FICHA

Título original: The Knick
Título en España: The Knick
Temporadas: 2 temporadas (20 episodios)
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2014-2015
Temática: Drama.
Subgénero: Médicos.
Resumen: En un hospital de Nueva York, a principios del siglo XX, un cirujano toxicómano y su equipo experimentan nuevas técnicas quirúrgicas obteniendo resultados todavía pobres y soportando altísimas tasas de mortalidad.
Protagonistas: Clive Owen, Andre Holland, Eve Hewson, Juliet Rylance, Jeremy Bobb, Michael Angarano, Cara Seymour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Grainger Hines, Zuzanna Szadkowski, Sean Harris, Matt Frewer, Maya Kazan, Ylfa Edelstein, Leon Addison Brown, Charles Aitken, Tom Lipinski, Lucas Papaelias, Frank Wood, Happy Anderson, Perry Yung, Jennifer Ferrin, Ying Ying Li, Suzanne Savoy, Richard James Porter, Blanca Camacho, David Fierro, Rachel Korine, Michael Nathanson, Molly Price, Michael Berresse, LaTonya Borsay, Reg Rogers, Johanna Day, Arielle Goldman, Annabelle Attanasio, Erin Wilhelmi, James Zeiss, Zaraah Abrahams, Danny Hoch, Collin Meath, Colman Domingo, Brian Kerwin.
Lo mejor: Muestra un cuadro muy realista de la medicina en los albores del siglo XX.
Lo peor
: Excesiva recreación en la sangre, las heridas y los aspectos más truculentos de la cirugía.
Lo más curioso: Clive Owens solamente se comprometió a dos temporadas, terminadas las cuales la serie se canceló.
¿Cómo verlo?: Se emite en HBO y está a la venta en DVD.

Puntuación: 7,5

PROMO (en inglés)

CABECERA – 1

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE KNICK

Una serie de médicos no parece nada original a estas alturas. Una serie en la que el protagonista se inyecte cocaína remite directamente al “doctor House” zampándose paletadas de “Vicodín”, así que tampoco parece nada muy original. Una serie de médicos situada en 1900, parece algo más original. Asistir a los primeros pasos de la cirugía tal como se entiende en la actualidad (hasta finales del siglo XIX, cuando las “operaciones” de cirugía se realizaban en barberías… en EEUU y en España) resulta muy original. Ver como hace más de un siglo empezaban a detectarse en la sanidad norteamericana los problemas que hoy se han convertido en endémicos (apenas hay sanidad para pobres), además de ser original, parece ser una crítica socio-política. Ver una serie televisiva de Steve Soderbergh es casi una novedad (con permiso de Gossip Girl) y, por tanto, un lujo, como la actuación de Clive Owens. Así pues, la serie The Knick tiene suficientes elementos como para justificar su visionado.

La serie nos muestra a una serie de personajes de todos los estratos sociales, vinculados al Knickerbocker Hospital. El protagonista es un cirujano ambicioso e innovador que intenta abrir nuevos caminos a esta especialidad “arrancándola de las barberías” (como dice el protagonista). El porcentaje de fracasos es altísimo. Apenas cuentan con utillaje y hay que desbrozar todo el camino. Sin embargo, es una época –inmediatamente después de la guerra hispano-norteamericana- en la que la idea de “progreso” se ha apoderado de la sociedad norteamericana: Edison realiza tournés presentando sus inventos (en la serie, él mismo muestra su primer magnetófono con discos de cera en la alta sociedad neoyorkina y uno de sus ayudantes, acompañado por una estarlet de la época, hace otro tanto con el primer aparato de Rayos X, cuando la luz eléctrica hace poco que se ha instalado en el centro médico) y en los hospitales, una nueva generación de médicos intenta resolver las enfermedades apelando a nuevas técnicas de cirugía. A pesar de que en el neolítico ya se practicaban operaciones (e incluso trepanaciones), la cirugía del novecientos parte prácticamente de cero. El alto porcentaje de fracasos hace que algunos médicos terminen derrumbándose (así empieza la serie). Pero el espíritu científico, unido al ego y a la ambición, están presentes en otros, como el protagonista, que soportar la tensión y las muertes sobre la mesa de operaciones inyectándose cocaína entre los dedos de los pies.

La serie tiene distintas líneas argumentales: por un lado, los trabajos del “doctor Thackery” (Clive Owens), sus investigaciones, sus fracasos, sus éxitos, su carácter, sus relaciones sociales, su toxicomanía, las relaciones con sus subordinados; por otro, nos muestra a la alta sociedad conservadora neoyorkina de la época; otra nos sitúa en los barrios negros que recorremos de la mano de la otra columna de la serie, el “doctor Algernon Ewards”, médico de color formado en París y que, al volver, trata de ofrecer cuidados médicos a la gente de color y, de paso, avanzar en la investigación sobre determinadas técnicas quirúrgicas, sufriendo la hostilidad y el racismo de buena parte de la sociedad y de la casi totalidad de sus colegas de profesión. Finalmente, la serie nos muestra a bribones y delincuentes, monjas abortistas y traficantes de cadáveres, tahúres y administradores desaprensivos. De la combinación de todos estos elementos sale una serie inesperada, de alto presupuesto y un lujoso diseño de producción que se muestra ampliamente seductora y original.

Ahora bien, no es una serie para almas sensibles, sino para espectadores con la frialdad del témpano. Lo que verán en algunas escenas –en muchas, en nuestra opinión en demasiadas- es una efusión de sangre y vísceras, provocativa, innecesaria y multirreincidente. Si lo que trataba Soderbergh era de acentuar los rasgos de falta de higiene, oscuridad, sordidez e, incluso, frialdad de los cirujanos de la época, lo ha conseguido ampliamente. Harina de otro costal es que fuera necesario llegar a los extremos que lo hace.

Hay algunos elementos que parecen excesivamente tópicos y personajes que no pasan de ser arquetipos (algunos delincuentes y personajes de la alta sociedad), en algunos casos excesivamente maniqueos (el médico negro nunca se equivoca, los médicos racistas siempre se equivocan), pero la serie en su conjunto tiene un excelente ritmo narrativo, no se hace pesado, algunos giros resultan tan inesperados como sorprendentes y nos sitúa con un rigor casi detallista en una época concreta. Todos los actores se muestran convincentes, la fotografía brillante y efectista, la ambientación rigurosa (se estudiaron exhaustivamente archivos médicos de la época para reproducir instrumental, técnicas y entornos clínicos con precisión extrema), así pues, podemos estar seguros de que se trata de una producción de alta calidad que gustará… salvo a los que se marean con la sangre o no pueden soportar ver cómo se hurga en las entrañas de un ser vivo como quien trata de encontrar un filtro del carburador que ignora dónde está bajo el capó…

Dejando aparte las calidades técnicas de la serie, viéndola tendremos ocasión de aprender algo de historia y regocijarnos con haber nacido en España y bajo el sistema de la seguridad social. Solo un par de décadas antes de 1900, la cirugía estaba en pañales, uno se podía morir con sólo pisar un quirófano (por septicemia, por fiebre puerperal que garantizaba altísimas tasas de mortalidad infantil) o por el susto que producía ver a un tipo con bata blanca avanzar sobre ti con sierra de podar y sin haberte dado más anestésico de un trago de brandy El Brigadier. Como decía el boticario de La Verbena de la Paloma: “Hoy las ciencias adelantas que es una barbaridad”. El “doctor Thackery recuerda que de 1860 a 1900, la esperanza de vida en Estados Unidos hacia pasado de 34 a 47 años… Hoy hemos ganado otros 30 años a la muerte.