquel y que reproducen siempre un modelo arquetípico: mujer honesta, se ve rodeada de lobos y lobas que le impiden alcanzar la felicidad, aún así ella, golpeada una y otra vez por la vida, se mantiene en pie y sale adelante… Si de lo que se trataba era de realizar un remake de la película, hubiera sido de agradecer, actualizar la trama en muchos aspectos: ser, en definitiva, algo imaginativos, en lugar de realizar un mero cambio de la Crawfort por la Winsley.

Este es el mayor problema de esta serie que, por lo demás, tiene algunos momentos irregulares en donde la calidad y el interés bajan, en medio de instantes épicos en un momento, previsibles en otro, pronto nos identificamos con la protagonista (prácticamente desde las primeras escenas), vivimos la situación de la sociedad norteamericana y de sus clases medias durante la Gran Depresión, con una muy buena ambientación musical, interpretaciones notables (incluso de la diabólica hija de “Mildred”, “Veda”-Evan Rachel Wood). Buena serie, de indudable calidad, pero que no deja de ser una copia de un película que pertenece a la época clásica del cine, sin ningún tipo de actualización, ni de revisión. Vale la pena verla, si tenemos en cuenta este pequeño problema que, por lo demás, aparece inmediatamente al final de la primera entrega.